miércoles, 26 de diciembre de 2007

Por un mundo más justo

«Si tienes mucho, da mucho; si tienes poco, da poco; pero da siempre». Magnífica recomendación extraída del Libro de Tobías. En estos días en que sea acaba el año y es momento de hacer balance, me viene a la cabeza el concepto de «justicia social» acuñado por el filósofo norteamericano John Rawls en su libro «Una teoría de justicia». Según este autor existe una «lotería natural» por la que nacemos en un sitio y otro y eso condiciona nuestra existencia. Nuestra posición de partida en el mundo no es la misma para todos, por este motivo, es de justicia –que no de bondad– contribuir a equilibrar un poco la balanza. La Madre Teresa de Calcuta afinaba bien al referirse a este tema: «La caridad hacia el que la merece no es caridad, sino justicia».

La vida no nos ha tratado a todos igual, por ello, es tarea de los más privilegiados contribuir con sus posibilidades a corregir desigualdades. Es una simple cuestión de «justicia social». En el mundo existen algo más de 200 países reconocidos por la ONU y España es la 8ª economía del mundo. Esto quiere decir que estamos entre el 5% de los países más ricos. Nadie pidió nacer en Burkina Faso, Etiopía o Senegal.

Un 10% de la población acumula el 70% de la riqueza del planeta mientras que 1.100 millones de personas –un 20% de la población mundial– sobreviven en la más «absoluta pobreza» con menos de un dólar al día. «No es que yo sea pesimista –decía el novelista italiano Leonardo Sciascia– es la realidad la que es pésima».

¿Se puede solucionar este problema? Sí, con generosidad. ¿Cuál es el mayor inconveniente? Gandhi da en el clavo: «En la Tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos».

A pesar de todo hay que creer en la esperanza. Pequeños actos cotidianos sumados diariamente pueden conseguir cambiar el mundo. Me despido con unas palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano: «Al fin y al cabo actuar sobre la realidad y cambiarla aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable».