viernes, 23 de enero de 2009

Mario Conde

Ayer mismo la prensa recogía una intervención de Mario Conde en la prisión de Sevilla donde acudió a dar una charla a los reclusos.

Dedico un post a Mario Conde (1948) por varios motivos. Primero porque dijo algunas cosas interesantes. Una de ellas la siguiente: «A veces cuesta más trabajo vivir fuera de la prisión que dentro, porque la sociedad es muy cínica». Plenamente de acuerdo. De cinismo andamos sobrados y aquí hemos hablado largo y tendido acerca de esta cuestión (ver posts: «Apariencias vs. realidades: off the record», 05/02/08; «La cultura del envase», 06/08/08; «Sentirse un perdedor», 07/10/08; «Otra de apariencias vs. realidades», 28/12/08).

Vivimos en una sociedad tremendamente hipócrita y falsa; de gran incoherencia entre los mensajes lanzados y las prácticas realizadas; entre lo que se dice por delante y lo que se comenta a las espaldas; entre lo que hacemos cuando no nos ven los demás y lo que hacemos cuando nos ven.

El segundo motivo por el que escribo de Mario Conde es porque hace unos días estuve con una persona que sigue la trayectoria del ex banquero desde sus comienzos hasta llegar a la Presidencia de Banesto y su posterior ingreso en la prisión de Alcalá Meco. Meses atrás, Mario Conde fue entrevistado en un programa de televisión en una de las pocas apariciones en los medios de comunicación. Esta persona siguió aquella entrevista, porque como experta en comunicación no verbal, quería apreciar si se había producido algún cambio en los gestos, mirada, movimiento de manos, etc. que diese algunas pistas como ser humana.

Cuando nos vimos le pregunté su percepción sobre aquella entrevista. Esto me contesto: «Me parece que dentro del mundo de la empresa ha sido un hombre brillante al que la avaricia de poder le traicionó. En aquella entrevista vi a un hombre renovado y transformado que se ha dado cuenta que conocerse así mismo y desarrollarse personalmente es el foco en el que hay que centrarse, tanto él como cualquier persona en el poder. A fecha de hoy es mucho más cercano a la gente y a los mundos en los que tenemos que penetrar ahora. Si tuviéramos que elegir un modelo de lo que significa una crisis y el cambio que hay que dar sería la imagen de Mario Conde. En la comunicación no verbal hay un cambio radical en su persona. Cuando era Presidente de Banesto, su gesto era más altivo que ahora, sin embargo es importante señalar que no es la mirada de un hombre derrotado sino de un hombre que ha aprendido una lección, sobre lo que es esencial en la vida y lo que no. Ahora da la sensación que habla desde el corazón. El mío al menos lo tocó».

En alguna ocasión he dicho –el otro día en el artículo «Raúl, un ejemplo para directivos» también lo recordaba– que los inteligentes no son los que cometen o no errores –todos fallamos– sino los que saben aprender de ellos. Estoy seguro que Mario Conde ha aprendido mucho de su paso por prisión. Y es que muchas veces lo mejor que le puede pasar a uno es aquello que jamás hubiese deseado que le ocurriese. Generalmente, todos los cambios vienen por convulsión. Hasta que todo no tiembla alrededor, el ser humano parece incapaz de cambiar. Triste, pero habitualmente, una realidad.

Dejo el blog de Mario Conde: http://www.marioconde.com/.