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martes, 27 de enero de 2009

Otro ejemplo de cinismo

La incorporación de la mujer al mercado de trabajo así como al resto de los ámbitos sociales es una realidad desde hace tiempo que viene confirmada por muchos datos. Por ejemplo, de los 350 diputados de la Cámara Alta, el 36% corresponden a mujeres cuando en 1982 tan sólo el 4,5% de los escaños estaban ocupados por diputadas. En 1982 tan sólo el 4,35% eran senadoras y en la actualidad es del 25%.

Además, de las carteras ministeriales –16 en total– la mitad están en manos de mujeres y la número dos del gobierno es también una mujer. Por otro lado, una Comunidad Autónoma de la importancia económica de Madrid, que aporta casi el 20% al PIB de España y tiene la renta per cápita más alta del país, está capitaneada por Esperanza Aguirre.

En 1981, la tasa de actividad femenina en nuestro país era del 22,4% mientras que veinte años más tarde se había elevado hasta el 43,7%. En países del norte de Europa como Dinamarca y Suecia, la cifra alcanza el 71%. Y en la universidad española, 66 de cada 100 matriculados y 59 de cada 100 personas que obtienen una licenciatura, son mujeres (y en algunos estudios como Psicología y Medicina los datos son muy superiores). Además, 6 de cada 10 estudiantes de los programas Sócrates–Erasmus son también del género femenino.

Se puede decir que en gran parte se han superado las barreras «visibles» que dificultaban la integración activa de la mujer en el mercado laboral y hoy día hombre y mujer compiten en una teórica igualdad de condiciones. A pesar de ello, y como señala Nuria Chinchilla –una de las principales expertas en este tema–, existen un conjunto de barreras «invisibles» («glass ceiling» o techo de cristal) que hacen que esa realidad no sea del todo plena. Digamos que existe una igualdad «de iure» (de derecho o formal) pero no «de facto» (en la práctica) y siguen habiendo discriminaciones y sesgos psicológicos –consciente o inconscientes– que tienen su repercusión en la empresa, en la política y en otras muchas esferas.

Diversas investigaciones y estudios que así lo demuestran. El otro día, Claudio Fernández–Aráoz, nos contaba uno muy conocido relativo a la selección de músicos para instrumentos de viento de la Orquesta Filarmónica. Hace unos años, el recruiting de candidatos era el siguiente. Había un conjunto de evaluadores que se ponía enfrente de los candidatos y éstos tocaban los instrumentos demostrando su habilidad. Alguien sospechó que podía existir la posibilidad de que los evaluadores, de manera consciente o inconsciente, estaban discriminando a algún músico por razón de género (hombre vs. mujer). Como es evidente, al músico es necesario escucharlo, no mirarlo, por tanto, se sugirió poner un telón entre el jurado y los músicos, de manera que los evaluadores oyeran pero no vieran. Tras esta decisión, el porcentaje de mujeres seleccionadas para grandes instrumentos de viento creció de manera exponencial. Antes, el jurado estaba escuchando con los ojos en lugar de escuchar con los odios. Inconscientemente –a veces también conscientemente– se asumía que probablemente una mujer tenía menos potencia y fuerza para tocar los grandes instrumentos de viento, cuando en realidad tocaban igual de bien.

No obstante, a pesar de las mejoras experimentadas, posteriormente se decidió poner no sólo un telón que separaba a evaluadores y candidatos sino también una alfombra, porque algunos miembros del jurado oían los tacones y seguían discriminando. Una vez bajado el telón y puesta la alfombra, el porcentaje de mujeres volvió a incrementarse.

Todos sabemos que por mucho que se nos llene la boca de igualdad de género –lo mismo sucede con el colectivo de los inmigrantes, los discapacitados y otros (el cinismo es enorme)– los prejuicios y las discriminaciones –consciente o inconscientemente, como hemos señalado– siguen existiendo.

Siempre he dicho que lo importante es el talento, con independencia de si lleva pantalón o falda. Por tanto, ni exaltación de cuotas –muy de moda en los últimos tiempos– ni discriminaciones absurdas –muy arraigadas en el pasado–. Lo revelante son los resultados.

En otra ocasión hablaré de la importancia belleza –existen estudios e investigaciones que así lo demuestran– como factor determinante para conseguir un trabajo (se entiende para aquellos puestos en los que el físico no es importante).

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Bravo Francisco.
Ojalá pongan telón y alfombra en muchos procesos de selección...mientras tanto...acudiré sin tacones.
Bravo!!!!!, otra vez.
Saludos, M.

pilar mandl dijo...

¡Muy bueno el comentario! además apoyado por hechos como el de Fernández–Aráoz.
Yo tengo que decir que a mí el hecho de ser mujer me ha ayudado mucho a la hora de conseguir empleos, aunque luego me ha tocado "trabajar" para demostrar mi valía, tiene ventajas y desventajas...
¡Gracias por "seguir" mi blog! me ha costado seguirte la pista pues no podía entrar en tu perfil, me ha hecho mucha ilusión...

Senior Manager dijo...

Si bien es cierto que la sociedad en general y muchos de sus “machotes“ aún tratan de frenar la igualdad de género. Hay un aspecto que siempre menciono en las conversaciones sobre el este tema, debido a que lo considero relevante.

La discriminación femenina pura y dura existe, es cierto, pero también hay un factor que no ayuda a las mujeres y es la “auto-discriminación femenina”.

En las distintas empresas en las que he trabajado, he notado un común denominador relacionado a las mujeres con potencial para ascender hacia puestos de responsabilidad: Y es que en muchos casos (tal vez demasiados), ellas mismas se discriminan…

Me sorprende ver como dejan pasar las oportunidades pensando en su condición de mujer y de cuanto deben sacrificar de sus vidas (personales) para poder afrontar todas las responsabilidades y sacrificios propios de ciertas posiciones de importancia, sobre todo en las empresas que no ven el sexo de los candidatos como algo relevante, sino que toman en cuenta aspectos más importantes como la capacidad de liderazgo y la experiencia.

En los años que llevo trabajando he tenido “compañeras” que simplemente no han querido seguir subiendo por decisión propia o ("según ellas") por influencia de sus parejas y/o familiares, lo que para mi sigue siendo decisión propia, y la mayoría de ellas tenía tanto o más potencial que yo para seguir ascendiendo, pero no quisieron seguir y en todos los casos nunca entendí por qué.

Todavía pienso que podrían estar ocupando posiciones de importancia, pero ellas no lo ven así y están (aparentemente) felices con su rol conformista en la empresa.

Habría que buscar respuesta en las reivindicaciones sociales que se asumen como conseguidas, pero que todavía afectan a la mujer dentro de su núcleo familiar que luego se traspasan a su entorno laboral.

Mientras la mujer siga arrastrando viejos patrones sociales de conducta seguirá quedando relegada en muchos aspectos.
SM

FAH dijo...

@M. Gracias por pasarte y participar.

@Pilar mandl. Muy interesante tu blog. Me gusta descubrir temas interesantes no relacionados con los míos.

@SM. Gracias por participar tan intensamente. Es cierto lo que comentas que muchas son las que se frena a ellas mismas pero en muchos casos es por ciertas barreras invisibles que todavía existen (falta de flexibilidad y facilidades para conciliar, algo que por otra parte no resulta fácil a nivel directivo).

Un abrazo a todos,

Fernando López Fernández dijo...

Totalmente de acuerdo Francisco. El talento no entiende de géneros, ni de estadísticas, ni de leyes: se tiene o no se tiene. Y es muy triste que todavía hoy muchos dirigentes y directivos basen sus decisiones en reglas caducas o memeces númericas.

Saludos

F.López

FAH dijo...

@Fernando. gracias por participar. Sí todavía existen herencias del pasado que no es facil eliminar y en otros casos se dejen llevar por modas del momento.

salu2.

blpgirl dijo...

Muy interesante el experimento con los músicos, la verdad es que si he tenido que pasar ciertas barreras profesionales pues la mayoría de gente piensa que como soy mujer no tengo la misma capacidad que los hombres para programar y dar buenas soluciones de aplicaciones informáticas o al menos así me lo han hecho saber muchos de los compañeros que he tenido despues de demostrarles lo contrario.

Además como bien lo mencionas es bien cierto que también se tiende a discriminar bastante por discapacidades y demás lo que es una lástima para estas sociedades que se considerán modernas.

Por último, cabe anotar que a veces es necesaria está discriminación, por ejemplo, hooters contrata siempre meseras (femenino) con buenos atributos por no decirlo de otra forma :P y eso lo sustentan porque eso hace parte de su marca y es verdad quitale las meseras a hooters y queda como otro restaurante más.

FAH dijo...

@blpgirl. Gracias por tus aportaciones. Muy buen apunte lo de las meseras. Creo que es importante señalar que aunque se habla mucho de la discrimación de la mujer, en ciertos ámbitos también existe la discriminación del hombre, y de esto se habla muy poco.

salu2.

Yoriento dijo...

Francisco, muy buena la anécdota taconil¡ ;-)

Creo que para poder competir en una ocupación determinada primero hay que elegirla.

Mi opinión es las cuotas, por ejemplo, permiten que más mujeres puedan ser modelos para otras, desde niñas, a la hora de elegir y desempeñar profesiones típicamente masculinas.

Lo dicho, antes de poder competir en resultados, las mujeres primero tienen que estar. Ver a una Ministra de Defensa es todo un hito para mujeres que nunca se habrían planteado tener ese nivel de mando, por poner un ejemplo.

FAH dijo...

@Yoriento. Gracias, como siempre, por pasarte. Es cierto, como apuntas, que a veces, probablemente, son necesarias medidas más intervencionistas (cuotas) para asegurar la igualdad de inicio y luego poder competir en igualdad de condiciones.

salu2.

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