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viernes, 25 de julio de 2008

Nada es para tanto

La experiencia enseña que el problema que parece más grande, luego no lo es tanto; que el proyecto que a primera vista resulta imposible, siempre acaba saliendo adelante; que cuando nos da la impresión que el mundo se derrumba, se termina encontrando una alternativa.

Me gusta la fábula de «El asno disfrazado de león» que nos enseña cómo nunca «nada es para tanto». Así dice:

«Cierto día un asno encontró un paquete en el camino. Para su sorpresa, descubrió que contenía una piel de león. El burro se puso tan contento que se vistió el disfraz mientras exclamaba:

¡Estupendo!, justo lo que andaba buscando.

A continuación fue a admirar su reflejo en el agua de una charca cercana:

¡Ahora soy un león! ¡Voy a enseñarles a todos a no reírse de mí nunca más!

Y el burro se encaminó hacia el bosque con aire de superioridad. El primer animal con el que se encontró fue un jabalí. El pobre jabalí se dio tal susto que salió huyendo a toda prisa, se estrelló contra un árbol y cayó sin conocimiento.

¡Qué divertido!, se dijo el asno, satisfecho de su éxito.

Poco después se cruzó con un zorro que, al verle, quedó petrificado de terror.

Señor león, es usted un animal digno y noble. ¡Se lo suplico, no me devore!, imploró el zorro.

En poco tiempo el bosque entero era presa de una gran confusión a causa de ese falso león. Aterrorizados, los monos volaban de rama en rama y los conejos huían.

– ¡Qué divertido!, se dijo el asno. Si rugiera como un león, aún les daría más miedo.

Y se puso a rugir... al menos eso pensaba él, pues su rugido parecía un rebuzno. Entonces, un mapache que pasaba por allí exclamó.

¡Escuchad, escuchad todos! No estáis ante un león sino ante un asno disfrazado de león.

Y así fue como los animales del bosque, muy enfadados, descubrieron el engaño del borrico».

En definitiva, como afirma nuestro refranero: «Perro ladrador, poco mordedor»; o dicho de otra manera: «No es tan fiero el león como lo pintan». Relativizar dando a las cosas su justa importancia y mantener la serenidad sin perder la calma es la actitud más inteligente en tiempos de tribulaciones.

Hay que dar gracias a las dificultades porque nos dan la oportunidad de desplegar nuestras virtudes y crecer como profesionales y personas. Nos sacan de la apatía y la rutina y nos catapultan hacia la cima al obligarnos a echar el resto. William Ellery Channing afirmaba: «Las dificultades están hechas para estimular y no para quitar el ánimo. El espíritu humano debe fortificarse en la lucha». Un autor desconocido sentenciaba: «Muchas personas deben la grandeza de sus vidas a sus muchas dificultades».

Dejó una canción que sienta bien para este post. Está incluida dentro del álbum «Breathless» (Sin aliento) (1992) –el título lo dice todo– y tiene como intérprete a Kenny G con el saxofón. La canción se llama «Forever in love».