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jueves, 12 de junio de 2008

Un mundo de contradicciones

Todo el mundo se queja de la situación económica actual, pero en el último puente hace apenas un mes –el de mayo– la ocupación hotelera estuvo en máximos. Así decía un periódico: «El viceconsejero de Turismo, Javier Aroca, avanzó ayer que la ocupación de los establecimientos hoteleros andaluces en el Puente del Primero de Mayo ha sido plena y destacó que supone un buen augurio para una buena temporada turística este verano. En declaraciones a los periodistas, Aroca resaltó la excelente respuesta de los turistas que recibe Andalucía a pesar de la recesión económica mundial».

¿Cómo es posible?

Me da la impresión que en ocasiones, cuando las cosas están mal, antes de reducir el consumo de bienes de «lujo» lo que hacemos es reducir el consumo de bienes «básicos». Parece una contradicción, entonces ¿por qué ocurre esto? El motivo, desde mi punto de vista, es que nos hemos acostumbrado a un modo de vida donde la presión del materialismo es extrema. En ese «modus vivendi» si uno no está en un determinado nivel no es tenido en cuenta, y una vez que se alcanza, bajar de escalón implica ser visto a los ojos de los demás como un perdedor, y nadie quiere sentirse como tal. «Antes muerta que sencilla», diría María Isabel.

A menudo, las «bonitas» apariencias (aunque sean huecas) venden más que las muchas veces «grises» realidades (aunque sean auténticas) (ver post 05/02/08). Hay personas a las que no les gusta mucho viajar, pero se ven en la terrible obligación de hacer las maletas y coger el avión para así «quedar bien» ante los ojos de los demás. Si hay algún destino de moda ésa es la alternativa a tomar porque eso «cotiza» más entre los amigos y colegas. Hay gente que preferiría darse una vuelta por el parque cercano a su casa y tomarse una cerveza tranquilamente en el bar de la esquina, pero es complicado resistirse a unas tentadoras fotografías que harán ganar puntos entre las amistades.

Esta situación en la que estamos inmersos donde «lo que piensan los demás importa más que lo que una piensa de mí mismo» genera una gran presión de la que no es fácil escapar y que, antes o después por su carácter insostenible, acaba estallando. Tan sólo gente con mucha personalidad que sabe distinguir lo «esencial» de lo «accidental» –ver post «Éxito (de verdad)», 29/05/08–, es capaz de abstraerse de ese «tsunami» de apariencias y navegar con la cabeza bien alta y sin complejos dejando al margen los abalorios y las lentejuelas.

El precio del petróleo está por las nubes y en máximos históricos y con previsiones de seguir creciendo, pero la semana pasada –y también ésta–, dado que había huelga del personal del SER que controla los parquímetros, todo el mundo se apresuró a coger el coche. Nos quejamos del precio del oro negro pero no nos privamos de hacer uso del automóvil y coger el transporte público. Resultado: cortocicuito circulatorio. ¿Incongruencias entre lo que pensamos, decimos y hacemos? A patadas.

No seré yo el que diga si estamos o no en crisis –la alegría va por barrios– pero el fin de semana pasado en una larga entrevista en «El País Negocios» a Carlos Slim, el titular del periódico destacaba las siguientes palabras: «Todas las crisis son oportunidades». Lo mismo pienso yo.

Dejo el link de la entrevista:
http://www.elpais.com/articulo/semana/Todas/crisis/oportunidades/elpepueconeg/20080608elpneglse_2/Tes/

4 comentarios:

Jose Miguel Bolivar dijo...

Fantástico el post, Francisco.

El problema es que la gente con personalidad que comentas suele tener problemas de aceptación, integración o como queramos llamarlos, porque de algún modo deja en evidencia a los otros, a los de comportamiento patético, cochazo último modelo... y nevera vacía :-)

JM

balhisay dijo...

Esta entrada me recuerda a la Familia Leguineche de La Escopeta Nacional.

carlinhos braun dijo...

Totalmente de acuerdo de nuevo con tu post.

A la gente le cuesta resistirse al "qué dirán". Y el gregarismo es mayor aún es España que en otros países, donde al individuo como tal y sus decisiones se los respetan más.

Eso sumado a la sociedad actual de imagen y "humo" en que vivimos, da como resultado lo que comentas en tu post.

Por eso, como tú bien dices y jose miguel bolivar comenta, para resistirse a la tentación de hacer las cosas de cara a la galería en lugar de hacerlas en función de lo que realmente nos gustaría, hay que tener una fuerte personalidad, y también una gran seguridad en uno mismo; puesto que esa necesidad de "aprobación" por parte de los demás es tan solo inseguridad (puesto que necesitamos que los demás nos reafirmen diciéndonos cuanto valemos).

Anónimo dijo...

Gracias por vuestros comentarios.

Efectivamente, Carlos. La necesidad de aprobación está relacionada con la inseguridad. Sobre la necesidad de aprobación escribí en varias ocasiones: 13/02/08, "El peso de la masa".
12/07/07, "Un pacto con las limitaciones.
Además, como también apuntas, la necesidad de aprobación en culturas latinas, y en concreto la española, es mayor porque la "necesidad de afiliación" es más fuerte. Necesitamos mucho más del grupo que otras culturas. Los vínculos familiares y de amistad son en ocasiones demasiado fuertes y generan dependencias.

Un abrazo,

Francisco Alcaide Hernández.

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