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martes, 22 de enero de 2008

Rapidito y con buena letra

En el clásico «Alicia en el país de las maravillas» (1865), de Lewis Carroll (18321898) –seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson–, Alicia dice:

En mi mundo cuando se corre, se cambia de lugar.

La Reina, sorprendida, exclama:

¡Vuestro país es muy lento! Aquí, como ves, hay que correr lo más rápido posible para permanecer en el mismo lugar.

Parece que la Reina tiene razón. Vivimos tiempos de rápidas transformaciones en los que sólo para mantenerse en el mismo sitio hay que correr mucho.

«In the future, there will be two kinds of companies: the quick and the dead» (En el futuro, habrá dos clases de empresas: las rápidas y las muertas). Son palabras de David Vice, CEO de Northern Telecom. Como recoge Pilar Jérico en su blog (www.pilarjerico.com/blog/) haciéndose eco de las palabras del Presidente de MWR, Francisco Martín Frías: «Antes el pez grande se comía al pez chico, ahora el pez rápido se come al pez lento». También Jean Paul Getty (1892–1976) nos deja una interesante reflexión: «In times of rapid change, experience can be your worst enemy» (En tiempos de rápido cambio, la experiencia puede ser tu peor enemigo).

Los datos del ritmo en que vivimos son esclarecedores. La Edad de Piedra duró 30.000 años; la Edad del Metal, 5.000 años; la Revolución Industrial, 200 años; la Era Eléctrica, 40 años; la Era Electrónica: 20 años; y la Era de la información cambia cada poco tiempo. Se estima que en la década de los 90, el conocimiento se duplicaba cada 4 años; en la actualidad se estima que cada 20 meses. Algunos estudios concluyen que hoy día un trabajador tiene que renovar el 50% de sus conocimientos cada 3 años cuando en la década de los 70 era de 12 años.

Más datos: la radio necesitó 38 años para llegar a 50 millones de usuarios; la televisión, 23 años; el PC, 16 años; e Internet, 4 años.

En Tokio hay un restaurante que factura por minutos con un cartel publicitario que dice: «to eat as much as possible as quickly as possible» (coma todo lo que pueda lo más rápidamente posible).

El «despacito y con buena letra» parece que es insuficiente hoy día. Combinar calidad y rapidez se ha convertido en una necesidad. La calidad por sí sola se queda corta y tiene que ir acompañada del factor prontitud.

A pesar de todo, hagamos una llamada a la cordura y que esa rapidez no nos impida saborear de la vida que exige pedalear con cierta calma; o como decía Quevedo, hay que evitar el «he llegado sin darme cuenta que he viajado». El desafío es grande. Conseguir un equilibrio entre celeridad y disfrute no es nada sencillo.