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sábado, 18 de octubre de 2008

De la confianza innata a la desconfianza aprendida

Acabo de terminar de leer el libro «Confianza» (Empresa Activa, 2008) de José María Gasalla (http://www.gasalla.com/) y Leila Navarro (http://www.leilanavarro.com.br/).

El libro me ha encantado. El tema es de vital importancia, tanto en lo personal como en lo profesional. Aquí hemos hablado en muchas ocasiones de este asunto (ver post «Confianza y autenticidad: un tandem irresistible», 24/04/08; y «El efecto Pigmalión», 29/10/07).

Como apuntan los autores «vivimos en un mundo marcado por la desconfianza. Si ya resulta difícil confiar en nosotros mismos, mucho más complicado es hacerlo en los demás. Desde niños comenzamos a construir nuestro pequeño búnker que nos aísla del mundo y nos protege de los peligros, evitamos hablar con desconocidos y la inseguridad es la norma que impera nuestro día a día. A todo esto hay que añadir que a lo largo de nuestra vida la confianza es puesta a prueba y sufre numerosas crisis. Sin embargo, no podemos vivir continuamente dudando de nuestras capacidades y sospechando de todo el mundo, ya que factores como éstos impiden nuestro progreso laboral y no sólo nos abocan al fracaso, sino también a la soledad».

Es una pena, sobre todo teniedno en cuenta como dice el título de este post, que la confianza es innata al ser humano, pero la traicionamos y aprendemos a ser desconfiados. El biólogo chileno Humberto Maturana lo explica bien: «Nacemos en confianza. Es una confianza instintiva, que nos dice que nada nos faltará. Confiamos en el regazo que nos acoge, en el pecho que nos alimenta, en esa voz que nos resulta tan familiar».

¿Cuál es la solución? Recuperar la confianza, aunque ello suponga nadar a contracorriente. «La desconfianza aísla a las personas, impide que se experimente y arriesgue, restringue su desarrollo». Y es que la desconfianza genera los siguientes comportamientos: por miedo a llorar, se evita a reír; por miedo al conflicto, se evita el compromiso; y así pasa con todo. En definitiva, como decía Graham Greene, «vivir la vida sin confianza es imposible. Es como estar aprisionado en la peor de todas las celdas, tú mismo». No se puede estar calculando constantemente porque el coste personal es altísimo.

También en el libro se recoge el Modelo de «Gestión por Confianza» (GpC) desarrollado por José María. Para Gasalla, en el que se explica cuáles son las 10 C´s sobre las que se sustentan la Confianza:

1. Competencia Profesional: si no dominamos la materia de la que hablamos o en la que trabajamos, ¿cómo van a confiar los demás en nosotros?

2. Claridad: los dobleces y segundas intenciones generan sospechas. Al pan, pan y al vino, vino. Vivimos en una sociedad muy cínica e hipócrita y eso nos distancia.

3. Consistencia: es la estabilidad de opinión y comportamiento a lo largo del tiempo. Es fácil vivir los valores puntualmente, lo complejo es hacerlo de manera sistemática.

4. Cumplimiento de la palabra dada: la mentira debilita cualquier relación humana. Restaurar la confianza cuando ha sido víctima de la mentira es muy complicado, porque habitualmente en este punto se cumple eso de que «quien hace un cesto, hace ciento».

5. Compromiso: con quien va dando bandazos, hoy te dice blanco y mañana negro, ¿qué proyectos se pueden llevar a cabo conjuntamente? Hay personas que son veletas, y se mueven constantemente según las circunstancias (las circunstancias cambian a cada instante).

6. Coherencia: sintonía entre lo que se piensa, dice y hace. A veces existe demasiada desunión. La dictadura de lo políticamente correcto, la necesidad de aprobación de los demás, los prejuicios... hacen que entre esas tres variables existan disputas.

7. Confidencialidad: en este blog (ver post «Sucedáneos de amistad», 05/07/08) hemos hablado de esta cuestión. Cuando lo privado se convierte en público pierde todo su encanto y la confianza sufre y se deteriora.

8. Complicidad: feeling, empatía, buen rollo, es básico para que la confianza cuaje.

9. Conciencia: Pregúntese con sinceridad. La conciencia, decía un pensador, es la voz del mismo Dios que habla. Pocas cosas generan más desazón que no tener la conciencia tranquila.

10. Correspondencia: es un principio básico, dar y recibir son primas–hermanas. En cualquier relación, aunque no sea al 50%, todo el mundo tiene que ser donante y receptor al mismo tiempo, de otro modo el divorcio está servido.

Además, el libro está sazonado de frases interesantes. Dejo dos que me han gustado:

– «Si perdiera la confianza en mí mismo, tendría al Universo en mi contra». Ralph Waldo Emerson.

– «La confianza es el líquido lubricante que hace posible el funcionamiento de las organizaciones». Warren Bennis.

Igualmente, en las páginas 128 y 129, se recoge un pequeño poema con el título «¡Confía!» que merece la pena y dice así:

No nacemos sabiendo, sólo confiando
Confiamos en los brazos que nos levantan de la cuna y nos acogen
En las palabras que nos enseñan, en los pasos adultos que nos guían
Confiamos en el beso que cura el dedo herido
Que guardarán nuestros secretos y cumplirán todas las promesas
Confiamos que el amigo al que le dejamos un juguete nos lo devolverá después

En el superhéroe que detiene a todos los malos
En el amor eterno de la primera novia
En la estrella fugaz que hace que se cumplan los deseos

Crecemos y nos hacemos sabios
Suceden muchas cosas y aprendemos a desconfiar
Brazos que se cruzan y nos niegan apoyo
Palabras dichas con la boca pequeña
Personas que nos conducen a callejones sin salida
Besos que hieren
Amigos que toman algo prestado y nunca lo devuelven

Héroes veletas
Amores que juran durar hasta el final de la vida, y que terminan a mitad de camino
Falsos brillos decadentes
Pero la confianza es parte de nuestra naturaleza
Y, ocurra lo que ocurra, nunca dejamos de confiar
Que haya brazos siempre abiertos
Las palabras sean de disculpa
Los pasos nos lleven de vuelta a casa
Los besos sean de reconciliación
Que los secretos sean olvidados, y las promesas, jamás
Que los amigos siempre nos recuerden
Los héroes reiman
Y que siempre haya una luz

Una voz en nuestro interior no para decirnos: ¡Confía!
Pues confiar es una forma de saber
Que en nuestra esencia vive el niño que nada sabe, que sólo confía.

Con José María Gasalla me veo el próximo miércoles, así que aprovecharé para felicitarle personalmente.

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