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lunes, 19 de enero de 2009

Coaching en tiempos de crisis

En estos días estoy inmerso en un proceso de coaching con un empresario que, como consecuencia de la crisis, va a abandonar su negocio en el que lleva implicado varios años –y al que le ha ido bastante bien– pero que por motivos de la situación económica –y muy particularmente de su sector, muy cíclico– se ha visto obligado a dar un golpe de timón a su carrera profesional.

Primero, tendrá que tener que pasar de una situación de trabajador por cuenta propia –con los privilegios y servidumbres que ello conlleva– a una situación de trabajador por cuenta. El cambio no va a ser fácil, desde luego, sobre todo teniendo en cuenta que esta persona siempre ha trabajado para él.

En casos como éste, la primera gran preocupación del coachee es saber hacia dónde tirar. Estar desorientado suele ser algo habitual y además produce gran ansiedad. Y es que como decía Séneca: «No hay buen viento para quien no sabe dónde va». Por el contrario, cuando uno tiene claro hacia dónde se dirige, basta encontrar los medios y perseverar.

Para evitar precipitarse e ir dando palos de ciego que podrían ser contraproducentes, lo primero es hacer un análisis de fortalezas y debilidades de la persona. Es muy importante ser sincero (muy sincero) con uno mismo. La opinión tanto propia como de otras 3 ó 4 personas de confianza que nos conozcan bien –y no nos vayan a decir lo que queremos escuchar– es determinante para empezar con el diagnóstico y posteriormente elaborar el plan de acción correspondiente.

Especialmente importante es el reconocimiento de las debilidades para no adentrarnos en terrenos que no están hechos para nosotros. Lo hemos dicho muchas veces aquí: una de las muestras de mayor sabiduría de una persona es ser consciente de sus propias carencias. En mi experiencia no hay que luchar contra los puntos débiles. El desgaste de energía es grande y el coste de oportunidad (lo que dejo de ganar por hacer otra cosa) es alto. Por tanto, lo que hay que hacer es identificar 4 ó 5 fortalezas clave y apalancarse en ellas. Todos tenemos talento para algo; somos buenos (muy buenos) haciendo determinadas cosas y mejores que los demás. Ahí es donde probablemente tengamos una ventaja competitiva frente al resto que hay que explotar. El mejor trabajo para cada persona es aquel que exhibe nuestras virtudes y disimula nuestros defectos. De lo que se trata es de hacer muchas veces aquello que sabemos hacer muy bien y el menor número de veces aquello para lo que no estamos dotados.

A partir de entonces los pasos son:

1. Una vez clarificadas esas 4–5 competencias habrá que ver cuáles son los distintos trabajos en los que se pueden poner en práctica esas competencias.

2. Seguidamente habrá que ver las empresas más adecuadas para esos tipos de trabajos.

3. Intentar ponerse en contacto con esas empresas por distintos medios.

4. Hacer saber a todo nuestros contactos y conocidos qué buscamos.

5. Dedicar tiempo a la búsqueda. No basta con un par de horas al día. Buscar trabajo es un trabajo en sí mismo.

6. Estar dispuestos a hacer sacrificios temporalmente mientras se busca la forma de llegar a donde se desea.

7. Ser realistas y tener en cuentas las circunstancias de mercado.

8. Ser pacientes: el desenlace de casi nada suele ser inmediato.

9. No ser tímidos a la hora de pedir. Como se dice en el libro más vendido del mundo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá».

10. Tener resistencia emocional. No hay que perder la fe. Como decía Cela: «Quien resiste, vence».

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