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miércoles, 6 de agosto de 2008

La cultura del envase

Dice Eduardo Galeano: «Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo, y la misa más que Dios. La cultura del envase desprecia los contenidos».

En otros post anteriores («Apariencias vs. Realidades», 05/02/08; o «Un mundo de contradicciones», 12/06/08) hemos hablado sobre este tema. Vivimos en una sociedad demasiado postiza en la que impera el cinismo y la hipocresía. Una sociedad en la que lo «políticamente correcto» (la dictadura de las democracias) está de moda y en la que la cultura del envase es el traje que más lleva.

Ya hemos citado a Galeano (Montevideo, 1940) en otra entrada (ver «El poder de la utopía», 21/06/07). Me gusta describirle como un perforador de la realidad. Alguien que no se queda en la epidermis de los temas sino que es capaz de ir más allá y adentrarse por los recovecos más difíciles. Un cirujano con la habilidad para abrir las tripas de la sociedad y enseñarnos sus entrañas tal y como son. Galeano destaca por su mirada desacostumbrada de la realidad alejada de los cánones tradicionales. Nos dice lo que otros –por prudencia, temor o necesidad de aprobación– no se atreven; alguien que toma distancia y ve con visión de caleidoscopio algo más que lo que los ojos son capaces de captar.

Sólo cito dos de sus libros que merecen la pena y que son un buen bálsamo para quien todavía no haya cogido vacaciones. El primero es Patas arriba. La escuela del mundo al revés (1998); y el segundo es Espejos. Una historia casi universal (2008).

La primera de las obras es un alegato a la autenticidad, una llamada a huir de ese «mundo al revés» en el que estamos inmersos. Galeano desmenuza con agudeza muchas cuestiones para mostrar la hipocresia en la que estamos instalados. Algunas de sus perlas son:

– «Las decisiones, la sartén por el mango, la tienen cinco países en el Consejo de Seguridad, que son los que pueden vetar. Fíjate tú, qué retrato del mundo, ¿no?... es increíble: las cinco potencias que velan por la paz son las cinco principales productoras de armas; quienes hacen el negocio de la guerra, se ocupan de la paz, en este mundo que está patas arriba».

– «Paradójicamente, muchos trabajadores del sur del mundo emigran al norte, o intentan contra viento y marea esa aventura prohibida, mientras muchas fábricas del norte emigran al sur. El dinero y la gente se cruzan en el camino. El dinero de los países ricos viaja hacia los países pobres atraído por los jornales de un dólar y las jornadas sin horarios, y los trabajadores de los países pobres viajan, o quisieran viajar, hacia los países ricos, atraídos por las imágenes de felicidad que la publicidad ofrece o la esperanza inventa».

La segunda de las obras –«Espejos: una historia casi universal» (2008)– es «el relato de los que hacen la historia sin saber que la hacen y sin que nadie les reconozca el mérito»; una obra en la que se ocupa de «los ninguneados del pasado», aquellos grandes olvidados que han hecho una contribución notable pero cuyo impacto ha pasado desapercibido. En un mundo en el que la «popularidad» cotiza más que el «prestigio» no es difícil encontrar personajes decentes que caen en el olvido.

En definitiva, y como decía José Saramago: «Vivimos la era de la mentira»; algo parecido a lo que sostiene Risto Mejide: «Estamos tan mentidos que hasta la verdad nos parece mentira»; lo mismo argumenta Pedro Ruiz: «La verdad es impopular aunque sea verdad» o «La verdad es una gran fortuna pero un mal negocio».

Para despedirme hoy rescato una entrevista que realizó hace algunos meses Jesús Quintero a Eduardo Galeano en su programa «Ratones colorados». Tiene dos partes (video 1 y 2) y creo que merece la pena. En otros post más adelante comentaré más cosas de Eduardo Galeano. Además, en mi libro de próxima aparición, «Fútbol: Fenómeno de Fenómenos» (LID Editorial), le cito en distintas ocasiones, porque como buen uruguayo –Uruguay fue el primer país en organizar un campeonato del mundo (1930) y el primero en ganarlo– es un gran seguidor del deporte rey.





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