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viernes, 2 de mayo de 2008

La vida no se vive en play–back

«La clave del éxito –me decía en cierta ocasión un directivo– consiste en atreverse a hacer el ridículo». Me encanta esta reflexión. Detrás de cualquier biografía reseñable hay tropiezos destacables. La experiencia demuestra que las personas más válidas en el largo plazo suelen ser habitualmente aquellas que acumulan más desengaños en su contabilidad personal. Paradójicamente, el mayor «acierto» es sumar «errores». Sin embargo, el error no está de moda. Álvarez de Mon lo expresa magistralmente: «La relación antagónica con el error es una de las asignaturas pendientes en la empresa de hoy. Los momentos fuertes de aprendizaje tienen mucho que ver con el error, que es una forma más de hacer las cosas, la equivocación que se asume en primera persona. En las empresas y en las escuelas hay demasiada presión por acertar. Errar y acertar son verbos inseparables».

Esquivar situaciones incómodas y dolorosas es una solución para no fallar pero inevitablemente se renuncia a crecer. Me gusta decir que «hay gente que nunca se ha equivocado pero toda su vida es un error». En algunas compañías norteamericanas, cada cierto tiempo, cuando el expediente de los directivos no presenta ningún borrón son invitados a marcharse. La razón es sencilla: una persona que no comete errores quiere decir que es demasiado conservadora, lo cual es peligroso en un mundo donde todo cambia rápidamente y como se suele decir «hay que correr mucho para quedarse en el mismo sitio».

Atreverse es sinónimo de evolución. Los ganadores se dan el permiso de equivocarse. Saben que la vida no se vive en «play–back» sino que es un continuo «directo» en el que no cabe poner el «pause» para detener el tiempo, ni «rebobinar» para cambiar determinados acontecimientos del pasado, ni pasar la cinta para delante para conocer lo que uno se encontrará en el futuro. Lo único que cabe es enfrentarse a la realidad, vivirla y sufrirla. Sin sufrimiento no hay crecimiento.

¿Cuál es el problema de fondo? Que al que se equivoca se le castiga; se le señala; se le ridiculiza. O eres perfecto o quédate quieto. Una pena. Sólo inyectando confianza alrededor –de esto ya hemos hablado largo y tendido, véase post 24/04/08 y también 30/10/07– la gente se atreve, falla, saca una enseñanza y evoluciona. Conseguir grandes resultados exige paciencia porque casi nada sale bien a la primera, a veces ni a la segunda ni a la tercera; todo tarda tiempo en llegar, y así debe ser, porque el sentido común dice que de otro modo todo el mundo conseguiría cualquier cosa.

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