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lunes, 3 de noviembre de 2008

Radiografía de un rebelde

Tuve la ocasión de conocer al artista Pedro Ruiz las Navidades pasadas. Me invitó a su último espectáculo teatral que llevaba por título «Pandilla de Mamones» y luego pude entrevistarle para la revista Executive Excellence. El titular de la entrevista fue: «Pedro Ruiz: Director General de Sí Mismo»; y la primera frase destacada de la entrevista era: «El dinero es un arma de destrucción masiva». Otras muchas perlas fueron: «El dinero es la libertad de los cobardes»; «la democracia es la dictadura del dinero»; o «cada día nos cuesta más caro vivir peor».

Pedro Ruiz, es un personaje incómodo para muchas personas –siempre pasa con quien se desmarca del discurso políticamente correcto– porque dice cosas que no siempre agrada escuchar a muchos y eso le ha costado no pocas enemistades que le han ido cerrando puertas por el camino.

Hablo de Pedro Ruiz, porque ojeando alguna documentación me he encontrado con una entrevista que le hacía un periodista hace tiempo y sus respuestas me han hecho pensar. La entrevista es de 1998 pero merece la pena y sus sentencias valen para hoy día. Sólo dejo algunas preguntas y respuestas que he extraído y que me han gustado.

¿Cómo se puede vivir instalado entre la admiración y el reproche?

Es un milagro que cansa mucho. Un día me decía Fernando Rey: «Esto tuyo es el triunfo de un perdedor». Creo que he perdido bastante más de lo que he ganado por fuera, en cambio por dentro me sigo sintiendo con derecho a decir todo lo que pienso. Me traiciona mi sentimiento de rebelde y estoy acostumbrado a vivir siempre en el filo de la navaja. Nunca he sido un hombre cómodo. Por otro lado nunca he tenido el ansia de abarcar ni dinero, ni ambición. Mis inquietudes han sido rentables unas veces y otras me han dado problemas. Pero al final celebro las dificultades más que las ventajas. Prefiero pagar el precio que me da mi audacia al que me da mi miedo, y por supuesto, no estoy dispuesto a pasar por los aros de los clanes en un momento donde los clanes son los que mandan en el mundo de la comunicación. Mandan lo que yo llamo la 4M: Mafiosos, Mangantes, Mediocres y Maricones (no me refiero aquí a los homosexuales que merecen todos mis respetos).

¿Y cómo se viven esos momentos de silencio obligado, de veto?

El desierto mayor que he vivido ha sido durante estos últimos cinco años, donde no he hecho ni teatro porque no estaban las condiciones apropiadas para ello. De todas formas, aunque han sido momentos duros creo que constituye el mayor éxito de mi vida porque lo he vivido con entereza, disciplina –nada de tabaco, ni alcohol– y mucho deporte. He disfrutado de las cosas sencillas y he recuperado una dimensión bastante sincera del ser humano: el deporte, un juego con unas reglas iguales para todos. El que gana es quien más pelotas ha metido o quien corre más, no el hijo del Consejero Delegado o la hija del Presidente.

En su libro «El Estado y la madre que lo parió» analizas los entresijos del poder y creas una especie de «manual de autodefensa contra el Estado» que recomiendas a los ciudadanos para poder escapar de semejante criatura. ¿Cómo ves tú a ese poder y qué tácticas sigue?

El poder es inmisericorde, no tiene amigos de conciencia. Un día preguntaron a Juan March por qué no se dedicaba a la política y él dijo «para qué si ya mando en los políticos». Los políticos no hacen más que lo que el dinero les deja hacer. Creo que hay políticos limpios, que hay gente bien intencionada, pero estamos en una sociedad de mercaderes y estos son los que empujan y cambian las cosas.

Y por curiosidad, ¿cómo se juega en ese mundo sin perder –como dices– la libertad?

Perdiendo dinero. He descubierto que la libertad de un hombre radica en su capacidad de renuncia, en no importarte tener malas temporadas o estar frente al sistema o al margen de él. Voy siempre contra corriente, no me gusta estar de moda, quiero ser un clásico de mí mismo y si un día triunfan mis canciones, estupendo. Y si por no pagar cuarenta millones de pesetas a la Ser no ponen mis canciones –todos sabemos cómo funciona–, pues tan contento.

Con la mano en el corazón, ¿eres tan sincero como aparentas?

Habrá que sospechar que no... Digo esto porque habrá que comprobarlo. Yo también miento en defensa propia.

Presumes de tu rebeldía, pero a cambio ¿qué propones?

Yo propongo irse al mar, rascarse la ingle y ver el atardecer. No quiero ni pretendo solucionar esta sociedad, cada cual que se las componga. No tengo ideas para la generalidad, cada uno debe intentar ser bueno en su entorno y punto. «Sólo soy un hombre que pregunta qué tendrá que ver este mundo con la vida», digo en el estribillo de una de mis últimas canciones.

¿Se te escapa el ego de las manos tantas veces como dices?

Cada día un poco menos. Por sentido pragmático, por ganas de no imponer, discutir o convencer.

No obstante tus declaraciones provocan, tienen cierto peso...

No, peso no. Sé cómo revolucionar a una opinión pública que se encandila con "Tómbola". Esta es una sociedad con muy poca cultura, la edad mental media del público no pasa de los trece años –estos datos no me los he sacado yo de la manga, son datos de un estudio reciente–. Aquí sólo interesa la vida de los demás –especialmente la vida de la entrepierna de los demás–, lo cual anula automáticamente todo tipo de reflexiones elevadas. Mira, hemos vivido un ratito de vida –sólo 1998 años– y vamos a pagar un precio elevado porque la naturaleza afortunadamente se rebelará. Hay una cuarteta de mi próximo libro que dice «avanza el cemento, crece el hormigón, a tomar por el culo la vegetación». Eso sí nos debería de importar. Algún día los bosques se pondrán en su sitio, habrá un temblor de tierra, el niño se hará mayor y todo ello nos pondrá en nuestro sitio, porque no debemos de olvidar que la tierra estaba antes.

En tu vida te has reído de todo o de casi todo, pero ¿de qué no te reirías nunca?

De los sentimientos de los demás y sus desgracias. De las cuestiones que afectan a la intimidad y el alma de los otros. Eso no forma parte del decorado sino de las dudas en las que estamos instalados, por lo tanto son respetabilísimas.

Dices que todo lo que posees de valor lo llevas puesto. Además de lo que se ve, ¿qué llevas puesto en este momento?

La cabeza y el corazón, o mejor, el corazón y la cabeza. A raíz de lo que he sido y soy, uno puede tener una casa confortable como ésta, pero tengo claro que no me ata, por eso cuando he tenido enfrentamientos con el poder han medido mal y han creído que me asustarían asediándome en la cuestión económica. Soy capaz de empezar de cero mañana. Para mí lo realmente importante es ver el crepúsculo por la noche, sentir la brisa del mar, bañarme en la playa, charlar o jugar con los amigos un partido de fútbol. Para mí la vida es más imprevisión que previsión. Está más enmarcada en el desorden que en el orden. El orden es la muerte, el desorden es la vida. Lo imprevisto, la jungla es lo vivo, el orden es la tala de árboles. Me gusta la aventura de la vida.

Pareces una persona segura que sabe lo que quiere. ¿En tu mundo existe el miedo?

Pues mira, le tengo miedo a la soledad, especialmente cuando razono solo en mi interior. A lo de fuera no, porque no me lo tomo en serio. Un día hablando con un ministro con el que tenía un enfrentamiento por el tema de Hacienda, le decía "no te das cuenta de que no soy beligerante, no es audacia, es desinterés... No me creo lo que representas, ni tu coche oficial, ni la nación, ni la bandera... Si no me asusta el más allá ¿por qué me va a asustar el más acá?". También soy una persona muy tímida, aunque no te lo creas.

Dejo la entrevista completa: http://www.revistafusion.com/1998/num54/entrev54.htm

2 comentarios:

Jose Miguel Bolivar dijo...

Una entrevista muy interesante.

A pesar de que Pedro Ruiz no es santo de mi devoción, creo que dice verdades como puños que hay que tener en cuenta y reflexionar sobre ellas.

JM

FAH dijo...

josé miguel,

gracias una vez por estar por aquí.

Efectivamente, dice cosas, que al menos se nota que hay poso detrás.

Un abrazo,

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