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jueves, 31 de enero de 2008

RuiZcionario

Antes de Navidades, el polifacético Pedro Ruiz (Barcelona, 1947) (http://www.pedro–ruiz.com/) –mezcla de muchas cosas: humorista, entrevistador, actor, cantante, escritor...– me regaló su último libro –el duodécimo– que lleva por título: «RuiZcionario» (Ediciones B, 2006).

En tono de humor –«la risa es una cosa demasiado seria», decía Groucho Marx– Pedro Ruiz ha pretendido con este Diccionario Personal «una travesura más, una pirueta, un entretenimiento personal sin otro rigor que el destello surgido de una fugaz ocurrencia inscrita en la vivencia propia. ¡Naturalmente que no espero que alguien se tome esto en serio! Ni yo mismo».

El subtítulo del libro es: «Lo que las palabras esconden». No es casualidad. Pedro Ruiz ha intentado con este nuevo libro mostrar, sin maquillaje ni abalorios, la realidad tal y como es, despojada de apariencias, cinismos, falsedades e hipocresías.

Doy algunas definiciones de la «A» y remito al libro para el resto de ingeniosas –y auténticas– definiciones:

– Adular: Sobornar por los oídos. Acariciar el ego ajeno para pedirle o hurtarle algo.

– Alopecia: Diagnóstico que a los calvos ni les alivia ni les remedia.

– Amanecer: Momento en que la farsa que representamos a diario vuelve a estar iluminada.

– Ambición: Fuerza motriz de los más idiotas de la clase que jamás se paran a pensar que nada de lo que tienen les cabrá en el ataúd. Aunque se lo hagan con un chalet adosado.

– Ambigüedad: Mentira con doble fondo.

– Andamio: Pasarela de los albañiles.

– Anónimo: Apellido casi absoluto de los cobardes. Dícese de algo que nadie ha firmado y que si es bueno lo explota el primero que se lo encuentra.

– Antiguo: Algo que estará de moda en cuanto lo decidan los gurús de la opinión y los medios.

– Apariencia: Lo que más se lleva. Camuflaje para encajar con el decorado. Trajecillo de gestos y actitudes que nos ponemos para fingir en compañía.

– Arte: Se percibe. Emociona. Y no se puede explicar.

– Autopista: Cicatrices negras de los valles y montes.

– Azafata: Que ni se presenta a Miss ni quiere ser dependienta.

El talento de Pedro Ruiz es inagotable; una fuente permanente de chispa que busca tocar la fibra de los temas, algo que no siempre agrada, ya que muchas veces, la verdad exhibida de manera cruda, duele.

De él se ha dicho: «Su talento es único y ejemplar» (Camilo José Cela); «Es un raro ejemplar del hombre libre y lúcido» (Antonio Mingote); «Es inaudito: el triunfo de un perdedor» (Fernando Rey); «Si hubiera nacido en Estados Unidos el mundo estaría a sus pies» (La crítica madrileña); o «Somos del mismo club: independientes» (Baltasar Garzón).

Al final del libro, en el Epílogo, Pedro Ruiz escribe:

Tengan cuidado con las palabras. Cuando las dicen, cuando las escuchan, cuando las leen.

A veces son maravillosas.
Nos acunan.
Nos divierten.
Nos emocionan.
Nos informan.
Nos aportan.
Nos enamoran.

Y otras veces:
Nos confunden.
Nos ensucian.
Nos pervierten.
Nos engañan.
Nos encadenan.
Nos usan.

Distinguir entre una cosa y la otra es dificilísimo.
Y ahí está el encanto y el peligro del juego.
Porque: «el verbo se hizo carne y lo crucificaron».
O eso dicen.

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