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domingo, 6 de enero de 2008

Equilibrio, la palabra clave

He empezado a leer en estos días la obra «La fuerza de amar» de Martín Luther King (1929–1968) publicada en 1963. Allí, en sus primeras páginas, se dice: «El hombre fuerte baraja en su conjunto vital unas contradicciones muy acusadas. No es frecuente que los hombres lleguen a equilibrar estas contradicciones. Por regla general, los idealistas no suelen ser realistas, y los realistas no suelen ser idealistas; los militantes no suelen conocerse como pasivos, ni los pasivos ser militantes. Rara vez los humildes están seguros de sí mismos, y los que están seguros de sí mismos no son humildes. Sin embargo, la vida, en el mejor de los casos es una síntesis creadora de contradicciones en fructífera armonía. El filósofo Hegel decía que la verdad no se encuentra no en la tesis ni en la antítesis, sino en una síntesis, producto de ambas que las concilia».

Espléndida reflexión la de Luther King que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1964 además de ser nombrado ese mismo año como «el hombre del año» por la revista «Time» y ser condecorado igualmente con el «Premio John Kennedy».

Hay dos palabras que me parecen especialmente importantes para moverse por la empresa y la vida. Una es «equilibrio» y la otra es «gestión». Hoy sólo me detendré en la primera que, en otro post anterior, ya hablamos de ella.

«In medio virtus» (la virtud es el término medio), enseñaba el Estagirita de Tracia hace más de 2000 años. Ésa es la consigna a la que deberíamos aspirar; la búsqueda de un cierto equilibrio entre ocio y negocio; entre corto plazo y largo plazo; entre teoría y práctica; entre ambición y modestia; entre acción y reflexión; entre prudencia y atrevimiento; entre cercanía y distancia; entre creatividad y rentabilidad; entre exigencia y permisividad; entre pragmatismo y valores; entre flexibilidad y disciplina; entre rigor y espontaneidad; entre presente y futuro; entre ahorro y consumo; entre riesgo y seguridad; entre seriedad y humor; entre lo latino y lo anglosajón...

«No seas riguroso ni siempre blando y escoge el medio entre dos extremos», le espetaba Don Quijote a su escudero Sancho Panza. Para aquellos que hacen una defensa a ultranza de las «ciencias» o de las «letras» basta recordar las palabras del pintor irlandés Francis Bacon: (1909–1992): «Interesarse en todas las doctrinas es el más bello ejemplo de tolerancia». En otra ocasión le preguntaron a este artista que de dónde era; a lo que contestó: «Me siento ciudadano del mundo». Magnífica respuesta.

Estar abierto a la diversidad –de culturas, de disciplinas, de conocimientos, de paradigmas, de formas de vida, de ideas...– es una de las mejores formas de conseguir un equilibrio sano y armónico que permite el crecimiento y facilita la convivencia. En vez de enconarnos en posturas extremistas cuya explicación está en el orgullo del ser humano por llevar razón y quedar por encima de los demás, pongamos en práctica la humildad y busquemos puntos de colaboración para aprovecharnos sinérgicamente de ellos.

1 comentarios:

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