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viernes, 4 de abril de 2008

La paradoja del bronce

En el último post hablaba del valor relativo del éxito y de cómo cada alternativa tiene un precio. Hoy quiero apuntar otra idea: la relación entre felicidad (satisfacción) y éxito no tiene un carácter «objetivo» sino «subjetivo» y, por tanto, depende de cada persona.

En el libro «La paradoja del bronce» (Crítica, 2007), el ex Presidente de la CNMV, Manuel Conthe, lo explica muy bien. El nombre que da título al libro tiene su origen en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y se basa en esta idea. Una investigadora norteamericana –Victoria Medvec– grabó las caras de los atletas que subían al podio. Luego, de vuelta a Estados Unidos, enseñó las imágnes a sus alumnos y preguntó quiénes de ellos habían ganado la medalla de oro, plata y bronce, respectivamente. Todos coincidían en el ganador, sin embargo, alteraban el segundo y tercer puesto. Constató que quienes ganan una medalla de bronce suelen estar mucho más felices que quienes ganan la de plata debido a que los primeros se comparan con quienes no subieron al podio, pero quienes ganan la plata se quedan con frecuencia «amargados» por no haber podido conseguir el oro. En resumen, nuestra felicidad no depende de nuestra situación en términos absolutos, sino de nuestra posición respecto a cierto «nivel de referencia» (expectativas).

No obstante, esta conclusión no debería ser una excusa para marcarse metas mediocres, porque la falta de reto (pecaríamos por defecto) también sería fuente de insatisfacción debido a la facilidad en la consecución de objetivos. El éxito reside en fijarse unas expectativas profesionales razonables de acuerdo a las posibilidades de cada uno: ni tan fáciles que cuando se consigan no se valoren, ni tan difíciles que sean imposibles alcanzarlas. Como siempre –sobre esto ya hemos escrito (ver post 06/08/08)– en el equilibrio está la clave.

1 comentarios:

Katy dijo...

Que verdad es esta Francisco y no debería ser así. Yo he conocido gente que les ha tocado la loteria y a unos más que otros, dependiendo de las papeletas. Y los que llevaban menos en vez de alegrase de les habia tocado, estaban disgustados porque a fulanito y a menganito le había tocado más. En fin somos asi de contradictorios. Un abrazo

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