Próximo 28 de junio a las 19.30 horas, presentación en Córdoba de ‘Aprendiendo de los mejores’ (Alienta, 11ª edición) en el Colegio Oficial de Arquitectos. Más información en el siguiente link

sábado, 13 de octubre de 2007

Ángel o demonio

En cierta ocasión, un anciano indio describía la naturaleza humana de la siguiente manera:

– Dentro de mí existen dos cachorros. Uno de ellos es cruel y malo, y el otro es bueno y dócil. Los dos están siempre luchando...

Cuando acabó, su alumno le preguntó:

– ¿Cuál de ellos acabará ganando?

El sabio guardó un instante de silencio y respondió:

– Aquel a quien yo alimente.

“Llevamos cosido dentro de nosotros un ángel y un demonio”. Son palabras de un pensador extranjero. La naturaleza humana es dual: somos capaces de lo mejor y de lo peor. De las acciones más nobles y de las más crueles. De cometer un 11–S, un 11–M o un 7–J, y al mismo tiempo, de volcarnos en los actos más solidarios de manera incondicional tras un terremoto, un tsunami o un huracán. Cada día nos ofrece estampas de los dos lados: malvadas y censurables y loables y plausibles.

¿Cuál puede ser la solución?

La educación puede cumplir un papel relevante y dentro de ésta el afecto es el mejor condimento para una vida equilibrada y colmada. Al ser humano, si le pones buena tierra y buen agua –como dice Álex Rovira–, puede crecer y crecer hasta el infinito. Por el contrario, cuando las coordenadas existenciales no están bien trazadas, deja al descubierto su cara menos amable.

Que se manifieste una u otra faceta tiene mucho que ver con lo que se alimente. Nadie puede dar lo que no tiene. Quien acumula cariño, entrega afecto; quien almacena odio, venganza; quien es adiestrado bajo la técnica del temor, acaba convirtiéndose en un autoritario. Y así pasa con todo.

Tomás Moro, en su obra Utopía (1516), escribe: “Si toleráis que vuestro pueblo esté mal educado y sus modales corruptos desde la infancia, y después los castigáis por los crímenes a los que su primitiva educación les ha abocado, se llega a la terrible conclusión de que primero los hacéis ladrones y los castigáis después”. Wayne D. Dyer, autor de Tus zonas erróneas (Grijalbo, 1996), manifestaba: “Si pudiésemos leer la historia secreta de nuestros enemigos hallaríamos penas y sufrimientos suficientes para desarmar nuestra hostilidad”. La sabiduría popular también ofrece respuestas al respecto: “Si se vive entre codornices es muy difícil aprender a volar como las águilas”.