Próximo jueves 30 de marzo, evento de #AprendiendoDeLosMejores en Lleida con ESADE Alumni   |   Información e inscripciones en el siguiente link

martes, 21 de marzo de 2017

Tú eres muchas personas

Resultado de imagen de endurance shackletonTanto si trabajas como freelance, si eres empleado en una empresa o directivo liderando gente, para avanzar y llegar lejos necesitas gente que te apoye y ayude. No es suficiente tu talento, ni tu capacidad de trabajo, necesitas la palanca de otros para impulsar tu carrera. Si no haces equipo, tus posibilidades de lograr algo grande son escasas.

He tenido la oportunidad de conversar con numerosos directivos y empresarios, y uno saca algunas conclusiones. Una de las más importantes es que detrás de cualquier logro destacable lo que hay son equipos. Sin embargo, conseguir armar equipos de alto rendimiento no es sencillo. Apuntamos diez aspectos a tener en cuenta:

1. La lealtad es el primer requisito para crear un equipo.
A partir de ahí se puede construir algo grande. Si las suspicacias y las sospechas planean por la empresa, es difícil que ésta tenga futuro. El coste de la desconfianza en los negocios es altísimo. A la hora de formar un equipo hay que prestar atención a las competencias técnicas pero también a los valores. Obviar lo segundo pasa factura. El chef Sergi Arola me comentaba: «La principal cualidad que le pido a mi equipo y que me exijo a mí mismo es la lealtad, que es una conditio sine qua non para formar un equipo y que lleva consigo ciertas cosas como la capacidad de sacrificio. Hay temas que me importan menos como los conocimientos, porque con ganas y con lealtad acabas construyendo un equipo que al final es lo importante».  

2. La complementariedad es la base del éxito colectivo.
Si tenemos dos personas iguales en realidad es como si sólo tuviésemos una. Todas tenemos carencias que deben ser contrarrestadas con las fortalezas de otros miembros de la organización. La complementariedad nos hace llegar más lejos. El escritor Antonio Machado afirmaba «busca a tu complementario que marcha siempre contigo y suele ser contrario». Un equipo necesita gente que ataque y meta goles y que defienda y eviten los tantos ajenos. Cada tarea es relevante, otro cosa es que unos puestos tengan más visibilidad o glamour. Hay gente que hace una labor callada y discreta pero enormemente eficaz [ver post Todos mis hermanos].

3. La generosidad y la humildad son facilitadores del éxito.
Hay personas que prefieren un éxito pequeño pero propio a un éxito grande pero colectivo. Eso es un gran error. La generosidad implica poner las capacidades al servicio del equipo aunque la contribución personal pase más desapercibida. Es esencial ser humilde para asumir que cada persona tiene su rol en la organización, unos con más visibilidad que otros. El que fuese presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman (1884–1972), decía: «Es impresionante lo mucho que puedes conseguir si no te importa de quién es el que tiene el mérito».

4. El ego es el mayor enemigo de los equipos.
Cuando todo el mundo quiere ser excepción y nadie norma, el caos está servido. Los individualismos y personalismos son grandes desestabilizadores de los equipos. Los egos siempre suponen una interferencia en la consecución de logros colectivos y están en todos los lados. Cuando se dedica más tiempo a la lucha interna que a la competencia externa es complicado que ocurran logros reseñables.

5. La comunicación es la materia prima que engrasa los equipos.
Un directivo no sólo debe ser accesible sino que debe ser él quien acceda a su gente. Si el diálogo no surge hay que provocarlo. Jack Welch, uno de los personajes incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 11ª edición) afirmaba: «Por encima de todo lo demás, los buenos líderes son abiertos. Van arriba y abajo, y dan vueltas por todos los rincones de sus organizaciones para llegar a la gente. No se quedan en los canales establecidos. Son informales. Son directos con la gente. Hacen que ser accesible se convierta en una religión para ellos» [ver post El liderazgo es un deporte de roce y contacto].

6. El reconocimiento tiene que llegar a todos los miembros del equipo.
El anhelo más profundo del ser humano es el deseo de ser apreciado y querido. Todos lo necesitamos, y especialmente aquellos que tienen menos notoriedad y visibilidad. La comida es alimento para el cuerpo y el elogio es alimento para el espíritu. A pesar de ello, el 75% de los jefes reconoce que les cuesta mucho practicar el reconocimiento. Hacer sentir importante a todo el mundo es primordial [ver post El incalculable valor del elogio].

7. Un buen clima laboral funciona como factor de apalancamiento.
Dentro de un equipo que no funciona bien cada persona parece peor de lo que es: el talento se comprime. Dentro de un equipo sano toda persona parece mejor de lo que es: el talento se expande. Los buenos equipos hacen que las personas y las organizaciones brillen más. Cuidar el entorno laboral implica adoptar una actitud solidaria: saber escuchar, alimentar el optimismo, saber ceder, dar protagonismo a todos, no fomentar los rumores, controlar la envidia, evitar criticar gratuitamente, ser condescendientes con los errores, corregir con educación y respeto o intentar ser justos, entre otros factores.

8. Es esencial tener claridad de objetivos y hacerles partícipes de ellos a todos.
La gente necesita tener referencias claras de cuál es la estrategia general de la empresa, saber por qué se hacen las cosas y cuál es su papel dentro de la misma. Ello facilita enormemente la implicación y el compromiso, de otro modo, uno siente que es una pieza más de una cadena de montaje y el desánimo acaba aflorando. El ser humano tiene una motivación extrínseca (dinero), una motivación intrínseca (crecimiento y aprendizaje) y también una motivación trascendente (necesita sentir que contribuye a algo).

9. La confianza es el alimento del talento de los equipos.
Para tener éxito hay que atreverse, arriesgar, y ello sólo es posible cuando uno encuentra el apoyo emocional de quienes están por encima. La dictadura, el autoritarismo y el miedo reprimen el talento; producen que éste se muestre cohibido y tímido y quede muy por debajo de su verdadero potencial al limitarse a cubrir el expediente para no fallar [ver post La única estrategia para conseguir lo que quieras].

10. Las injusticias y las incoherencias son muy dañinas para los equipos.
Un directivo debe ser, ante todo, justo; y justo significa dar a cada persona lo que se merece sin que esa individualidad sea percibida por el resto como un trato preferencial. Además, lo más importante que tiene un directivo es su credibilidad, y la credibilidad se construye (o desmorona) con el ejemplo (o contraejemplo). Cuando los directivos dicen una cosa y el equipo ve hacer otra, el compromiso se resiente, lo que en entornos altamente competitivos es muy peligroso para la supervivencia de la empresa. Los amiguismos, favoritismos y personalismos dañan mucho a los equipos.

En Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición) hay un capítulo dedicado a este tema, y como allí se dice: «Nadie puede silbar una sinfonía. Es necesaria una orquesta para tocarla»

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* El próximo día 30 de marzo estaremos en Lleida participando en ESADE Alumni con #AprendiendoDeLosMejores y en el que participarán Sergio Vélez (CEO de Nest Capital) y Josep Bunyesc (Arquitecto). Toda la info en el siguiente link.

* Hoy te dejo Cine y management: 10 películas que no debes perderte, en la última newsletter publicada.

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jueves, 2 de marzo de 2017

El conflicto es la norma, no la excepción

Resultado de imagen de peleas de parejaEn alguna ocasión se ha dicho, medio en broma medio en serio, que «dirigir negocios sería muy fácil si no fuese por las personas». Los problemas que habitualmente traen de cabeza a los directivos son de dos tipos: de negocio (resultados) y de personas (management).

Respecto a la segunda cuestión, es importante empezar diciendo que la vida es un conflicto continuo. El conflicto es la vida misma: conflictos con proveedores, con clientes, con partners, con las administraciones, con la pareja, con la familia o con los amigos. Si en tu vida no hay conflictos es que no tienes vida y vives aislado de todo contacto con la humanidad. Esta historia lo refleja así:

«Un anciano fallece, llega al cielo y se encuentra con San Pedro que le dice:

Te has portado muy bien, como premio puedes pedir lo que quieras.

El anciano, tras una pausa, responde que le encantaría hacerle una pregunta a Dios. Se le concede el deseo, se presenta ante él y le lanza la siguiente cuestión:

¿Algún día se acabarán los conflictos entre los hombres?

Y Dios responde:

Tengo buenas y malas noticias para esa pregunta. ¿Por cuál quieres que empiece?

El anciano le invita a empezar por la buena. Y Dios concluye:

La buena noticia es que algún día se acabarán los conflictos. La mala es que no será durante mi existencia».

El conflicto es la norma, no la excepción. No hay relación humana, del tipo que sea (pareja, amigos, profesional...) donde no exista conflicto. Y esto es así, porque no existen dos personas iguales y, por tanto, su forma de ver la realidad es distinta, lo que genera roce y fricción. Sin embargo, un conflicto no tiene por qué ser per se algo negativo. Un conflicto es simplemente un punto en el que existe alguna diferencia, y por tanto, también una ocasión de crecer si se gestiona adecuadamente, una oportunidad de salir fortalecido si se encauza de la manera correcta. El conflicto permite conocernos a nosotros mismos y a los demás; descubrir otros ángulos y puntos de vista, y por supuesto, madurar como profesionales y personas.

El problema, a menudo, es que los conflictos se gestionan muy mal. Ante un conflicto, la parte más débil suele huir o ceder, y eso siembra resquemores que acaban floreciendo con el tiempo de manera más cruda. En otras ocasiones, cuando las dos partes son “gallos de pelea”, se intenta ver quién es más, y eso también suele acabar mal.

La experiencia demuestra que a menudo los conflictos no se gestionan buscando el win–win, sino quedar por encima y llevar razón. Para algunos, lo mejor de ganar es que hay otro que pierde. Desde luego, eso es un grave error. Ya Daniel Goleman, autor del libro Inteligencia emocional, advirtió que «el éxito de una pareja está en cómo llegar a un acuerdo sobre cómo estar en desacuerdo». Porque el conflicto siempre va unido a otro aspecto esencial para la vida y la empresa: saber negociar. Siempre que existe un conflicto hay que intentar llegar a un acuerdo, y para ello la herramienta de la que nos valemos es la negociación (ver artículo: Saber negociar es vivir mejor).

Los conflictos sólo resuelven de una manera: hablando, con comunicación. Apuntamos algunas breves ideas para aprender a gestionar conflictos:

1. Estar en desacuerdo es lo habitual. Acéptalo. El conflicto no es una lucha ni una batalla. Cada persona ve las cosas desde su atalaya como resultado de su sistema de creencias fruto de su pasado, vivencias y experiencias. No conviertas un desacuerdo (conflicto) en una discusión (guerra).

2. No te pongas a la defensiva. Nuestra primera evaluación suele ser siempre de juicio, no de comprensión. Ser consciente de ello permite gestionarlo. Aprender a escuchar sin emitir de inmediato juicios es lo primero para solventar conflictos.

3. No pierdas las formas. Los “calentones” casi nunca conducen a nada. Además, para compensar la salida de tono, suelen hacerse concesiones a posteriori que nos dejan en desventaja. Actuar con calma amansa a las fieras.

4. No interrumpas al interlocutor. Dale a la otra parte la oportunidad de hablar sin cortar la conversación. Él también tiene su propia opinión. No te resistas, ni te defiendas, ni discutas. Eso solo levanta barreras a la comunicación.

5. Encuentra puntos en común. Siempre existen. Una vez escuchada la otra parte, antes que nada, expón las áreas en las que se está de acuerdo. En contadas ocasiones, las cosas son de color blanco o negro. Halla las áreas de coincidencia que facilitan seguir avanzando.

6. No dejes que el orgullo te pueda. No hay nada peor que tomar decisiones basadas en factores personales. Hundirse con tal de hundir al contrario. Si en algún punto te has equivocado, admítelo. Eso desarma las ganas de pelear y muestra una actitud constructiva para construir. Gran parte de los conflictos no se resuelven por el ego.

7. Piensa y estudia las ideas de las otras personas. Y hazlo en serio, a lo mejor la otra parte puede tener razón en algunos de sus argumentos. No escuchamos para comprender sino para responder. Casi nadie somos especialistas: escuchar para entender y comprender. Sólo si eres capaz de entender a la otra parte te puedes comunicar con eficaz. Y escuchar es estar dispuesto a cambiar de opinión.

8. No te precipites al tomar acción. Y así podrás pensar con calma y en frío el problema. La distancia permite ver las cosas de otra manera. Estar demasiado cerca de la batalla nubla el juicio. Es bueno tomarse tiempo para el análisis. La claridad la da la distancia.

9. No es cuestión de ganar o perder. Eso forma parte de los juegos deportivos, no de los conflictos. Resolver un conflicto rara vez tiene que ver con quién tiene razón, y mucho con reconocer y apreciar las diferencias para avanzar.

10. Una buena actitud lo cambia todo. Actitud es predisposición, y los conflictos se solucionan cuando hay voluntad por solucionarlos. Por ello es fundamental tener espíritu de colaboración.

Benjamin Franklin (1706–1790), que tenía mucha mano izquierda en asuntos diplomáticos, decía en cierta ocasión: «Si discute usted, y pelea y contradice, puede lograr a veces un triunfo; pero será un triunfo vacío, porque jamás obtendrá la buena voluntad del contrincante». También Woodrow Wilson (1856–1924), quien fuese Presidente de Estados Unidos, afirmaba: «Si vienes hacia mí con los puños cerrados creo poder prometerte que los míos se cerrarán más rápido que los tuyos; pero si vienes a mí y me dices, sentémonos y conversemos, y si estamos en desacuerdo, comprendamos por qué estamos en desacuerdo y en qué lo estamos, llegaremos a advertir que al fin y al cabo no nos hallamos tan lejos el uno del otro, que los puntos en que diferimos son pocos y los puntos en que convenimos son muchos, y que si tenemos la paciencia y la franqueza y el deseo necesario para ponernos de acuerdo, a ello llegaremos».

Aquí hemos hablado en varios post sobre ello como No lo digas a alguien que se equivoca y también en Nadie se critica a sí mismo. En definitiva:

El grado de madurez de una empresa, equipo, relación o pareja
depende de su capacidad para gestionar conflictos.

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* Hoy te dejo Una buena actitud lo cambia todo, un artículo publicado en Divertia Smile Company.

* También te dejo la entrevista que me han realizado en Zen para Opositores: primera parte y segunda parte.

* Para acabar, la última newsletter publicada 10 reflexiones + artículos + entrevistas.


miércoles, 15 de febrero de 2017

La única estrategia para conseguir lo que quieras

Resultado de imagen de supermanTodo en esta vida se basa en aumentar la confianza en uno mismo. Así de simple. 

Nada influye tanto en nuestro comportamiento como la creencia sobre nuestra capacidad para hacer algo. Creer que uno puede hacer algo, te moviliza a ir a por ello, aunque uno no tenga inicialmente los conocimientos y habilidades para ello, pero los adquirirá; y creer que uno no puede hacer algo te hace quedarte parado amarrado a puerto seguro sin tomar acción.

El éxito es sencillo: sólo se trata de saber qué hay que hacer y hacerlo. Pero hay que mover el culo para adquirir el conocimiento y las habilidades necesarias para dominar una tarea y luego tener la disciplina para hacer lo que se tiene que hacer aplicando la regla de cero excusas.

¿Cuál es el problema entonces? El siguiente:

La gente se fija metas pequeñas porque siente pequeña (no porque lo sea).

Louise Hay, una de las personalidades incluidas en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 11ª edición), lo expresa así: «La principal debilidad humana es que nos infravaloramos. El principal problema que aqueja a la gente es que cree que no son suficientemente buenos». 

El problema no es nuestra incapacidad para hacer algo sino la creencia de que no somos capaces. Todos los problemas nacen de ahí. Es considerarse menos que otras personas, de tener el convencimiento de que los demás son mejores. No es casual que la escritora concluya: «Sólo hay una cosa que sana todo problema: amarse a uno mismo. Para cambiar tu vida por fuera debes cambiar tu vida por dentro».

Existe una relación directa entre el concepto que tienes sobre ti mismo por una parte, y tu conducta y efectividad, por la otra. Siempre actúas por fuera de manera congruente con el concepto tuyo por dentroNo puedes ganar en el mundo exterior más de lo que ganas en tu mundo interiorPor eso, todo cambio (mejora) en tu vida comienza cuando alteras (mejoras) el concepto que tienes de ti mismo. Todo en esta vida se basa en aumentar la confianza en uno mismo, que redundará de manera positiva a la hora de vender, de hablar en público, de relacionarte con otras personas. La manera en la que ves y piensas sobre ti influye en todas las áreas de tu vida.

Jorge Valdano, ex entrenador de fútbol, escribe en Los 11 poderes del líder
«La confianza es el alimento del talento. La confianza es el mayor potenciador del talento. La confianza suelta piernas, ensancha los pulmones, estrecha las relaciones con los compañeros, empuja a la buena suerte y dispara el talento. Sólo la confianza (que se tiene en uno mismo y que se recoge del medio) lleva el talento hasta el límite. Y a veces un poco más allá». 
Rosabeth Moss Kanter (@RosabethKanter), Profesora de la Harvard Business School, lo explica bien en su libro Confianza (2006):
«La acción de confiar es el factor clave que les permite a las personas vulgares y corrientes alcanzar altos niveles de rendimiento a través de rutinas que promueven su talento. Las rachas de fracasos se producen cuando las personas pierden la confianza en sus líderes, mientras que las rachas de éxitos se deben en su mayoría al trabajo de personas que confían en sus propias habilidades, en las habilidades de sus jefes y en el sistema para el que trabajan».
Lo que nos impide avanzar en la vida no es la falta de talento, sino la falta de confianza en uno mismo para explotar y desarrollar el talento que todos nosotros tenemos. Tim Ferriss lo dice en La semana laboral de 4 horas: «El 99% de la gente de este mundo está convencida de que es incapaz de lograr grandes cosas, así que aspiran a ser mediocres».

Todos sabemos y hemos oído hablar cientos (miles) de veces del Efecto Pigmalión, conocida investigación en la que se hizo un test de inteligencia a los alumnos de un colegio y eligió de manera aleatoria al 20% de los mismos. Se manipularon los datos y a los profesores de esos alumnos se les dijo que ese 20% tenía un cociente intelectual (CI) superior al resto. Pasados unos meses, se volvió a medir el CI de todos los alumnos y a contrastarlo con el previamente obtenido en el primer test. El resultado fue que ese 20% elegido al azar había obtenido un desarrollo intelectual más rápido y destacado. La conclusión de este estudio es que la confianza en las personas acaba repercutiendo positivamente en su desempeño. Las expectativas –favorables o desfavorables– sobre los demás impulsan o reprimen actitudes y comportamientos que desembocan en resultados excelentes o mediocres.

Lo que quizás sea menos conocido es a qué se debe ese nombre de Efecto Pigmalión, que explico en mi libro Fast Good Management (2011), y que es en honor al personaje de la mitología griega, Pigmalión, rey de Chipre, quien buscó desesperadamente durante mucho tiempo a la mujer perfecta con la que casarse. Sin embargo, todas tenían algún defecto. Desesperado, renunció a su deseo, se encerró en un estudio y decidió dedicar todo su tiempo a esculpir la estatua de la mujer más hermosa posible.

Cada día el rey trabajaba modelando con sus manos las esculturas, y de una de ellas, Galatea, que era de gran belleza, empezó a sentir algo especial. Las curvas perfectas de la estatua, la suavidad de su superficie y el realismo de la figura, hicieron que al término de la obra el rey se enamorase de su creación. Pigmalión pasaba largas horas contemplando a la bella dama imaginando cómo sería sentirla de verdad entre sus brazos y la cubría de besos y abrazos como si fuese real. La cruda realidad, sin embargo, no hacía sino que aumentase su deseo y desesperación.

Un día, confiando con tanta Fe en el poder de sus dioses, el rey acude a una de las ceremonias en honor a la diosa Afrodita, y allí les ruega que den vida a la estatua para poder casarse con ella:

«A vosotros, ¡oh dioses!,
a quienes todo es posible,
os suplico que me deis por esposa
una doncella que se parezca
a mi virgen de marfil».

La poderosa Afrodita, dispuesta a complacerle, escucha el ruego del rey y manda una señal al cielo para que conceda sus deseos. Pigmalión, sin embargo, no entiende el mensaje y regresa a casa decepcionado. Ya en su hogar, y como relata Ovidio (43 a. C.–17 d. C.) en Metamorfosis: «Pigmalión se dirigió a la estatua, y al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del sol. Al verlo, Pigmalión se llenó de un gran gozo mezclado de temor creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos». 

Así fue como Galatea cobró vida y Pigmalión vio cumplido su sueño. Después de agradecer a los dioses su gracia, Pigmalión y la estatua –ahora ya convertida en mujer– se unieron para siempre. El escritor británico William Morris (1834–1936) en su poema Pigmalión y la estatua escribió:

«Desprecié a la mujer, fui intolerante
de su actitud ingrata y presumida,
y decidí vivir solo mi vida
sin compartir su espíritu ignorante.

De mi cincel surgió, bella y radiante,
una doncella en el marfil dormida,
despertando en el alma estremecida
la fiebre y los deseos del amante.

Mis manos la crearon tan hermosa
que en mi mente no fue ya una escultura,
sino obsesión intensa y luminosa.

Ante los dioses traje mi amargura,
rogando me la dieran por esposa,
y al punto cobró vida su figura».

En Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición) hay un capítulo dedicado a este tema, y allí se recogen las palabras de un conocido personaje del séptimo arte, quien dice: «Lo único que está entre tu meta y tú, es la historia que te sigues contando a ti mismo de por qué no puedes lograrla»

PD: Puedes leer también 10 hábitos para cultivar la confianza en uno mismo, que es el post más leído de este blog con diferencia.

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