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sábado, 29 de marzo de 2008

Pinceladas de Polonia

De vuelta de Semana Santa de Polonia (Varsovia y Cracovia), apunto sólo algunas pinceladas sobre este destino turístico al que animo a visitar y disfrutar.

Varsovia (Warszawa)

Arrasada en más de un 80% durante la II Guerra Mundial, el centro histórico de la ciudad fue reconstruido cuidadosamente después del conflcito bélico, y en 1980 fue declarado «Patrimonio de la Humanidad» por la UNESCO como «ejemplo destacado de reconstrucción casi total de una secuencia histórica que se extiende desde el siglo XIII hasta el siglo XX». Por este motivo Varsovia es conocida como «Ciudad Héroe».

Actualmente, a la capital polaca también se la conoce como la «nueva Berlín». En ella se entremezclan los restos del comunismo con el modernismo del recién comenzado siglo XXI donde el shopping, los clubs y la arquitectura contemporánea intentan abrirse paso. Esta caracterísitca «trendy» de Varsovia le ha valido para ser considerada por algunos como nueva ciudad «cool» del mapa europeo.

El centro comercial Zlote Tarasy en la plaza Pilsudski, diseñado por Norman Foster, es el mejor ejemplo del nuevo aire que va tomando la ciudad. Merece la pena darse una vuelta por su interior y picar algo en alguno de los restaurantes de cocina internacional que hay en sus plantas.

Entre los edificios clásicos, me quedo con el Palacio de Cultura y Ciencia, un edificio emblemático de Varsovia. También merece la pena la Universidad, justo en el centro de la ciudad, la Plaza del Mercado y el Castillo.

Cracovia (Kraków)

Cracovia, la segunda ciudad del país y antigua capital de Polonia, también fue reconocida por la UNESCO como «Patrimonio de la Humanidad» (1978). Es una especie de «Praga» y merece la pena dejarse perder por sus calles flanqueadas por iglesias barrocas. Pronto, al igual que ha sucedido con la capital de la República Checa, Cracovia se convertirá en un destino de «moda». Y es que como dijo el escritor Wilhelm Feldman, «para encontrar el alma de Polonia, debes buscar en Cracovia».

La plaza del mercado –Rynek Glówny, la más grande de Europa– es el epicentro de la ciudad y en ella los puestos con todo tipo de objetos tradicionales –ámbar, artesanía, productos típicos–animan el ambiente. Rynek Glówny tiene gente a todas horas del día.

El otro enclave estratégico de la ciudad es la colina de Wawel, símbolo del esplendor político y cultural de la ciudad. El rey Ladislao escogió este lugar como residencia permanente y aquí se hicieron coronar los posteriores soberanos de la nación. Según cuenta la leyenda, mucho tiempo atrás vivió un príncipe, Krakus, que hizo construir un castillo en la colina de Wavel. El lugar habría sido idílico de no ser por un malvado dragón que vivía en las grutas del castillo y devoraba a las reses y las ovejas. Un día, el príncipe ordenó que se rellenará una piel de oveja de sulfuro y se lanzara al interior de la gruta. La bestia cayó en la trampa y mordió el anzuelo. Al sentir que el sulfuro le ardía el estómago fue al río y no paró de beber hasta que estalló. La ciudad quedó liberada. El dragón representa hoy día el símbolo de Cracovia y está inmortalizado en muchos sitios.

El río Vístula –Wisla en polaco– de 1.047 kilómetros con desembocadura en el mar Báltico, recorre la ciudad y le da un aire más encantador, al igual que los tranvías que circulan por sus calles.

En Cracovia vivió durante muchos años Karol Wojtyła, el Papa Juan Pablo II, y su estampa está presente en muchos lugares. Cerca de la colina de Wavel está la que fue su casa.

Auschwitz

A una hora de Cracovia se encuentra Auschwitz, un complejo formado por diversos campos de concentración y de exterminio construido por el régimen de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial que empezó a funcionar en mayo de 1940 y cuyo uso se extendió hasta enero de 1945.

Se estima que de los 1,5 millones de personas que pasaron por sus barracones, más de 1,1 millones documentados murieron, aunque fuentes extraoficiales elevan las cifras a muchos más muertos. Judíos, gitanos y homosexuales, fueron los principales objetivos del terror nazi.

En la puerta de entrada del primero de los tres campos de concentración (Auschwitz I) –centro administrativo de todo el complejo– se puede leer en alemán: «Arbeit macht Frei» (El trabajo os hará libres). Luego se construyó Auschwitz II (Birkenau) –a 3 km del primero y que registró el mayor número de ejecuciones– y Auschwitz III (Monowitz) –el campo de trabajo más grande del que no queda nada–.

Lo que más me sorprendió –paradojas de la vida– es que el trabajo menos grato en principio, era el más demandado. ¿Cuál era ese trabajo? El de mantener limpio el barracón donde todos los presos hacían sus necesidades dos veces al día (mañana y noche). ¿Por qué? Dos motivos: el primero, porque se estaba resguardado dentro del barracón, lo que evitaba sufrir el frío del exterior donde las temperaturas llegaban a alcanzar los –30º; segundo, porque al ser un lugar de malos olores, los capos –los jefes– no pasaban mucho por su interior y no molestaban «excesivamente» a los presos.

Auschwitz, también declarado «Patrimonio de la Humanidad» por la UNESCO en 1979, constituye un pedazo de historia reciente (cruda historia) que conviene no perderse.

* En la foto el edificio del Palacio de Cultura y Ciencia de Varsovia, típicamente comunista.

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