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lunes, 12 de enero de 2009

Quien sabe mucho, escucha; quien sabe poco, habla

Es una de mis paradojas favoritas. Se la escuché al profesor Santiago Álvarez de Mon y es una verdad –paradójica– como un templo que he ido confirmando a lo largo de los años: «Quien sabe mucho, escucha; quien sabe poco, habla; quien sabe mucho, pregunta; quien sabe poco, sentencia».

La experiencia demuestra que la sabiduría vuelve a las personas más prudentes. A medida que una persona sabe más –el ancho de banda es mayor– es más consciente de que sabe tan poco que antes de emitir cualquier juicio de opinión se lo piensa varias veces. Sócrates, gran maestro, nos dio pistas hace más de 2.000 años: «Sólo sé que no sé nada». Por eso, era el más sabio de todos. El ateniense explicaba: «Decidí que aunque aquel hombre parecía sabio a los ojos de muchos, y por encima de todo a sí mismo, en realidad no lo era. Traté de demostrarle que se consideraba sabio pero que en realidad no lo era. Mientras le dejaba, reflexioné para mis adentros: He aquí un hombre menos sabio que yo. Con toda probabilidad ninguno de los dos sabe nada que merezca la pena saberse; pero él cree que sabe, cuando no es así, mientras que yo, dado que de hecho no sé nada, al menos soy consciente de que no sé nada. Aparentemente, por tanto, yo soy más sabio que él en sólo este ínfimo detalle: que, cuando no sé algo, tampoco creo que lo sé».

El mediocre pontifica sobre lo humano y lo divino con gran seguridad. Le da igual el tema del que se hable, él tiene la solución y la respuesta a todos los males: sabe cómo salir de la crisis económica, cómo atajar la delincuencia, la fórmula para reducir los accidentes de tráfico, las claves de la política exterior del gobierno o qué jugadores debe poner el entrenador del Real Madrid para ganar la Liga. Al escucharles –la primera vez– uno piensa: «Esta persona debe ser un erudito». Luego, poco después, uno se da cuenta que es todo lo contrario.

¿Cómo se resuelve esta cuestión? Con humildad, con mucha humildad. Conviene recordar las palabras de Charles Chaplin: «La vida da tiempo nada más que para ser amateur». La vida tiene tantos matices, tantos ángulos, tantos colores... que deberíamos preocuparnos de escuchar más y hablar menos. Todos los sabios son grandes escuchadores, gente que cuestiona sus propias convicciones, y que casi siempre tiene dudas. Lo decía Voltaire: «La duda no es un estado demasiado cómodo, pero la certeza es un estado estúpido».

8 comentarios:

Eba dijo...

Francisco, ¡me gustó el post y la paradoja! :-) Me ha hecho pensar en otra frase que leí no recuerdo dónde ni quien era el autor: "Quien empieza con certezas acaba con incertidumbres, quien empieza con incertidumbres acaba con certezas" y no con ello, quiero sentenciar ;-) un saludo

FAH dijo...

Gracias por paticipar Eba... Hay otra que también me gusta mucho: "El hombre busca respuestas y encuentra nuevas preguntas.

salu2.

Anónimo dijo...

Yo tambien leí.."El principal problema de este mundo es que los tontos y los fanáticos siempre están seguros de ellos mismos, mientras que la gente inteligente anda llena de dudas."
Con todo lo que eso pesa...
Saludos. Maria.

FAH dijo...

Gracias, María... Me ha gustado mucho eso de "con todo lo que eso pesa"... a veces el coste emocional es elevado.

salu2.

blpgirl dijo...

Me ha encantado la cita de Voltaire y la de @Eba también ;D

Es muy cierto eso de que el que escucha es más sabio, desafortunadamente a la mayoría de gente le interesa más hablar de ellos mismos y sus problemas que sentarse a escuchar y reflexionar de vez en cuando.

"Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro."
- René Descartes

FAH dijo...

Gracias, blpgirl, por participar... y a mí me ha encantado la frase de Descartes que, sin duda, dará para un post...

salu2.

De todo un poco.com dijo...

O como lo dijo Séneca: " El que no sabe callar, no sabe hablar".
Gracias y abrazos.

De todo un poco.com dijo...

O como lo dijo Séneca: " El que no sabe callar, no sabe hablar".
Gracias y abrazos.

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