martes, 13 de enero de 2009

¿Y la suerte?

Hace algunas semanas, comiendo con un buen amigo, surgió, como tantas otras veces, el tema de la influencia de la suerte en la consecución de metas profesionales.

Mi amigo hizo referencia al inicio de la fantástica película «Match Point» (2005), del director Woody Allen y con Scarlett Johansson como protagonista, para explicar como el azar muchas veces rige nuestro destino.

Le dije que no estaba de acuerdo y le expliqué entonces mi teoría del «PSP», basada en la «pasión», el «sacrificio», y la «paciencia», como los tres factores determinantes a la hora de lograr objetivos.

Primero, «pasión». Para ser bueno hay que disfrutar. «Si no lo sientes, jamás lo lograrás», decía Goethe; y si lo logras el resultado será de aprobado raspado. Conseguir hitos grandes sólo está al alcance de quien está enamorado con lo que tiene entre manos.

Segundo, «sacrificio». Ninguna meta que merece la pena es un camino ancho y fácil. Más bien sucede lo contrario, que está plagada de obstáculos que hay que sortear, y para ello hay que ser muy perseverante. Camilo José Cela decía: «Quien resiste, vence»; y Óscar Wilde: «El éxito es una cuestión de perseverar cuando los demás han renunciado».

Tercero. «paciencia». No se siembra hoy y se recoge mañana. A veces, además, entre uno y otro periodo hay momentos muy duros de sequía, de ahí que la fortaleza emocional sea una cualidad muy importante. La Madre Teresa de Calcuta aseguraba: «La paciencia lo alcanza todo». George Savile afirmaba algo parecido: «Quien es un maestro en paciencia, es un maestro en todo». Y un proverbio chino sentencia: «Con el tiempo y con paciencia, la hoja del moral llega a ser seda».

Inmediatamente su pregunta no se hizo esperar: «¿Y la suerte?»

Para mí la suerte es un factor que adelanta o retrasa la consecución de objetivos, porque desde mi punto de vista, la mejor definición de suerte que he descubierto hasta el momento es de Lair Ribeiro: «La suerte se presenta cuando la preparación encuentra una oportunidad».

La gente preparada, antes o después, siempre tiene oportunidades que salen a su encuentro, pero para ello es muy importante es no venirse abajo –lo dicho de la fortaleza emocional– y que la tercera «P» (Paciencia) –una virtud que no se practica con asiduidad– jamás nos falte. Por desgracia, hay gente que tiene pasión, que tiene capacidad de sacrificio, pero que no tiene capacidad de esperar. Desiste demasiado rápido. Es normal, hablar de paciencia es hablar de futuro, y hablar de futuro es hablar de incertidumbre, y el ser humano, habitualmente, tiene alergia a todo aquello que no sea moverse por un entorno conocido (o zona de confort).

Os dejo los comienzos de la película citada que, para quien no la haya visto, no se la puede perder.