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viernes, 9 de noviembre de 2007

How to get rich

Recientemente he terminado el libro How to get rich, de Donald J. Trump. El presentador de The Apprentice (El Aprendiz) –un reality show de gran éxito en Estados Unidos– es el presidente de The Trump Organization, un holding al que pertenecen en la ciudad de los rascacielos la Trump Tower, el Trump International Hotel & Tower y el Trump Park Avenue, y cuya fortuna se estima en más de 2.500 millones de dólares, lo que sitúa al empresario entre las 100 personas más ricas de USA y entre las 200 del mundo.

Más allá del título del libro –puramente comercial– merece la pena detenerse en algunas ideas que Trump desglosa en el libro. Sólo comentaré algunas:

1. “Sólo trabajo con los mejores”. Según Trump “la gestión y dirección de empresas no es una cosa complicada, siempre y cuando preste la debida atención a la hora de contratar a sus empleados. Los buenos empleados dan lugar a la buena gestión y la buena gestión atrae a los buenos empleados. He visto, en más de una ocasión, buenos gestores rodeados de gente mediocre y también he visto gente excelente empantanada en el fango de la mala dirección. En cualquier momento, los buenos gerentes se irán y les seguirán los buenos trabajadores y lo único que nos quedará es un equipo que se lleva bien porque comparte su mediocridad. Si quiere ahorrar, contrate a los mejores”. Pero ojo, Trump aclara una cosa que conviene no olvidar: “Esto no quiere decir fichar a los mejores currículum sino a los que tienen la actitud correcta. Un historial impresionante no siempre se corresponde con un gran rendimiento. Busque el talento y no los títulos”.

2. “Mantenga la concentración”. El éxito conduce casi inevitablemente a la autocomplacencia que es el inicio de la decadencia. Le pasó a Trump: “En la década de los 80, las cosas me iban viento en popa. Recuerdo un titular de una revista que decía: «Todo lo que toca lo convierte en oro». Y así lo creía yo. Pero a finales de los 80 perdí la concentración. Se me veía más en Europa, asistiendo a pases de moda, que a pie de obra. No me daba cuenta que la falta de atención estaba acabando con mi negocio. Además, para ponerle la guinda al pastel, quebró el mercado inmobiliario. De la noche a la mañana, debía miles de millones de dólares: 9.200 millones para ser exactos. Después de ser el rey de los 80, lo pasé fatal durante la primera mitad de los 90 pero, al final de la década, ya estaba de nuevo en lo más alto”. Y concluye: “Ahora puedo afirmar, sin ningún género de duda, que aprendí la lección. En la actualidad trabajo tanto como el imberbe promotor, hambriento de éxito, que era en los 70”.

3. “La responsabilidad empieza por uno mismo”. El empresario norteamericano lo tiene claro, el ejemplo es la mejor manera de generar seguidores: “No espere a que sus empleados trabajen más duro que usted mismo. En mi caso, no me tengo que preocupar por ello porque trabajo los 7 días de la semana. El crecimiento es una indicación de que está sano, así que arrégleselas para que su organización no deje de progresar. Tener pasión por lo que se hace es crucial. Si no puede emocionarse con su trabajo, ¿cómo espera que lo hagan los demás? Si los empleados sienten su energía, es probable que se les contagie”.

4. “Sea sincero y accesible”. Los mejores directivos suelen decir las cosas de manera directa y cara a cara: “Si no es franco y directo está diciendo a los cuatro vientos que es una persona insegura. Yo intento no ser evasivo jamás. Soy conocido por no tener pelos en la lengua y, a mi juicio, eso es bueno”. Por otro lado, es muy importante que los empleados vean al directivo una persona a la que tienen acceso: “Si dirige una compañía, hágase accesible a sus empleados. Si ellos sienten que pueden aportar mejoras, lo harán. Pero si ya, de entrada, se muestra crítico y arisco, puede estar perdiéndose un montón de sugerencias geniales. No será extraño, entonces, que un buen día se encuentre que sus mejores colaboradores le han abandonado”.

5. “Siga sus instintos”. Algo a lo que no estamos muy acostumbrados pero a lo que los grandes empresarios suelen prestar una atención especial: “Uno puede tener un expediente académico excelente, pero sin instinto lo tendrá difícil para llegar a la cumbre, y más aún para permanecer en ella. El instinto del emprendedor es un enigma, incluso para los que lo poseen. Existen unas señales inexplicables que nos guían y que nos advierten de que debemos aceptar o rechazar ciertos negocios o a cierta gente. Carl Jung decía que nuestra mente consciente sólo usa el 5% de la capacidad del cerebro. Si aprendiésemos a usar el inconsciente, es decir, el 95% restante, los resultados podrían ser increíbles”.

En otra ocasión hablaré del resto de títulos de Trump: The art of deal (1987); Think like a billionaire: everything you need to know about success, real estate and life (2004); Donald Trump: Master of the Deal (2001); The Trumps: three generations that built an empire (2000).

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