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viernes, 5 de septiembre de 2008

Braveheart

Hace unos días, en el post «Aprendiendo de los campeones» (03/09/08), un bloggero, Jesús, hizo alusión a la película Braveheart. Dije que haría un comentario sobre la cinta que reproduzco ahora de manera resumida sobre otro texto que escribí hace tiempo.

Título Original: Braveheart.
Director: Mel Gibson.
Intérpretes: Mel Gibson, Sophie Marceau, Patrick Mcgoohan, Catherine MacCormack
Oscar: Mejor Película, Mejor Director (Mel Gibson), Mejor Actor (Mel Gibson), Mejor Fotografía (John Toll), Mejor Maquillaje (P. Frampton, P. Pattison y L. Burwell), Mejor Efectos Sonoros (Lon Bender y Per Hallberg).
Año: 1995.
Minutos: 170 aprox.
Temas: Alianzas, Competencia, Determinación, Lealtad, Liderazgo, Pasión, Traición, Unidad, Venganza, Voluntad.

«Braveheart» narra la historia de William Wallace (1270–1305), aquí interpretado por Mel Gibson, un plebeyo escocés que a finales del siglo XIII lucha por la independencia de Escocia frente a la tiranía del rey Eduardo I de Inglaterra (Patrick McGoohan), apodado como «Longshanks».

Por esa época, el rey de Escocia había muerto sin hijos, por lo que Eduardo I reclama para sí el trono, intenciones a las que se opone el bando escocés. Ante la negativa de éstos, Longshanks les propone una tregua, motivo que éste aprovecha para asesinar a buena parte de ellos.

Tras la muerte de su padre y hermano –Malcolm (Sean Lawlor) y John (Sandy Nelson)– a manos de los invasores ingleses, William queda al cuidado de su tío. Años más tarde, Wallace regresa a sus orígenes natales y se casa en secreto con Murron (Catherine McCormack) para no tener que compartir esposa –según el decreto «prima notte»– con los ingleses. Poco después, sin embargo, es asesinada a manos de éstos. A partir de entonces, William, que quiere llevar una vida tranquila alejada de todo conflicto pasado, inicia la revuelta.

Tras derrotar al ejército inglés en la batalla Stirling (1297) –con un número de efectivos muy inferior a los ingleses–, William y el pueblo escocés, tras ser traicionados por los nobles de la zona, son derrotados en Falkirk (1298). Wallace es capturado y condenado a la horca y a la decapitación.

La lucha por la independencia de Escocia continuó posteriormente a la muerte de Wallace; en 1314, Roberto El Bruce se erigió como el estandarte de la rebelión y combatió a los ingleses hasta lograr la independencia escocesa en 1320. Fue coronado como el Rey Roberto I de Escocia.

A pesar de estar basada en hechos reales, la película fue duramente reprochada por la crítica inglesa debido a su falta de rigor histórico. No obstante, Mel Gibson aclaró que no era su intención realizar una película histórica, sino un relato heroico basado en hechos reales.

Con Escocia como escenario de fondo, la fotografía y la banda sonora –que recibirían un Oscar cada una– son dos de las aportaciones interesantes del largometraje. El despliegue de medios también fue considerable. En algunas de las escenas llegaron a participar más de 2.000 extras. Las interpretaciones, tanto de Mel Gibson como de Sophie Marceau, Patrick Mcgoohan y Catherine MacCormack también son destacables.

Muchas e interesantes son las lecciones de este celuloide para el mundo de las organizaciones:

1. Los «fines» son más importantes que los «medios»; y los «porqués» más relevantes que los «cómos». Como afirmaban los clásicos, «la causa final es la última en la consecución pero la primera en la intención». Es importante preguntarse siempre la razón de ser de nuestras decisiones. William, cuando apenas es un chico, ya ha aprendido esta lección de su padre:

Puedo luchar, dice el pequeño William.

Sé que puedes luchar –le contesta su padre– pero es la inteligencia lo que nos convierte en hombres.

Más adelante es su tío el que le enseña una lección parecida:

Primero aprende a usar esto [la cabeza] y luego te enseñare a usar esto [la espada].

2. La pasión sin límites en la causa –por encima de títulos universitarios, másters y diplomas– es lo que en la mayoría de las ocasiones hace posible la conquista de metas grandes. El afán de William por hacer respetar las tierras escocesas es indescriptible:

Ese Wallace no tiene ni rango de caballero, pero lucha con pasión y crea ilusión, dice Robert (Angus Macfadyen), decimoséptimo conde de Bruce y principal aspirante a la corona escocesa.

3. Sólo los imberbes –como el primogénito del rey de la corona británica (Peter Hanly)– piensan que hay batallas sencillas. Los más zarandeados por la vida, por el contrario, saben que cualquier afrenta entraña numerosos obstáculos que hay que eludir:

Ese Wallace es un bandido nada más, dice el hijo del rey Eduardo I.

¿Y cómo actuarías con ese bandido?, le pregunta su padre.

Como con cualquier bandido. Que el alguacil de la zona lo arrestre y le castigue en consecuencia, contesta sin dudar el inexperto.

Tras una bofetada de su experimentado padre, éste le advierte:

Wallace ya ha matado al juez y ha tomado el control de la ciudad.

4. La unión hace la fuerza. William, como buen estratega, sabe que en ciertas ocasiones buscar ayuda «externa» y juntar energías es la mejor alternativa hacia la consecución de los objetivos estratégicos. Las alianzas deben verse como oportunidades y no como amenazas:

No podemos hacerlo solos. Unirnos a los nobles es nuestra única esperanza, dice Wallace a su gente.

Más adelante, William trata de convencer a Robert sobre la posibilidad de hacer una alianza:

Juntos podemos vencer; y si vencemos tendremos lo que jamás hemos tenido, un país propio.

9. Las causas colectivas ceden al individualismo más despiadado cuando los privilegios disfrutados hasta el momento se ponen en peligro (en este caso los castillos y tierras de algunos nobles escoceses). Entonces, todo el mundo busca cubrirse las espaldas sin importarles demasiado la situación del resto.

10. El líder –como Wallace– genera seguidores entre sus pupilos cuando es él quien avanza varios pasos por delante de la tropa abriendo camino. De otro modo, el ímpetu inicial queda en agua de borrajas. En cualquier grupo hacen falta locomotoras y vagones.

11. Si la competencia fuese tan necia como algunos piensan, podríamos concluir que simplemente no existiría. Descuidar sus iniciativas demuestra desconocimiento de lo que acontece en la esfera empresarial. En ocasiones hay gente que no arma mucho ruido y pasito a pasito van comiendo terreno.

12. A veces, la «lealtad» en los negocios no es más que una mera estrategia artificial para alcanzar aquello que realmente desea. Así es el comportamiento de los nobles con los plebeyos escoceses; sus «buenas» intenciones iniciales no son más que una trampa para unirse al bando inglés y defender sus privilegios.

13. Wallace profesa la unidad y el trabajo en equipo por encima de los personalismos como mecanismo para derrotar al batallón inglés. Ese espíritu de conjunto promovido e impulsado por William entre los plebeyos escoceses es lo que les hace doblegar a los británicos en la batalla de Stirling. Los nobles, por su parte, sólo piensan en sí mismos. William, se lo echa en cara:

Hemos vencido a los ingleses, pero volverán, porque no estamos unidos.

14. Admitir la transitoriedad de la vida ayuda a ser más feliz y disfrutar con más ilusión las experiencias:

Todo hombre muere, afirma Wallace. Nadie vive eternamente. .

Minutos después, insiste en su particular visión de la vida:

Si os creáis enemigos a ambos lados de la frontera acabaréis muerto, le avisa Robert.

Wallace saca entonces su carácter:

Todos acabamos muertos, es sólo cuestión de cómo y por qué.

2 comentarios:

jesús dijo...

Hola Francisco,

Es curioso como el cine, a veces, nos ofrece lecciones humanas que nunca debemos olvidar. Fenomenal artículo.

Saludos,

Jesús - www.apuntesgestion.com

Anónimo dijo...

Gracias, Jesús.

Efectivamente, el cine es una de las mejores herramientas pedagógicas que existen.

Un abrazo,

Francisco Alcaide

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