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domingo, 11 de mayo de 2008

Corrupción de andar por casa

Operación «Malaya», Operación «Guateque» y ahora Operación «Bloque» en la que se acusan a casi 30 policías municipales de Coslada de extorsión, robo y tráfico de drogas.

Esta misma semana, un alto cargo de la Administración Pública, me decía lo siguiente: «Tengo obsesión por una cosa, la gestión honesta. En un puesto público la honestidad me parece incluso más importante que la eficacia».

La corrupción no es nueva. Ha existido siempre. Donde existe poder, existe abuso. El refranero, que es sabio, lo dice de esta manera: «Si quieres conocer a fulanito, dale un carguito». Me gusta decir que «el poder no nos cambia, sólo nos descubre». La experiencia y el sentido común aconsejan que jamás una única persona debe tener firma en una empresa o que las decisiones tampoco deben recaer en un solo individuo. Es bueno establecer ciertos mecanismos de control cada cierto tiempo. Confianza no es ingenuidad. El ser humano es frágil –unos más que otros– y cuando uno sabe que su gestión no está sometida a escrutinio tiende a hacer determinadas cosas que, a lo mejor, en un principio jamás se le hubiesen pasado por la cabeza.

¿Qué lecciones podemos extraer de este último acontecimiento?

Primera. Quien la hace, la paga. Donde existe corrupción, hay perjudicados, y si bien hay mucha gente que calla por miedo a las represalias, también siempre hay alguien que, tarde o temprano, no aguanta más y acaba estallando. Entonces, el resto hace piña sabiendo que la unión hace la fuerza y todo salta por los aires.

Segunda. El prestigio cuesta mucho ganarlo, pero se pierde rápido y acaba arruinando toda una carrera. Cuando se traiciona la confianza y la lealtad recuperarlas es prácticamente imposible. Salvo excepciones, quien hace un cesto, hace ciento.

Tercera. Cuanto menos autoestima tiene una persona (algo interno), más necesidad de reconocimiento (algo externo). Como la autoridad es algo que otorgan los demás, es frecuente que aquellos que son incapaces de ganársela intenten conseguirla por medio de la fuerza. Éste es un comportamiento muy típico de los dictadores. La violencia siempre es el recurso de los más mediocres. Como no tienen otros medios con los que conquistar sus objetivos, recurren a conductas poco ortodoxas para hacerlo.

Cuarta. Uno de los principales males de la época en que vivimos –sino el que más– es el materialismo, ya sea en forma de dinero o poder. En una sociedad que valora mucho más a las personas por lo que «tienen» que por lo que «son», la presión desde todos los flancos es grande, y ello lleva a que si uno no tiene un elevado concepto de sí mismo, caiga en comportamientos poco deseables.

«La ética –dice José Antonio Marina– es la forma más inteligente de vivir». Puede ser menos vistosa que otras alternativas, pero sin duda aporta tranquilidad de espíritu, algo fundamental para tener estabilidad personal.

Un último apunte: que nadie se escandalice por ningún episodio de corrupción. El abuso de poder está en todas partes –política, deporte, administración, justicia, concursos...– y seguirá existiendo. Otra cosa es que en cada sitio se dé en mayor o menor medida y que los casos sean más o menos conocido.

1 comentarios:

Pedja dijo...

Que la corrupción sea noticia es algo que no deja de ser positivo. Quiere decir que no es lo habitual, que las cosas frecuentemente funcionan sin corrupción, en cualquier ámbito y desde luego en el sector público. En cualquier caso, en lo público, la exigencia y el cuidado por evitar la corrupción han de ser prioritarios e imprescindibles, de ahí el acierto de la frase citada.

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