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lunes, 31 de diciembre de 2007

Breves reflexiones para el curso 2008 (I)

Llega el final del año y es momento de tomar papel y lápiz para hacer balance. Un ejercicio que se va y otro que comienza repleto de ilusiones. Dejamos algunas reflexiones:

1. “No te agobies y tomes la vida demasiado en serio porque no saldrás vivo de ella”. Pocas cosas –casi nada– son importantes. Hay que relativizar. “La vida –decía Chaplin– es una tragedia si se contempla de cerca, pero una comedia si se contempla desde cierta distancia y en un plano general de conjunto”. El mundo no se para. Llevaba mucho tiempo girando cuando aterrizamos en él y probablemente lo seguirá haciendo cuando le digamos adiós. Para aquellos que creen que las cosas no pueden funcionar sin ellos, unas palabras de Rudyard Kipling (1865–1936): “Escuchad esto vosotros los indispensables: ahí afuera hay 500 personas esperando tomar tu puesto o el mío”.

2. “La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja”. Por tanto, la mejor forma de aprovecharla es no desperdiciándola. Tenemos fecha de caducidad. Cada día que pasa ya no vuelve. “Vivir es ir muriendo”, afirmaba Martín Heidegger. Lo único real de lo que disponemos es el presente. Hay que evitar dejar las cosas para mañana porque tal vez no llegue. “La vida –se suele decir– es aquello que ocurre mientras preparas planes para el futuro”. La cultura oriental –más preocupada por este tema– pone el énfasis en el eternal now.

3. “No hay falta de tiempo, sino de prioridades y proyecto de vida”. El cineasta Woody Allen decía en cierta ocasión: “Me gustaría ser rico y vivir como un pobre”. Eso no existe. La vida es una cuestión de prioridades. No hay tiempo para todo pero siempre hay tiempo para lo que uno quiere que haya tiempo. “Vivir es decidir –dice Álvarez de Mon– y decidir es priorizar”. La existencia tiene vectores –profesional, personal y social–, y por lo general, cuando se pone en un lado hay que quitar del otro, y viceversa. Y cuanto más se pone en uno, más hay que quitar del otro.

4. “Los sabios suelen pecar de lentos, pues una mirada atenta obliga a detenerse” (Baltasar Gracián). La vida para saborearla exige pedalear con cierta calma. El mejor vaso de vino bebido de un trago no sabe a nada; la mejor langosta comida de un bocado, tampoco. Las cosas valiosas para disfrutarlas demandan que las manijas del reloj ralenticen su paso y corran despacio. Cada vez cobra mayor protagonismo el “Movimiento Slow” como respuesta al ritmo frenético en que vivimos; una corriente que nació en 1989 en protesta por la apertura de una tienda de McDonald´s en la Piazza di Spagna (Roma) dando lugar a la organización “Slow Food”. Que no nos pase lo que decía Quevedo: “He llegado sin darme cuenta que he viajado”.

5. “El exceso de trabajo impide la adecuada contemplación de la belleza y de la verdad” (Aristóteles). Una persona exhausta por el cansancio acaba siendo insoportable; termina amargada, y lo más triste, acaba amargando a los demás. Con gran acierto, el poeta húngaro Attila József (1905-1937) decía: “Los hombres que no saben divertirse me dan miedo”. Hay que vivir para vivir, y si bien el trabajo es una parte inseparable de nuestra existencia, no es ni lo único ni lo más importante. A veces es mejor una vida más “calmada” en lo profesional y más “colmada” en lo personal. Crecer profesionalmente desatendiendo la vida personal tiene, a la larga, consecuencias demoledoras para la persona. No obstante, y como repite el pensador José Aguilar, “la conciliación es, sobre todo, estar a gusto con uno mismo”. Que el trabajo no sea una excusa para escapar de otras realidades y que el ocio no sea el refugio del insatisfecho en su puesto de trabajo.

6. “Era un hombre tan pobre, tan pobre, tan pobre... que lo único que tenía era dinero”. En businesslandia no es fácil mantener la compostura y no dejarse arrastrar por el “tener o no tener”. Hay jaulas que son de oro. Una recomendación de libro: “Ejecutivos: la gran mentira” (Planeta, 2003). Merece la pena darse un paseo por sus páginas y comprobar el testimonio en primera persona de un ex directivo cuya carrera profesional se ha desarrollado entre multinacionales. Entre otras cosas, se dice: “El directivo, por muy elevada que sea su posición, no es sino un simple peón. Como tal peón, todo su sentido y su razón de ser en el puesto de trabajo se sustentan en la aportación de un valor añadido. La empresa sabe retribuir económicamente la entrega total, aunque sólo sea porque representa la forma más inmediata de asegurar voluntades y confirmar lealtades”.

7. “La risa es una cosa demasiado seria” (Groucho Marx). El político británico Winston Churchill (1874–1965) sentenciaba: “Creo que no se pueden tratar las cosas más serias de este mundo a menos que uno comprenda las más divertidas”. También el filósofo indio Juddi Krishnamurti (1895–1986) aseguraba: “La inteligencia o falta de inteligencia de una persona se mide por las cosas que le hacen reír”. Y para seguir el ejemplo, un chiste de vascos. Patxi ve a Aitor que va rodando por la calle un enorme barril y le pregunta: «Aitor, ¿dónde vas con ese barrilón?». A lo que éste responde: «Pues donde voy a ir, al doctor». «Y por qué vas con ese barril», le dice Patxi. «Pues me dijo el médico que volviese con la orina al cabo de dos semanas».

8. “No se trata de poner años a la vida sino de poner vida a los años”. En cualquier momento y en cualquier lugar hay que exprimir cada instante –una película, una comida, una conversación...– y evitar tener la cabeza en otra parte. Alguien dijo una vez que la vida sólo se vive una vez, pero si se hace bien, una es suficiente. Séneca lo expresa magistralmente: “No es breve la vida, largo es el hombre en el descuido del tiempo. Así es, no recibimos una vida breve, sino que la hacemos breve, y no estamos faltos de ella, antes somos sus despilfarradores... Mínima es la parte de la vida que vivimos”.

9. “Hay gente que no sabe lo que quiere y está dispuesta a todo para conseguirlo” (Marquis). Muchos van corriendo a todos los lados para al final llegar a ningún sitio. No llega antes el que va más rápido sino el que sabe a donde va. Dejarse arrastrar por la tentación de la moda es peligroso y nos instala en un estado de insatisfacción continuo. Empeñarse en vivir la vida de otros es frustrante. Así lo expresa el filósofo Isaiah Berlin (1909–1997) en “The sense of reality”: “El hombre que es dependiente de otro no es ya un hombre, ha perdido su sitio, no es más que la posesión de otro hombre”.

10. “En ninguna parte está quien está en todas partes; a los que pasan la vida de aquí para allá les ocurre que tienen muchos albergues y ninguna morada” (Séneca). Quien quiere abarcarlo todo, al final acaba teniendo nada. Hay que aspirar a un nivel de satisfacción razonable. La ambición sin límites acaba por dañar a la persona. Una persona que sólo quiere más y más acaba derrotada y agotada emocionalmente. William Shakespeare nos deja una aguda reflexión: “Sufrimos demasiado por lo poco que nos falta y gozamos poco de lo mucho que tenemos”

Artículo de Francisco Alcaide, publicado en Executive Excellence, nº 46, diciembre 2007.

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