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viernes, 10 de octubre de 2008

La pasta de dientes y la crisis

Hace ya algunos años leí la siguiente historia, aunque no recuerdo muy bien dónde. La reproduzco ahora que vivimos tiempos menos prósperos que en años anteriores:

«¿Crisis? ¿Quién ha dicho crisis? En cierta ocasión, comentaba un empresario, al respecto, que cuando llegaban malos momentos a un negocio había que hacer como con la pasta de dientes. Al principio de estrenar el tubo, se gasta alegramente. Al final, cuando está casi agotado se estruja aquí y allá y parece mentira la cantidad de pasta que queda en su interior. Y eso mismo lo aplicaba a su compañía. Cuando van mal las cosas, se ajusta de un sitio y de otro y crecen las posibilidades de pervivencia de la empresa. Igual que crece la cantidad de veces que nos podemos limpiar los dientes como el mismo tubo».

Sabemos que el Beneficio se calcula como la diferencia entre Ingresos y Gastos. Toda empresa pretende siempre maximizar la pata de los ingresos y minimizar la pata de gastos. En épocas de crisis, las recomendaciones sobre este principio pasa por dos soluciones.

Primera. Poner más presión sobre los motores o pedalear más fuerte. Si en épocas de crecimiento cualquier proyecto se puede vender, en épocas de recesión para cerrar una venta hay que hacer el doble de propuestas. Levantarse más temprano y acostarse más tarde es la consigna.

Segunda. Un control de costes más exigente. En cualquier compañía hay gastos innecesarios o redudantes. Por otro lado, aprender a apretarse el cinturón también es una gran virtud. Si bien en épocas de alegrías está bien ser condescendientes con el monedero, en épocas de tristezas está bien controlar cada euro que sale del bosillo. Como hemos dicho en otras ocasiones, hay que aprender a estar a las duras y las maduras.

Añadiríamos una última cosa. Diversificar, esto es, no comer de una sola mano, es un principio universal del ámbito de la empresa. Ninguna biografía –personal o empresarial– es una línea recta, por lo que prever y consolidar alternativas es una de las decisiones más inteligentes que se pueden tomar. Concentrar todo en una sola carta no es una buena estrategia, pues si bien puede haber momentos de alta rentabilidad, antes o después, como decía Heráclito, «todo pasa, nada permanece»..