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viernes, 16 de noviembre de 2007

La grandeza del coaching

En las dos últimas semanas he podido conversar con dos de los coach españoles más reputados: Carlos Herreros y Mariano Vilallonga. Carlos es un veterano del coaching y Mariano es el alma de esta herramienta en nuestro país y con el que tuve la ocasión de participar en el libro Coaching Directivo: desarrollando el liderazgo (Ariel, 2003).

Me gustaría comentar sólo algunos aspectos de la importancia del coaching y de sus beneficios, aunque como todo, si se utiliza bien y uno está en manos de profesionales solventes.

¿Qué es el coaching? Un sistema de asesoramiento personalizado one to one que tiene por objetivo ayudar a conocernos mejor a nosotros mismos con el fin de identificar nuestras fortalezas y debilidades para potenciar las primeras y corregir las segundas. También nos ayuda a comprender mejor “quiénes somos” y “quién queremos llegar ser”, y, luego, a adquirir las habilidades necesarias para conseguirlo.

¿Por qué es importante el coaching? Porque como se dice en el ámbito jurídico “no hay buen juez en causa propia”. Tenemos vínculos afectivos con nosotros mismos y así resulta inviable ser imparciales. Observamos la parte más agradable de nuestro ser y somos indiferentes respecto a nuestras debilidades. En cierto modo, vemos lo que queremos ver, y si uno no es consciente de sus limitaciones no puede mejorar. La claridad exige distancia para reconocernos y emprender la marcha del crecimiento personal. Además, hay estudios que revelan que a medida que un directivo escala la opinión que tiene de sí mismo y la que tienen los demás de él tiende a ser más divergente. Es normal que con la altura se pierda el sentido de la realidad. Es preciso que alguien (el coach) ayude a poner los pies en el suelo.

¿Qué debe tener un buen coach? Conocimiento de personas y conocimiento de negocio. Habitualmente se olvida lo segundo. No basta saber de psicología (impulsos, reacciones, sentimientos...), hay que saber qué es lo que existe en la primera línea de la batalla empresarial para poder ponerse en la piel del directivo. La empatía es uno de los rasgos más importantes de un buen coach. Encontrar un buen coach, sin embargo, es complicado. No abundan. Son una especie de rara avis. Es preciso tener una visión muy amplia de la vida nada fácil de alcanzar, junto con una conocimiento profundo de la condición humana y acumular experiencia práctica en el ámbito de la gestión.

¿Cuál es el peor enemigo de un coach? La prepotencia o dicho de manera más suave, la falta de humildad. El adoptar un papel protagonista en el proceso. El buen coach trabaja para ser prescindible. A medida que avanza el proceso intenta dar pasos al costado para que el coachee camine por sí solo sin generar dependencias. Como dice MacGregor Burns en Leadership: “Sé que me tengo que ir, porque esta experiencia no habrá cuajado hasta que pueda funcionar sin mí”.

Recomiendo tres libros: Coaching Directivo: desarrollando el liderazgo (Ariel, 2003); Forjadores de líderes (Lid Editorial, 2007); y Progreso Directivo y Coaching Empresarial (Eunsa, 2005).

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