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martes, 4 de noviembre de 2008

La serpiente y la luciérnaga

Cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día y ella no desistía, dos días y nada. En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:

¿Puedo hacerte tres preguntas?

No acostumbro dar este precedente a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar.

¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

No.

¿Yo te hice algún mal?

No.

Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

Porque no soporto verte brillar.

Preparo un artículo que saldrá en breve que lleva por título: «La gestión de la envidia». La envidia es ese sentimiento negativo –yo diría que de los peores– que nos corroe por dentro y nos hace profundamente infelices. Miguel de Unamuno escribía: «La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual». Una persona dominada por la envidia vive en un estado de amargura y desazón permanente porque nunca está contenta con lo que tiene o hace.

El artista Pedro Ruiz –del que hablamos ayer– en su libro «RuiZcionario» (Ediciones B, 2006) –un libro que merece la pena– escribe acerca de la «Envidia»:

1. Pasión cobarde que cuanto más se tiene, más se oculta.

2. Reconocimiento del propio fracaso.

3. Cáncer de la alegría. Comadrona de la maldad.

4. Palabra que empieza por la letra E, como España.

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