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jueves, 30 de octubre de 2008

Enseñanzas del Titanic

En el post de ayer dije que hablaría de la película «Titanic». Aprovecho para hacerlo ahora y reproduzco una crítica de «cine y management» que escribí hace algún tiempo para una revista. Es una película –y una historia– que siempre me ha parecido muy interesante para explicar muchas lecciones de interés para el mundo de las organizaciones.

Título original: Titanic (Titanic).
Director: James Cameron.
Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Billy Zane, Kathy Bates, Frances Fisher, Bernard Hill, Jonathan Hyde, Danny Nucci, Gloria Stuart, David Warner, Victor Garber, Bill Paxton.
Año: 1997.
Oscars: Mejor Película, Mejor Director (James Cameron), Mejor Fotografía (Russel Carpenter), Mejor Vestuario (Deborah Lynn Scott), Mejor Dirección Artística (Peter Lamont y Michael Ford), Mejor Banda Sonora en Drama (James Horner), Mejor Sonido (Gary Rydstrom, Tom Johnson, Gary Summers y Mark Ulano), Mejor Canción (James Horner por “My heart will go on”), Mejor Montaje (Conrad Buff, James Cameron y Richard A. Harris), Mejores Efectos Visuales (Robert Legato, Mark A. Lasoft, Thomas L. Fischer y Michael Kanfer), Mejores Efectos Sonoros (Tom Bellfort y Christopher Boyes).
Minutos: 187 aprox.
Temas: Complejo de Infalible, Enemigo pequeño, Gestión de Tensión, Infelicidad, (Falta de), Prepotencia, Prudencia, (Falta de) Valores.

Estrenada en el año 1997, «Titanic» es una película con dos historias paralelas. Por un lado, la propia biografía del transatlántico; por otro, la historia de amor entre una joven de la alta sociedad inglesa –Rose Dewitt Bukater (Kate Winslet)– comprometida con un adinerado hombre de negocios norteamericano –Cal Hockley (Billy Zane)– y su amante, un joven pintor bohemio –Jack Dawson (Leonardo DiCaprio)– que gana su pasaje a la embarcación en una mano afortunada de póker.

La búsqueda de un valioso diamante en las aguas del océano por una expedición del Titanic nos sumerge en esta cinta. Una anciana superviviente del naufragio relata a modo de flasback la historia del buque y su romance con el joven Dawson.

Detrás de la historia del Titanic se encuentra la White Star Line, compañía fundada en 1845 por Henry Threlfall Wilson y adquirida en 1867 por Thomas Henry Ismay. La White Star Line estaba formada por una línea de naves de vela marítimas usadas principalmente en comercio alrededor de los campos de oro en Australia. Hasta ese tiempo, la compañía Cunard, centrada en la ruta del Atlántico, carecía de competencia en el transporte de pasajeros que cruzaban de un continente a otro; en 1873, el sexto barco de la White Star, el Baltic, rompe el récord de velocidad en el Atlántico, convirtiéndose en el principal rival de la Cunard.

Bruce, hijo de Thomas Henry, se une a la compañía como socio en 1891 y toma el puesto de su padre cuando éste muere en 1899. En 1902, la compañía es vendida a la International Mercantile Marine Co., propiedad del financiero americano J. P. Morgan, quien se interesó por compañías de barcos debido al aumento en el número de pasajeros inmigrantes a los Estados Unidos. Bruce Ismay quedo entonces como director de la compañía.

En 1907, el astillero Harland&Wolff es encargado de la construcción del Titanic. 42.000 toneladas de peso, 260 metros de eslora, 30 metros de alto, y un coste de 1,5 millones de libras esterlinas eran sólo algunos de sus espectaculares datos. Las compañías aseguradoras, convencidas de la insumergibilidad del buque, redujeron considerablemente sus primas.

El 31 de mayo de 1911, el Titanic era botado por primera vez, y casi un año después, a las doce del mediodía del miércoles 10 de abril de 1912, partía del puerto de Southampton (Inglaterra), en su viaje inaugural. Su primera parada: Cherbourg (Francia), donde llegaría a las 17:30; horas más tarde, sobre las 20:30, es elevada el ancla rumbo a Queenstown (Irlanda); poco antes del mediodía del día 11, el Titanic arriba a su destino en la que sería su última parada antes del hundimiento. En torno a las 13:30 zarpaba rumbo a tierras americanas.

El presupuesto de la cinta también fue considerable: 200 millones de dólares y un impresionante despliegue de producción, en el que Cameron contó con la ayuda de su hermano –ingeniero aeroespacial de la Nasa– para el diseño del submarino.

Con 14 nominaciones –como «Eva al Desnudo» (1950)– y 11 estatuillas –como la mítica «Ben–Hur» (1959) y más tarde «El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey» (2002)–, esta película se ha convertido en una de las grandes del séptimo arte.

Destacamos de este metraje las siguientes enseñanzas para el mundo de la empresa:

1. La prepotencia –epidemia muy extendida en el escalón más alto de la jerarquía empresarial– es un rasgo característico de quienes creen saberlo todo y nunca se equivocan. Los hechos, sin embargo, con relativa cierta frecuencia, ponen en su sitio a aquellos que se encuentran dominados por este tipo de complejo de superioridad:

Así que éste es el barco que dicen que es insumergible, señala la madre de Rose.

Y es insumergible –apunta Cal Hockley–, ni Dios podría hundirle.

Minutos más tarde, Bruce Ismay –inspirador del Titanic– y el señor Andrews –el ingeniero naval– son quienes ensalzan las grandezas del buque:

Es el objetivo móvil más grande construido por la mano del hombre en toda la historia y nuestro ingeniero naval el señor Andrews lo diseñó desde la roda al timón.

Es cierto que lo he construido yo, pero la idea fue del señor Ismay. Sugirió un buque de vapor de una envergadura tan grande y con un equipamento tan lujoso que su supremacía jamás sería puesta en duda, y en él estamos. Ahora es una sólida realidad.

(...) Por cierto ¿A quién se le ocurrió el nombre de Titanic? ¿Fue a usted Bruce?

La verdad es que sí. Quería que vieran la idea de su tamaño. Un gran tamaño significa estabilidad, lujo y sobre todo, fuerza.

Desgraciadamente, en la madrugada del 15 de abril de 1912, a eso de las 2:20, dos horas y cuarenta minutos después de la colisión, el «buque de los sueños», como se le vino a llamar al Titanic, se hundía a 3.800 metros de profundidad en las gélidas aguas del Atlántico Norte. De las 2.229 personas que iban a bordo entre pasaje y tripulación, tan sólo sobrevivieron 705.

2. No hay que confundir experiencia con infalibilidad. «La vida –solía decir Charles Chaplin– da tiempo nada más que para ser amateur». Estimular la prudencia es una de las asignaturas pendientes de un buen número de gobernantes. Los años, son un componente de innegable ayuda para no fallar, pero en un entorno dominado por el cambio, reproducir comportamientos como un autómata no es lo más aconsejable. El Capitán Smith, con más de tres décadas de travesías a sus espaldas, cometió el error de no prestar atención a las numerosas advertencias que informaban de grandes masas de hielo en el océano:

Disculpe señor, han avistado icebergs, el aviso proviene del norte, le comenta un marinero.

No se preocupe. Es normal en esta época del año. Además, doblaremos la velocidad; he ordenado encender las calderas que faltan.

Brock Lowett (Bill Paxton), el director de la expedición, en su conversación con la anciana Rose (Gloria Stuart) precisa bien lo que se quiere explicar:

Treinta y seis años de experiencia jugaban en su contra. Supuso que avistarían cualquier obstáculo que pudiera hundirles y tendrían tiempo para mirar. Pero el buque es muy grande y el timón es muy pequeño. No sirve para mirar rápido. Nada de lo que él conoce le sirve.

3. Es normal que cuando uno se lanza a una aventura empresarial piense que le va a ir bien, entre otras cosas, porque si no fuese así, no la llevaría a cabo. Pero el optimismo debería ser moderado. Siempre hay que contemplar la otra posibilidad ¿Qué haré si me va mal? Hay que prever alternativas –¡para casi todo! – por si las cosas no transcurren como uno esperaba. La diversificación es un principio elemental y básico del mundo empresarial que jamás debería olvidarse. La vida –ni en lo profesional ni en lo personal– es una línea recta y antes o después los contratiempos aparecen en escena. Por desgracia, con frecuencia, los business plans se diseñan con un optimismo ciego:

Señor Andrews, he hecho un cálculo mental y con el número de botes salvavidas multiplicados por la capacidad que mencionó, lo siento, pero no son suficientes para los que vamos a bordo, advierte la señorita Bukater.

Sólo hay capacidad para la mitad –contesta éste–. En realidad diseñé un nuevo tipo de pescantes donde cabía otra hilera de botes al lado de los que están, pero algunos pensaron que la cubierta parecería demasiada abarrotada así que se denegó la proposición.

Con los que hay ya es un desperdicio de espacio para un barco insumergible, afirma el engreído Cal.

Duerma tranquila señorita Rose. He diseñado un buque fuerte y muy marinero, es el único salvavidas que necesita, insiste el Señor Andrews.

4. Los puestos de Alta Dirección se justifican, entre otras cosas, por dar la cara ante las dificultades más graves. Algunos mandos, sin embargo, en cuanto se presentan los primeros inconvenientes, son expertos en escurrir el bulto y desaparecer del mapa. Éste es el caso de Cal, quien no tiene ningún reparo en hacerse pasar por padre de una niña con tal de poder embarcarse en uno de los botes reservados a las mujeres y los niños.

5. La competencia nunca está quieta. Menospreciarla bajo el pretexto de que se ocupa una posición de dominio –por grande que sea– es una insensatez. Jack Dawson, un tipo aparentemente con poco futuro y objeto de continuas mofas por los amos del universo de primera clase –como los llama la señorita Dewitt Bukater–, es quien finalmente acaba seduciendo y conquistando a la joven Rose (minutos 50–65).

6. El dinero –del que presumen muchos altos cargos– no es garantía de felicidad de nadie. Rose, profundamente insatisfecha con su situación entre la jet–set, navega en medio de toda esa sociedad desprovista de valores y vacía de contenidos –a la que no duda en llamar «cueva de serpientes»– cuyo único objetivo es amasar y amasar:

Veía toda mi vida como si la hubiera vivido. Un desfile incesante de fiestas y cotillones, yates y partidas de polo. Siempre rodeada de la misma gente y sus banales conversaciones. Sentía como si estuviese al borde de un gran precipicio sin nadie que me ayudara a no caer, sin nadie a quien yo le importara o se fijara en mí...

7. La avaricia rompe el saco. Saber ceder a ciertas propuestas irresistibles y no dejarse llevar por una ambición sin límites también es importante en el ámbito de la empresa. La mayor parte de las crisis –como hemos repetido incansablemente– son producto de la ambición desmedida y sin referentes que llevan a asumir riesgos excesivos sin control:

Así que no ha encendido todas las calderas, pregunta el señor Ismay.

No, no hay necesidad. Llevamos una velocidad excelente, contesta el capitán.

La prensa conoce el tamaño del Titanic, ahora quiero que se maravillen con su velocidad. Tenemos que ofrecer alguna noticia. Este viaje inagural del Titanic debe aparecer en titulares.

Preferiría no forzar las máquinas hasta que estén rodadas, vuelve a repetir el capitán.

Sólo soy un pasajero. Dejo en sus manos decidir qué es lo mejor. Pero sería un glorioso final para su última travesía si llegásemos a Nueva York con un día antes. Sorprenderíamos a la competencia y saldríamos en los periódicos. Se jubilaría con un gran éxito.

8. La capacidad de soportar altas dosis de presión es lo que a menudo justifica que se cobren sueldos más elevados. No todo el mundo está preparado para ello, hay que estar hecho de una pasta especial. En la cinta, cuando el caos se apodera de los pasajeros, uno de los marineros es el encargado de controlar el acceso al reducido número de botes. La situación le supera y tiene que hacer uso de su arma en un par de ocasiones matando a dos pasajeros ante sus intentos por embarcar. Poco después, es él quien se suicida (minutos 135–142).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado las enseñanzas del Titanic. A pesar de que es una película que me gusta mucho no había prestado atención a tantas enseñanzas. Interesante el análisis y la relación crisis y comportamiento humano.

Felicidades por el blog.

saludos,

Pedro Ramírez.

FAH dijo...

muchas gracias amigo por tus comentarios y, sobre todo, por tu participación.

un saludo,

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