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jueves, 11 de septiembre de 2008

Abre los ojos

Recientemente esuché a Eduardo Galeano decir: «Estos son tiempos de uniformidad obligatoria en todo. Nunca el mundo ha sido tan desigual en brindar oportunidades y tan parejo en los hábitos que impone».

Retomo una noticia que tenía guardada y que se publicó en abril de este mismo año. Lleva por título: «La pizza más cara de la historia». Y dice así: «Chris Clark, estadounidense de 43 años, ha hecho un negocio redondo. Tras haber comprado por sólo 20 dólares el dominio 'www.pizza.com' en 1994, un postor anónimo en una subasta se ha hecho recientemente con este portal por 2,6 millones de dólares (alrededor de 1,65 millones de euros).

"Es una locura", señaló Clark, residente en la localidad de North Potomac, en Maryland, y para quien esta venta supondrá una "significativa diferencia" en su vida, como aseguró en declaraciones a la cadena BBC. No en vano, su compra cuando Internet aún estaba en pañales le ha reportado un amplio margen de beneficio inimaginable cuando adquirió el dominio, sólo para lograr clientes entre pizzerías para su empresa de asesoramiento, que vendió en el año 2000.

En enero, Clark decidió también a sacar a la venta el nombre de la página de Internet tras escuchar cómo 'vodka.com' había dado a su propietario 3 millones de dólares. "Me dije, ¿por qué no intentar y ver cuál es el nivel de interés?", afirmó, consciente de lo jugoso de un nombre tan sencillo y tan universal.

De esta forma, la puja, que comenzó por unos escasos 100 dólares, pasó una semana después a los 2,6 millones definitivos, cifra con la que se cerró la puja el 27 de marzo. Ahora, lo único que lamenta el afortunado es no haberse hecho con más dominios en los noventa».

He querido traer aquí esta noticia, porque me da la impresión que seguimos funcionando con viejos paradigmas que se han ido instalando en nuestro cerebro y no nos aprovechamos lo suficiente de las nuevas oportunidades que tenemos al alcance de la mano. Una educación demasiado lógica, matemática y racional –necesaria pero insuficiente– nos permite hacer muy bien lo que hacemos pero no ir más allá y explorar nuevas posibilidades.

En más de una ocasión he citado en este blog una frase que es de cabecera: «El éxito no consiste en ser los mejores sino en ser diferentes». La dijo Michael Porter, profesor de Harvard, hace bastante tiempo. La receta está en ser originales, diferentes y potenciar la creatividad. Cuando uno la desarrolla, las ideas vienen solas. ¿Cómo se pone en marcha la creatividad? Convirtiéndola en hábito. No ande siempre por los mismos caminos; no se vea siempre con la misma gente y mézclese con personas de diferentes culturas, áreas de formación y edades; no cocine la misma receta siempre igual; interesese por disciplinas que nada tengan que ver con su especialidad; viaje a sitios poco frecuentes... Poco a poco verá cómo las mejoras son sustanciales y se le irán ocurriendo nuevas formas de hacer las cosas.

No se rinda a lo que existe. Vivimos en un mundo de infinitas posibilidades, basta con ir con los ojos y los oidos bien abiertos. Me gusta una frase que dice: «La belleza del desierto reside en que en algún sitio esconde un pozo». Hay gente que sólo ve arena, y hay personas que saben descubrir ese pozo. Las oportunidades están ahí. Sólo hay que captarlas. No hace falta ser un erudito de la ciencia, sino simplemente un tipo curioso. Me gustó lo que en una ocasión me dijo Eduardo Bueno, Catedrático de Organización de Empresas de la UAM: «En las últimas décadas la innovación se está produciendo por grupos sociales diferentes a los tradicionales o que incluso hemos ido marginando: bohemios, intelectuales, artistas, el colectivo gay... A este proceso lo estamos denominando 'sistemas emergentes'; procesos de abajo a arriba sin pautas fijas que van creando planteamientos nuevos y que la sociedad empieza a reconocer. Hemos pasado de una sociedad muy estructurada a una sociedad más abierta, innovadora y con menos reglas, y donde la tecnología cumple un papel protagonista en el cambio».

Cualquier persona –lo hemos visto con Chris Clark– puede tener «grandes ideas sencillas».

3 comentarios:

Julio Pérez-Tomé Román dijo...

Es asombroso. Acabo de publicar el post "1.000 formas de trabajar" en www.inno.me, que si lo sé antes podría haber aprovechado los dos últimos párrafos de este.

Ya se ve que la casualidad no existe.

Anónimo dijo...

Julio,

gracias por tu participación. Me alegro que consideres aprovechable ambos párrafos.

Un abrazo,

Francisco Alcaide

Anónimo dijo...

Julio,

gracias por tu participación. Me alegro que consideres aprovechable ambos párrafos.

Un abrazo,

Francisco Alcaide

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