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miércoles, 22 de octubre de 2008

Corazón y Mente

Hoy Valentín Fuster (cardiólogo) y Luis Rojas Marcos (psiquiatra), ambos residentes en Nueva York, han presentado su libro «Corazón y mente» (Editorial Espasa–Planeta), una publicación en la que se recogen 20 casos reales de pacientes entre los 7 y 92 años que acudieron a su consulta, y en los que se pone de manifiesto el vínculo y la fuerte relación entre el «corazón» y la «mente». En el trabajo ha colaborado Emma Reverter, que ha dado forma escrita a las reflexiones de ambos investigadores. De ambos y de su obra hablamos hace unos días (ver post 19/10/08, «Fuster & Luis Rojas Marcos: Toman el pulso a los ejecutivos de Wall Street»)

Según Fuster, actualmente Director del Instituto Cardiovascular del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, «un 50% de los pacientes que llegan a la consulta no tienen problemas de corazón sino en la mente». Interesante reflexión la del cardiólogo. Y aporta datos que lo explican: «Entre los 40 y los 50 años hay una gran ansiedad y una tendencia a la depresión, entre los 60 y los 80 prevalece la soledad, a los 80 se es muy vulnerable al concepto de mortalidad, pero a partir de los 90 cada día es mejor».

Por este motivo, para Luis Rojas Marcos, profesor de la New York University, «el optimismo es la mejor medicina, no para curar, pero sí para seguir los consejos de los médicos, por el convencimiento de que se va a superar la adversidad».

En el proceso de recuperación, la labor del médico juega un rol muy importante ya que es el encargado de transmitir ilusión y ganas de salir adelante. Según Fuster, «hoy los médicos se están convirtiendo en técnicos y hay negligencia en la comunicacion con los pacientes». Luis Rojas precisa este punto: «Si un sistema de salud sólo permite dedicar 15 minutos por paciente, es imposible que exista esa comunicación sobre las emociones que es tan necesaria».

Al final, lo que todos sabemos, que estar en un entorno rodeado de afecto, ilusión, gente positiva y estimulante, tener retos exigentes pero adsequibles, un sentido de vida, personas con las que compartir, etc. es muchas veces el mejor antídoto para cualquier enfermedad. Un buen número patologías tienen su origen en la mente.

Uno de los grandes problemas del aumento de la ansiedad, el estrés y los problemas físicos y mentales tiene su origen en una sociedad demasiado competitiva en la que la «dignidad» de las personas se mide según el número de ceros de la cuenta corriente. Así Valentín Fuster apunta: «Hay quien decide mantenerse al margen, pero los competitivos se convierten en 'tiburones', que son los que predominan en Wall Street. Para mantener la tensión beben y toman cocaína. Y eso al final se paga, a los dos años el cerebro se apaga».

Para Luis Rojas Marcos, uno de los indicadores del nivel de satisfacción de una persona, es indagar si «tiene una disposición optimista ante la vida. Suelen ser personas que captan el lado positivo de las cosas, disfrutan del espectáculo que les ofrece este mundo, hablan con facilidad y les gusta compartir con los demás sus disgustos y sus alegrías. Tienden a pensar que los problemas se solucionarán y sienten en su interior que la vida, en su conjunto, merece la pena».

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