martes, 7 de octubre de 2008

Sentirse un perdedor

Leo en la prensa la siguiente noticia: «Un hombre angustiado por sus problemas financieros mata a su familia y se suicida». La crónica resumida dice así: «Un hombre de 45 años de Los Ángeles que aparentemente estaba angustiado por problemas financieros ha matado a su esposa, a sus tres hijos y a su suegra antes de suicidarse (...). Los cuerpos de la esposa de 39 años, la suegra de 70 y tres hijos –de 19, 12 y 7 años– fueron hallados en los dormitorios de la casa. El hombre, un ex empleado de una gran firma financiera, PriceWaterhouse, tenía un postgrado en Finanzas, pero se enfrentaba a problemas para encontrar un empleo y dejó tres cartas en el hogar detallando sus problemas económicos».

Con la prudencia que requiere un caso así, pero me da la sensación que muchos casos que tienen consecuencias como las descritas, la causa de ese final no es la crisis financiera sino las presiones sociales en las que vivimos que implican que al que baja de escalón es visto como un perdedor, y si hay algo que nos duele a los humanos es ver nuestro orgullo herido.

Empleado de una de las firmas top del mundo de la consultoría y auditoría, buen sueldo, estatus, reconocimiento... y de repente de la noche a la mañana fuera de ese círculo. El teléfono empieza a sonar menos, las invitaciones se reducen drásticamente y a uno se le considera un segundón. Kay Ash, fundadora de Mary Kay Cosmetics, decía en cierta ocasión: «Hay dos cosas que la gente valora más que el dinero: reconocimiento y elogio».

En las business schools se enseña a cómo alcanzar el éxito pero ninguna tiene entre sus programas de formación asignaturas de este tipo: aprender a gestionar el fracaso, aprender a despedirse o aprender a bajar de escalón.

En esta vida, casi nada es eterno. Por ello, hay que aprender hay subir y también a bajar. Está bien disfrutar de los privilegios que el puesto y la vida nos brindan, pero también hay que ser consciente de que prácticamente todo es pasajero. Tener un excesivo apego a lo material genera muchas frustraciones. Como me decía el artista Pedro Ruiz en cierta ocasión: «Nos enseñan pocas cosas buenas, pero hay una que nos falta a todos: Sencillez».

Desde mi punto de vista, uno de los mayores males sociales es el materialismo salvaje en el que vivimos instalados. El dinero es bueno y permite muchas posibilidades, por eso a las cosas de las que disfrutamos se les llama «bienes» (de otro modo se las denominaría «males»), pero cuando el escrutinio de cualquier cosa se hace en términos únicamente monetarios pierde una parte de su valor.

No es fácil abstraerse de todo lo que nos rodea –vivimos en un mundo de lentejuelas y abalorios del que todos participamos– pero aprender a distinguir lo «esencial» de lo «accidental» –ver post «Éxito (de verdad)», 29/05/08– es vital para no verse arrollado por ese voraz tsunami que es el dinero, que como también me decía Pedro Ruiz, «es la libertad de los cobardes, la dictadura de las democracias y un arma de destrucción masiva».

Dejo el link de la noticia comentada:
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/10/07/internacional/1223335903.html