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lunes, 13 de octubre de 2008

Crecer es aprender a despedirse

Es una frase que me dijo Risto Mejide cuando estuve con él hace un par de semanas y que creo plenamente acertada: «Crecer es aprender a despedirse».

En este blog he citado algunas frases que para mí son de referencia:

– «La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja».

– Y también: «No te tomes la vida demasiado en serio que no saldrás vivo de ella».

En cierto modo, «aprender a vivir es aprender a morir», ya que como decía Heiddeger, «vivir es ir muriendo». Bécquer en «La soledad» escribe: «Todo hombre que viene al mundo / trae un letrero en la frente, / con letras de fuego escrito, / que dice: Reo de muerte».

Tenemos fecha de caducidad en el calendario y cada día que pasa cae una hoja del mismo. Todo ello nos debe llevar a aceptar con naturalidad ese destino al que todos estamos avocados.

Escribo estas líneas a raíz de uno de los últimos post que escribí titulado: «Sentirse un perdedor» (ver 07/10/08). La vida de un directivo no es muy diferente a la vida misma. Antes o después, hay que aprender a despedirse. Quienes no lo soportan, están condenados a vivir amargados. El abandono de la poltrona supone renunciar a los privilegios de los que han gozado, a las lisonjas que se han recibido y al elogio con el que los aduladores han rendido pleitesía, lo que no siempre es fácil de llevar.

Cuando el futbolista Zinedine Zidane –el fichaje más caro en la historia del fútbol (13.000 millones de pesetas, unos 75 millones de euros en 2001)– colgó las botas, escribí un artículo titulado: «Zinedine Zidane y el adiós del directivo» (Cinco Días, 27/04/06). Allí decía: «Muchos directivos se resisten a poner punto y final a su carrera porque no soportan vivir “la otra vida”, la de los mortales, sin ovaciones ni elogios. Zidane, sabedor de su condición de mortal, admite la transitoriedad del éxito, dice adiós con naturalidad y discreción, se va sin causarle ningún trauma y sabrá ser feliz igualmente en su “otra vida”. Las palabras de Jean–Pierre Escalettes, presidente de la Federación Francesa de Fútbol, lo resumen: “Con 34 años, con sus cuatro hijos y su esposa, va a vivir su vida de hombre. No tengo dudas de que triunfará tras su carrera deportiva”. El propio Zizou concluía: “Soy una persona normal que va a vivir normalmente”». Tomemos ejemplo.

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