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jueves, 28 de febrero de 2008

Color esperanza

El pasado lunes seguí por televisión el debate entre Zapatero y Rajoy. No voy a entrar en valoraciones políticas que dejo para cada persona. Simplemente me quiero detener en una cuestión: la importancia de «vender» esperanza; y esto es aplicable a nuestra vida profesional, personal o, como el caso que nos ocupa, al ámbito político.

En el libro «La fuerza del optimismo» (2005), el Doctor Luis Rojas Marcos recoge numerosas investigaciones que ponen de manifiesto los beneficios del optimismo en todos los ámbitos: la salud, las relaciones personales, el trabajo, el deporte o incluso la política. Diversos estudios empíricos han contrastado la relación entre la disposición optimista o pesimista de los candidatos a presidente de Estados Unidos entre 1900 y 1984 y el resultado de las elecciones, concluyendo que el electorado prefirió en el 82% de los comicios al aspirante más optimista en sus discursos.

¿Qué conclusión podemos extraer?

Una muy sencilla. A la gente hay que «venderle» futuro. El análisis del pasado puede ser un ejercicio lúdico de simulación (y de ataque) interesante, pero aporta poco valor. La gente quiere saber qué le espera; los tiempos pretéritos, para bien o para mal, son inamovibles.

Quienes gustan de estudiar y profundizar en el comportamiento humano saben que el hombre es un ser proyectivo. El futuro nos mueve y mantiene vivos. La depresión, por el contrario, no es más que la ausencia de futuro. Lo malo no es que una persona esté atravesando un bache emocional –todos lo pasamos mal alguna vez– sino que no vea solución por delante al problema. Lo preocupante no es sufrir «hoy» sino no tener resquicios de que «mañana» será mejor. Esto es lo que explica que mucha gente deprimida acaba suicidándose.

Bruno Bettemlheim, en «Sobrevivir» (1976), escribe: «El dolor, por fuerte que sea, se hace más llevadero si uno está convencido de que con el tiempo se curará. La peor calamidad es tolerable si uno cree que pasará. La angustia más penosa se alivia tan pronto como la tranquilidad está al alcance de la vista». El profesor Julian Marías, en «La felicidad humana» (1987), va por similares derroteros: «Llevamos bien el estar mal hoy si pensamos que mañana vamos a estar bien. Por el contrario, aunque nos sintamos bien, si creemos que mañana nos vamos a sentir mal, dejamos de sentirnos bien». Cualquier crisis –económica, de parejea, profesional...– se afronta bien si lo que se nos ofrece supera a lo que tenemos.

En definitiva, y como proclamaba Alejandro Dumas, «la esperanza es el mejor médico que conozco». Además, vender optimismo acaba repercutiendo de manera determinante en los resultados. Susan C. Vaughan, en «Medio vacía, medio llena» (2000) explica: «El optimismo es como una profecía que se cumple por sí misma. Las personas optimistas presagian que alcanzarán lo que desean, perseveran, y la gente responde bien con entusiasmo. Esta actitud les da ventaja en el campo de la salud, del amor, del trabajo y del juego, lo que a su vez revalida su predicción optimista».

A «sensu contrario» y tomando prestadas las palabras de Isaac Singer: «Si continúas diciendo que las cosas van a ir mal tienes buenas probabilidades de convertirte en un profeta». En otra ocasión en este mismo blog –véase «Fall Street o America: For Sale»– ya abordamos esta misma cuestión en la que explicábamos como muchas crisis económicas no son más que fruto de crisis psicológicas.

Me despido con la letra y música de la canción «Color esperanza» del argentino Diego Torres (www.diegotorres.com) recogida en su álbum «Un mundo diferente».

Sé que hay en tus ojos con solo mirar
que estas cansado de andar y de andar
y caminar girando siempre en un lugar

Sé que las ventanas se pueden abrir
cambiar el aire depende de ti
te ayudara vale la pena una vez más

Saber que se puede querer que se pueda
quitarse los miedos sacarlos afuera
pintarse la cara color esperanza
tentar al futuro con el corazón

Es mejor perderse que nunca embarcar
mejor tentarse a dejar de intentar
aunque ya ves que no es tan fácil empezar

Sé que lo imposible se puede lograr
que la tristeza algún día se irá
y así será la vida cambia y cambiará

Sentirás que el alma vuela
por cantar una vez más

Vale más poder brillar
Que solo buscar ver el sol

Escuchar canción: http://www.youtube.com/watch?v=c72Ca-5nYrA

1 comentarios:

Pedja dijo...

Creo verdaderamente que quien tiene una actitud positiva y optimista termina consiguiendo sus metas y objetivos como bien dices en tu post. Sin embargo, no siempre, y aún con esa actitud positiva y optimista, no se consiguen los retos marcados o propuestos. En ese caso, creo que es necesario, junto con la esperanza o el optimismo, poner una dosis de reflexión y aceptación, de aprovechamiento de lo no conseguido para mejorar y aprender ante otros proyectos o retos. Un abrazo¡¡.

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