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lunes, 14 de enero de 2008

Leer nos diferencia

Sigo a diario con interés el blog de Juan Carlos Cubeiro (http://jccubeirojc.blogspot.com/). Lo recomendé en otra ocasión aquí mismo y lo vuelvo a recomendar ahora. En uno de sus últimos post (viernes 11 de enero, «Leer o no leer») disecciona el tema de la lectura –la falta de lectura– tan acusada que sufrimos en nuestro país. Aprovecho para insistir sobre esta cuestión.

Cultivar el hábito de la lectura no es una cuestión baladí cuando se está al frente de una organización y, sin embargo, en la actualidad continúa siendo una asignatura pendiente entre nuestros ejecutivos. Su práctica estimula la creatividad, impulsa la puesta en marcha de nuevas iniciativas, aclara las ideas, permite tomar perspectiva y facilita el salvar los escollos con mayor agilidad, aspectos todos éstos de vital relevancia en el ámbito de las entidades.

Es frecuente oír citar la falta de tiempo como uno de los principales males que amenazan la actividad directiva diaria. El día a día de las compañías absorbe lo mejor de sus mandos. Al final de la jornada, poco tiempo queda para nada más. En fines de semana y vacaciones, cuando el tiempo se estira, son los ataques de pereza los que dificultan la labor de la lectura.

Todo, sin embargo, es una cuestión de prioridades, y la lectura, si uno aspirar a ocupar puestos de gobierno, debería ser una de ellas. Con frecuencia se afirma que la mejor universidad es la vida. Es cierto que la experiencia práctica enseña muchas cosas, pero los libros, con no poca frecuencia, resultan muy útiles en la búsqueda de directrices adecuadas. En algunos casos –a veces en muchas ocasiones– falla la «práctica» porque falta la «teoría». Cicerón afirmaba: «Como un campo, aunque sea fértil, no puede dar frutos si no se cultiva, así le sucede a nuestro espíritu sin el estudio». De un modo u otro hay que «buscarse la vida» y sacar tiempo para leer aquellos textos que merecen la pena y dejan poso intelectual.

Varios reconocidos expertos en management de nuestro país han reivindicado insistentemente la importancia del hábito de la lectura cuando se está en posiciones ejecutivas. Tres de ellos son: Javier Fernández Aguado, Juan Carlos Cubeiro y Alex Rovira. Empedernidos lectores, reclaman continuamente la necesidad de sumergirse en las páginas de aquellos textos que merecen la pena para ensanchar nuestras perspectivas de miras y, de este modo, ejercitar más eficazmente la tarea directiva.

El pensador Fernández Aguado (http://www.mindvalue.com/) ha señalado en más de una ocasión que «una persona es los libros que lee y los amigos que tiene». Y continúa: «Es fundamental leer y estudiar. La apertura a nuevos modos de contemplar la realidad ayuda a observar la propia organización y a las personas que en ella se desenvuelven de manera más creativa. No se trata sólo de ensayos, o de libros científicos o técnicos. Las obras de management pueden ser interesantes, pero en ocasiones, es preciso dejarse envolver por la literatura o por ensayos de un cierto nivel, que coadyuden a abrirse al mundo. Probablemente no serán exactamente las mismas soluciones que estos autores proponen las que deban aplicarse a la organización, pero compartir las reflexiones de algunos de esos miles de pensadores que han incrementado el nivel de interpretación del planeta, merece siempre la pena».

El citado Juan Carlos Cubeiro (http://www.eurotalent.es/) ha manifestado: «Es innegable la relación entre la calidad directiva y la cultura. Quien la desdeña no suele ser muy respetuoso con sus colaboradores, con sus socios, con sus clientes. Responsabilidad cultural corporativa: ésta es una de las nuevas fronteras de las empresas humanistas. Hemos de atraer en los procesos de selección al talento que reflexiona, que se actualiza, que lee como hábito».

Y el autor de «La buena suerte», Álex Rovira (http://www.alexrovira.com/), ha puesto por escrito: «Un buen libro no es sólo un libro. No son sólo datos, información o conocimiento. Es sabiduría y es vida. Es mucha vida. Es abrir la ventana del intelecto y el corazón».

En cierta ocasión manifestaba un investigador que «todo está en los libros». Si no todo, diríamos que es mucho lo que se puede aprender de ellos. Echar la mirada atrás con humildad para empaparse de lo que otros expertos se han encargado de investigar y estudiar, y luego poner por escrito, es una fuente de enorme ayuda en la resolución diaria de contradicciones a las que se enfrenta el directivo. En la mayor parte de las ocasiones, las situaciones en las que se ven inmersos los ejecutivos han sido vividas previamente por sus antecesores. Saber como estas personas resolvieron las dificultades a las que se enfrentaron aporta sendas interesantes sobre la mejor alternativa a seguir.

Uno de nuestros filósofos más reconocidos, José Antonio Marina (http://www.joseantoniomarina.net/), nos ha recordado en más de una ocasión que «la calidad de vida depende de la lectura». A pesar de todo, el 60% de los españoles confiesa que no lee nada, lo que nos da una idea del amplio margen de mejora que nos queda por delante. El hábil Mingote, en uno de sus ingeniosos dibujos, relata sutilmente esta realidad. Un niño recibe un regalo de su padre, y al abrir el paquete dice: «Me ha engañado, me había prometido un regalo y lo que me trae es un libro». Dura realidad, pero realidad.

Aparte de corbatas y colonias, ¿ha regalado Vd. algún libro estimulante a sus seres queridos durante las pasadas Navidades?

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