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jueves, 17 de enero de 2008

«Fall Street» o «America: For Sale»

Así traían a sus portadas dos periódicos norteamericanos –el NY Daily News (http://www.nydailynews/) y el New York Post (http://www.nypost.com/)– la situación que se vive en la actualidad al otro lado del Atlántico.

«Fall Street» –en referencia al principal mercado bursátil del mundo, Wall Street– o «America: For Sale» –América: En Venta– reflejan el sentimiento estadounidense predominante. Según una reciente encuesta, la principal preocupación de los americanos no es la Guerra de Irak –como hasta hace poco– sino el futuro de la economía.

Con independencia de lo que ocurra finalmente –que nadie lo sabe– lo que sí es cierto –y no nuevo– es que muchas crisis –que acaban siendo reales– son producto de crisis psicológicas: el miedo a la crisis acaba generando crisis. Ante la sospecha de que las cosas puedan ir mal, la gente comienza a consumir menos; si se consume menos, las empresas también ganan menos; si sus beneficios se reducen comienzan a despedir gente; más personas en paro implica un menor consumo agregado... y así la pescadilla que se muerde la cola.

Es conocida la historia de un ciudadano que vendía bocadillos al lado de una carretera. No veía la televisión, ni oía la radio, ni leía la prensa, pero vendía unos bocadillos que tenían gran aceptación en el vecindario. El éxito de su producto le llevó a alquilar un terreno sobre el que construyó un pequeño local con un gran letrero en el que se decía: «Compre y disfrute del mejor bocadillo». Anunciaba con gran entusiasmo e ilusión su producto. La popularidad le animó a ampliar el negocio. El incremento de la demanda le impedía atender él solo a todo el mundo por lo que le pidió a su hijo que abandonara la Universidad donde estudiaba fuera de la ciudad y regresara para ocuparse del negocio familiar. A la vuelta el hijo le dijo:

– Padre, ¿no escuchas la radio ni lees los periódicos? El país está sumido en una profunda crisis.

El padre pensó entonces:

– Mi hijo estudia en la Universidad, saca buenas notas y debe saber de lo que habla. Además, lee la prensa, escucha la radio y ve la televisión. No puede equivocarse.

El padre empezó a comprar menos pan y menos carne, quitó el enorme letrero que daba la bienvenida a los clientes con el lema «Compre y disfrute del mejor bocadillo», canceló el alquiler el terreno, y dejó de anunciarse.

Las ventas comenzaron entonces a caer y un día le dijo a su hijo:

– Tenías razón hijo mío, las cosas están realmente mal. Estamos inmersos en una auténtica crisis.

En cierta ocasión un analista bursátil me decía: «Si los inversores se convencen de que la Bolsa baja (o sube) con la llegada de las golondrinas, bajará (subirá) efectivamente cuando lleguen, ya que todos se apresurarán a vender (comprar)». El escritor polaco Isaac Singer lo expresaba con estas palabras: «Si continúas diciendo que las cosas van a ir mal, tienes buenas probabilidades de convertirte en un profeta». Sir John Mason también tenía su opinión particular: «Las previsiones meteorológicas no afectan al tiempo; en cambio, las previsiones económicas si que afectan a la economía». En el ámbito médico se suele decir: «no existe la enfermedad sino el enfermo».

Al margen de este análisis psicológico: ¿Cuáles son las previsiones de los «expertos» acerca del futuro económico? Así lo recogía el diario económico Cinco Días (http://www.cincodias.com/) hoy mismo:

«La cautela de hace unos meses ha dado paso a un creciente pesimismo dentro del sector financiero sobre las consecuencias de la crisis crediticia que estalló el pasado verano en Estados Unidos. Según la última encuesta realizada por Merrill Lynch entre 195 gestores de todo el mundo, un 19% (uno de cada cinco) opina ahora que es «probable» o «muy probable» que la situación de incertidumbre actual derive en una recesión global en los próximos 12 meses.

Esto supone que, «por primera vez», los inversores institucionales se están planteando la posibilidad de que las turbulencias se trasladen a la economía real. De hecho, un 8% de los consultados opina que la recesión ya está en marcha, el doble que en diciembre.

También han empeorado las expectativas sobre la probabilidad de contagio desde Estados Unidos, la economía que más muestras de debilidad ha dado hasta estos momentos. El 14% de los gestores cree «bastante probable» que el PIB de la zona del euro sea negativo durante al menos dos trimestres consecutivos, frente al 12% de hace un mes. Unos malos augurios que en el caso de Estados Unidos prácticamente se han triplicado entre diciembre y enero, al pasar del 11% al 32%.

El frenazo económico mundial pasará una elevada factura a las empresas, según refleja el sondeo. Un 80% de los gestores de fondos espera que el crecimiento de los beneficios empresariales en Europa se deteriore, con lo que dibujan el peor panorama en una década. En diciembre, sólo el 53% de los encuestados contemplaba esta posibilidad. Además, la mayoría (el 94%) opina que es «bastante probable» o «muy probable» que el aumento en los resultados de las compañías europeas se sitúe por debajo del 10%.

Los bancos centrales seguirán tomando medidas, a juicio de la mayoría de los gestores, para intentar reconducir la situación. El 79% opina que los tipos de interés serán más bajos en los próximos meses, frente al 76% de diciembre y el 55% de noviembre.

Una nota positiva es la liquidez que los gestores mantienen en sus carteras, una señal de cuál es su aversión al riesgo. En la encuesta de enero, ésta se situaba en el 3,9%, una décima por debajo del mes anterior y cinco menos que en agosto, cuando se registró el punto álgido de la crisis. Aún así, la mayoría reconoce que durante los próximos meses se mantendrá una elevada volatilidad en los mercados.

El 32% considera, además, que las Bolsas están infravaloradas en estos momentos, mientras que el 17% todavía piensa que están sobrevaloradas. Respecto a la deuda, la opinión es más unánime, ya que el 53% de los gestores consultados responde que la subida registrada por los bonos ha sido excesiva».

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