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lunes, 15 de diciembre de 2008

La seguridad es un riesgo

Es una frase que leí ayer en el libro «La vaca púrpura» (Gestión 2000, 2008) de Seth Godin, del que daré cuenta cuando lo acabe. Una frase inteligente porque en los tiempos que corren «el riesgo es no arriesgar». Como dice Godin: «¿Dónde aprendió a fracasar? Si es usted como la mayoría de occidentales, lo aprendió en primer curso. Entonces descubrió que era más seguro encajar, pintar dentro de las líneas, no preguntar demasiado en clase y hacer caber sus deberes en la cartiluna asignada para ellos».

Y continúa: «Dirigimos nuestras escuelas como fábricas: colocamos a los niños en filas, los ponemos por lotes (llamados cursos) y nos esforzamos en asegurarnos de que no salen piezas defectuosas. No dejamos que nadie destaque, se quede atrás, vaya adelantado o arme jaleo. Ir a lo seguro, jugar según las reglas, parece ser el mejor modo de evitar el fracaso. Y en la escuela, es posible que sea cierto. Pero estas reglas se convierten en un patrón para la mayoría de la gente y este patrón es muy peligroso. Porque éstas son las reglas que, al final, llevan al fracaso».

Por desgracia, la educación nos uniformiza y eso es peligroso porque las ventajas competitivas proceden de la diferencia y ésta sólo está al alcance de quien explora caminos no transitados y se sale de la línea marcada que nos conduce allí donde todo el mundo acaba.

Sí, es cierto, si es extraordinario será criticado, ¿y? Así lo explica Godin: «Si usted es extraordinario, probablemente no caera bien a algunas personas. Forma parte de la definición de extraordinario. Lo mejor que puede esperar una persona tímida es pasar desapercibida. Las críticas se dirigen a aquellos que destacan».

Si es usted «ordinario» no le criticarán, pero será aburrido; si es «extraordinario», le lloverán las críticas, pero tendrá éxito. En cierta ocasión escuche la siguiente frase: «Quien es popular está condenado a caer antipático». Quien está en el centro de mira, también será el centro de las voces más despiadadas.

Dos últimos apuntes:

– Primero: ser extraordinario no significa ser extravagante o grosero. No los confunda aunque en algunos casos puedan coincidir.

– Segundo: «lo contrario de extraordinario es... muy bueno». Sí, como lo escucha: «Si uno viaja con una compañía aérea y llega a su destino sano y salvo, no se lo cuenta a nadie, porque eso es lo esperado. Lo extraordinario es que el viaje sea horrible hasta extremos surrealistas o el servicio sea tan inesperadamente bueno que necesite contárselo a alguien (Llegamos con una hora de antelación; me reembolsaron el billete porque soy guapa). Las fábricas establecen criterios de calidad y tratan de cumplilos. Eso es muy aburrido. “Muy bueno” es algo que ocurre cada día y que no vale la pena mencionar».