miércoles, 3 de septiembre de 2008

Aprendiendo de los campeones

Durante mi estancia de vacaciones prácticamente no he seguido ningún tipo de información. Brevemente a través de una cadena extranjera pude enterarme del accidente aéreo de Barajas y alguna otra información sobre los Juegos Olímpicos como el éxito de Nadal o el de la selección española de baloncesto.

A la vuelta he recogido prensa atrasada para leer algunas cosas que me interesaban. Me he encontrado una entrevista en el XL Semanal a Michael Phelps –al que dedicamos anteriormente tres post– que merece la pena. Comento algunas de sus perlas de las que podemos aprender algunas lecciones:

«No hay nada que no pueda hacer en el agua». Cuando talento y actividad laboral se fusionan, cualquier cosa es posible. Para ello, es muy importante conocerse bien de tal modo que las fortalezas se expandan y las debilidades se compriman. El éxito, en gran medida, pasa por hacer el mayor número de veces aquello que sabemos hacer muy bien, y el menor número de veces aquello para lo que no estamos capacitados. Durante la entrevista, Phelps es preguntado: «¿Hay algo que usted sea incapaz de hacer?». La respuesta es de campeón: «Muchas cosas, pero prefiero concentrarme en aquello que sé hacer».

«It´s not every four years, it´s everyday». Es el lema que preside el complejo deportivo de la Universidad de Michigan donde entrena a diario el nadador norteamericano. La meta es una estación de llegada, lo importante es el camino. Cualquier logro destacable lleva los ingredientes del esfuerzo y la entrega sin límites. Honoré Balzac lo tenía claro: «La constancia es el fondo de la virtud». A preparar unos Juegos Olímpicos se comienza al día siguiente de acabar los recién terminados. La excelencia no se improvisa.

«Decían que no era posible superar a Mark Spitz. Pero ya ves, sólo había que echarle imaginación». Una de mis frases preferidas –la he citado aquí en varias ocasiones– dice: «Lo hicieron porque no sabían que era imposible». También Oscar Wilde afirmaba: «No digas es imposible, di no lo he intentado todavía». Sólo quien aspira a conquistar metas imposibles, se da cuenta que tales metas están al alcance de la mano. Poner límites a los sueños es de perdedores. Deberíamos aprender más de los niños. Su imaginación es infinita.

«Es realmente increíble lo que puedes llegar a hacer si realmente quieres». Su profesora de Lengua le dijo en cierta ocasión que no llegaría a nada en la vida. Como todo ganador, tomó las críticas como un acicate y le dio la vuelta a las previsiones. Ahora se ríe cuando recuerda las palabras de su maestra: «Me río con mi madre al recordarlo, pero lo mejor de lo que ha sucedido en Pekín es haber demostrado que la frase nada es imposible, no es sólo una frase».

«Sueño con la carrera perfecta, la tengo metida en la cabeza. Pero siempre hay algún imprevisto que la fastidia». Es inevitable. El guión mejor planificado siempre acaba haciendo aguas en algún momento. Quien tiembla cuando las cosas no marchan según lo previsto no puede volar muy alto. Los que logran cotas elevadas están acostumbrados a manejarse con cierta soltura en la incertidumbre y el cambio.

«Aún hay mucho por hacer: entrenamientos distintos, nuevas pruebas. Los próximos años serán muy divertidos». El ansia de competitividad siempre está presente en aquellos que buscan alcanzar objetivos grandes. Cuando acaba un combate ya se está pensando en el próximo reto. Acomodarse no va con ellos. Perder les enemista sobremanera y siempre tienen su mirada puesta en la siguiente conquista.