«Tu capacidad de aprender es tu principal activo y la mejor forma de aprender es de ‘los mejores’»   |   www.aprendiendodelosmejores.es        «El futuro no existe, es sólo un resultado, el resultado de lo que hacemos cada día»   |   www.tufuturoeshoy.com

domingo, 2 de noviembre de 2008

La falta de afecto nos hace crueles

En la película «Al este del Edén» (1955), de Elian Kazán, en una de las escenas, Julie Harris (Jo Van Fleet) –Oscar a la Mejor Actriz de Reparto– dice: «La falta de amor hace a los seres crueles».

Digo esto porque hace unos días, un periódico recogía en sus páginas: «El 'monstruo de Amstetten' mantuvo también encerrada durante años a su propia madre. La ocultó bajo llave hasta que murió 'como una prisionera' en su casa en Austria».

¿Cómo es posible un comportamiento tan cruel?

El artículo lo desvela: «El 'monstruo de Amstetten', Josef Fritzl, el hombre que encerró y violó durante 24 años a su hija Elizabeth en un sótano oculto de su casa y con la que tuvo una 'familia B' a varios metros bajo tierra, ya tuvo una primera experiencia de carcelero con su propia madre, según varios diarios austriacos. Los periódicos locales se hacen eco de un informe de los psiquiatras que tratan a Fritzl. Este austriaco de 73 años mantuvo presumiblemente a su madre encerrada en un altillo, amarrada a una cama y con las ventanas tapiadas hasta su muerte en 1980, cuatro años antes de que decidiera a secuestrar a su propia hija, con la que tuvo hasta cuatro hijos. "Me crió sola, pero nunca me dio cariño", se ha justificado el 'carcelero'. "Me daba palizas, me golpeaba hasta que me dejaba en el suelo sangrando. Nunca recibí un beso de ella o un abrazo", añade Fritzl, según una de las psiquiatras».

Apunto tres ideas:

1. Desde mi punto de vista, el afecto es la necesidad más universal del ser humano. Nunca falla. Con independencia de la latitud en que nos encontremos –países nórdicos, latinos, anglosajones...– todo el mundo necesita sentirse querido. El abandono emocional es el origen de multitud de inseguridades y patologías que antes o después acaban manifestándose. El autor de «Tus zonas erróneas», Wayne W. Dyer, decía: «Si pudiésemos leer la historia secreta de nuestros enemigos hallaríamos penas y sufrimientos suficientes para desarmar toda nuestra hostilidad». Cuando uno conoce la intrahistoria –como decía Unamuno– de cada persona no es difícil establecer correlaciones entre falta de afecto y conductas inhumanas que en algunos casos son explícitas –como con los dictadores– y en otras –así sucede en la empresa muchas veces– disfrazadas por medio de otro tipo de comportamientos más sutiles.

2. Desde mi punto de vista, un entorno afectivo sólido es la variable más determinante de la felicidad humana. Incluso cuando las circunstancias son adversas –o muy adversas– y se está rodeado de afecto uno puede encontrar sentido a cualquier situación e incluso afrontarla con alegría y optimismo. Hay mucha gente enferma más feliz que mucha gente sana. La satisfacción –tranquilidad en el orden interior– permite cabalgar con brío ante cualquier obstáculo.

3. Cuanto más afecto se tiene alrededor –el «intorno» es solvente– menos dependencias del «entorno» y menos necesarios son los abalorios y las lentejuelas propios del materialismo, que son el recurso de los más inseguros para ganarse el respeto y la admiración de terceros. Cuando uno está contento con lo que es –en eso consiste la autoestima (la percepción que tenemos de nosotros mismos y que está muy basada en el afecto recibido)– no se tiene necesidad de buscar nada fuera.

2 comentarios:

Pedja dijo...

Nada hay más importante y eficaz que el afecto, te dijo un día Valdano y es verdad. Cuando quieres y aprecias a los demás recibes lo mismo de los otros y sin afecto no podríamos vivir, ¡buen post!!!, un abrazo.

FAH dijo...

Cierto, Pedro. Algo parecido a lo que me dijo Jorge Valdano, me lo dijo también el Consejero Delegado de Vodafone, Francisco Román: "Lo único importante de verdad es el afecto".

Un abrazo hacia la City,

Publicar un comentario en la entrada