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domingo, 4 de noviembre de 2007

Especialización, la justa

La biografía de Leonardo Da Vinci (1452–1519) describe a este genio renacentista como pintor, escultor, arquitecto, ingeniero y científico. Interesado por todas las ramas del saber y por todos los aspectos de la vida, su ansia de conocimiento le llevó a investigar también materias como anatomía humana, zoología, geología, astronomía, física, música o literatura.

Buen ejemplo el del italiano. En un mundo como el actual, cada vez más globalizado y complejo, donde existen un mayor número de matices –culturales, históricos, sociales, económicos, demográficos, políticos...– que definen la realidad que nos rodea, se hace imprescindible saber mucho de algo y un poco de todo lo demás. Las empresas están necesitadas de gente polifacética que aporte amplitud de miras en el sector en el que opera.

Heráclito de Éfeso (544–484 a.C.) afirmaba que “el que sólo sabe de medicina, ni de medicina sabe”. El político y economista inglés John Stuart Mill (1806–1873), propugnaba que “una persona no puede ser un buen economista si no es más que eso”; algo en lo que también coincidía John Maynard Keynes (1883–1946) cuando manifestaba que “todo economista debería ser en cierta medida matemático, historiador, hombre de estado y filósofo”.

Comprender una realidad supone entenderla en su totalidad, lo que implica acercarse a ella desde múltiples lados. En la medida que captemos esa realidad con más tonalidades, estaremos más cerca de su esencia y, en consecuencia, en mejores condiciones de construir un juicio menos pasional y más objetivo y cierto. De otro modo, caemos en la simplicidad, que no es más que transitar por encima de las cuestiones sin profundizar.

Es recomendable, por tanto, si uno esta pegado al mundo de las letras, intentar descubrir la grandeza de las ciencias o el arte, y viceversa. Cuando uno ahonda en otras disciplinas con las que nunca contó –en algún caso hasta despreció– queda fascinado por los muchos e interesantes matices que complementan aquellos otros que uno previamente ya conocía. La razón es sencilla: cada realidad “individual” forma parte de una realidad “global” más amplia.

Hace poco, conversando con José Medina, Presidente de la firma de head–hunting Ray & Berndtson, me decía en relación a este tema: “La especialización limita y la hiperespecialización mata. Los fenómenos y problemas no son ni químicos, ni económicos, ni psicológicos... Una cosa son las disciplinas y otra, la realidad. Las disciplinas son las formas que tenemos los humanos de conocer la realidad; para ello la troceamos en áreas de conocimiento, pero la realidad es un todo que incluye las disciplinas. Además del enfoque analítico que nos aporta cada disciplina, hay que acercarse a las situaciones y problemas con una visión global y de caleidoscopio, con una mirada diversa que enriquezca e integre diferentes perspectivas”.

Tiempo atrás, también un juez de primera instancia me confesaba algo similar respecto a su profesión: “Un juez, para ser bueno, no puede saber sólo de leyes. Tiene que estar muy pegado a la realidad social en que vivimos para poder aplicar las normas con justicia”.

En definitiva, la especialización por sí sola aporta poco valor; por el contrario, recibir el influjo de otras áreas de conocimiento, a poder ser, muchas y variadas, supone una ventaja competitiva de enorme valor para enfrentar con éxito la complejidad del escenario actual en el que nos movemos.

1 comentarios:

MAQU dijo...

NO PODRÍA ESTAR MAS DE ACUERDO

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