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miércoles, 7 de mayo de 2008

La lucha entre reto y comodidad

En cierta ocasión me decía el filósofo José Antonio Marina (http://www.joseantoniomarina.net/) que las personas somos básicamente la búsqueda de dos objetivos que, por desgracia, son contradictorios; por un lado, la necesidad de reto, evolución y crecimiento; y, por otro lado, la necesidad de tranquilidad, comodidad y seguridad.

Cuando la vida es demasiado fácil –la comodidad prevalece– se echa de menos la aventura. Tenemos una vida algo insípida y el cuerpo nos pide «marcha». Por el contrario, cuando nuestra vida es demasiado ajetreada –vamos con la lengua fuera– pedimos a gritos que todo se ralentice para poder así pedalear con más calma y saborear el momento.

Según una reciente encuesta de la Universidad de Valencia al 80% de los universitarios les gustaría ser funcionarios. La razón es sencilla: en un mundo donde todo cambia vertiginosamente y, por tanto, la incertidumbre es grande, los estudiantes buscan el refugio de la seguridad en el empleo público para toda la vida. La pregunta inmediata es: ¿Serán más felices? No, porque si bien la Administración otorga estabilidad laboral también carece en muchas ocasiones de la adrenalina necesaria que el ser humano pide para poner en marcha proyectos nuevos.

En el lado opuesto encontramos a quienes optan como opción profesional por ser empresarios. Aunque el reto es mayor –posibilidades de grandes ganancias, impronta personal, reconocimiento social...– el elevado riesgo de esta alternativa origina no pocas tensiones que son habitualmente fuente de desequilibrio entre quienes se embarcan en esta aventura y que dan lugar a que el empresario, con frecuencia, añore más calma en su vida y piense «quién me habrá mandado meterme en estos líos».

Ya lo hemos apuntado en otras ocasiones en este blog. Buscar un cierto equilibrio en todas las esferas de nuestra vida –personal, profesional, social...– es la clave para una existencia más satisfactoria. ¿Cuál es el problema? Que la vida, como también hemos visto, tiende a los extremos, ya sea por «exceso» o por «defecto». No iba descaminado Enrique Rojas cuando decía que «la felicidad es como un puzzle en el que siempre falta alguna pieza». Nunca la satisfacción es plena. Tener la madurez para aceptar que no se puede tener todo es una de las sugerencias para que nuestra vida sea lo más amable posible.

1 comentarios:

Pedja dijo...

Para mi la cuestión es que los seres humanos siempre anhelamos lo que no tenemos. Somos unos eternos insatisfechos y eso es lo que hace que la vida sea tan excitante y que progresemos.

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