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sábado, 13 de diciembre de 2008

La rentabilidad de la honestidad

Fue Groucho Marx quien afirmó con su ironía habitual: «El secreto del éxito está en la honestidad, si consigues evitarla, lo tienes hecho». A pesar de que admiramos a Groucho por su habilidad por mirar a la realidad con ese toque desenfadado, en este caso no compartimos su visión y creemos que la honestidad es un requisito imprescindible para el buen gobierno. Antes o después, todo el mundo quiere estar rodeado de personas a las que no le traicionen las tentaciones. Un fábula china así lo demuestra:

«Se cuenta que allá para el año 250 a. C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto,decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:

¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.

Y la hija respondió:

No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa futura, emperatriz de China. La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo: costumbres, amistades, relaciones u otros valores.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan conmovedora.

Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó:

Ésta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles».

En otras ocasiones hemos hablado sobre esta misma cuestión: «¿Es rentable delinquir?», 10/11/08. «Corrupción de andar por casa», 11/05/08; «¿Merece la pena ser ético», 08/02/08. Hoy mismo toda la prensa se hace eco del fraude de un broker de Wall Street –Bernard L. Madoff, ex presidente del Nasdaq– por valor de 50.000 millones de dólares (unos 38.000 millones de euros), el segundo mayor fraude en la historia de Estados Unidos después de Enron (que en su día se puso como ejemplo modélico de gestión). Dejo la noticia para quien quiera leerla. Y también se puede ver la película «Enron: the smartest guys in the room» (2005).

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