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viernes, 6 de febrero de 2009

El dinero es un arma de destrucción masiva

El otro día una bloguera (Pilarmandl) hizo un comentario a raíz del post «Íntimo y Personal» de Pedro Ruiz (03/02/09), y dije que dejaría una entrevista que le hice al artista hace algún tiempo en Executive Excellence. El titular de aquella entrevista, que reproduzco a continuación, fue: «El dinero es un arma de destrucción masiva».

Vd. es un profundo perforador de la realidad en que vivimos. Háganos una breve radiografía de la sociedad actual:
Es una sociedad que yo no puedo definir pero donde existen grandes desigualdades y a la que se le está inyectando cada vez más banalidad, consumismo, superficialidad y chabacanería; una sociedad a la que se le está escondiendo la libertad debajo de unos maquillajes de consumo extraordinarios con gente que se muere de hambre y manejada seguramente por unas cuantas fortunas del planeta. Es una sociedad donde cada día hay una tendencia más clara a fabricar rebaños: de la Play Station, del Barça o del Fashion Victim... No quiero ser catastrofista pero creo que caminamos, en el mejor de los casos, hacia Blade Runner.

En cierta ocasión decía: «No hay ninguna solución que no pase por el cambio de la condición humana. La gran obra por hacer está en el alma del hombre». ¿Qué soluciones propone para que eso ocurra?

Empezar otra vez la evolución. Benavente decía una cosa a la que me apunto: «No hay más revolución que calor en los corazones y luz en las mentes». Todo lo que no venga de ahí es codicia, torpeza, carencia, ambición, necesidad innecesaria... La depuración de la condición humana (y bajo mi punto de vista la condición humana no es más que un accidente que desaparecerá de la capa de la Tierra) pasaría por la autoridad de la sabiduría; y la sabiduría no está presente en los liderazgos mundiales. No digo que los líderes mundiales no sean buenos, pero hablo de un conocimiento superior al mero dato; una hondura que hoy ha desaparecido, aunque tampoco nunca ha brillado por su presencia excesiva, pero que cada vez se desvanece más.

Respecto a décadas o siglos pasados, ¿el ser humano ha mejorado, empeorado o está igual?

Recuerdo un pensamiento de mi madre hace 30 años que decía que cada vez veía la sociedad más sucia. Se refería al alma de las personas. A mí me da la impresión de que ésta es una sociedad que avanza mucho por fuera pero poco por dentro. Es más, creo que interiormente retrocede. Que se presuma del número de jóvenes que se reúnen a un botellón, que se presuma de la ingesta de estupefacientes, que se presuma de la posesión del número de aparatos electrónicos, en lugar de hablar de algo que está desapareciendo, el mérito, es un síntoma extraordinariamente preocupante. Creo que estamos padeciendo desde los medios de comunicación un diluvio de mierda irreciclable.

Es curioso como en la condición humana conviven personas tan diferentes: Teresa de Calcuta y Hitler; Ghandi y Stalin; Luther King y Lenin... ¿Cómo se explica?
Primero, un factor genético; segundo, el decorado, donde uno nace: África, una casa rica, una casa pobre...; y tercero, hay diferentes niveles de evolución en cada uno de los chimpancés que formamos la comunidad. El miedo nos mueve y nos paraliza. El miedo nos impulsa a buscar un trabajo y nos tapa la boca para decirle “no” al jefe. El miedo al hambre y el miedo a ser despedido. Por eso, se nos inyecta miedo para manejarnos: el miedo al cambio climático, a la gripe aviar, a la falta de petróleo... Desde el miedo se nos domina. Nos hemos escapado tanto de nosotros mismos que nos damos miedo. Creo que estamos al borde de un gran estallido de violencia. Me gustaría equivocarme.

¿Es optimista respecto al futuro?

Si no hay una reflexión muy honda de lo que vale y no vale la pena de la vida, esto tiene un cariz, como decía antes, de Blade Runner.

Ha dicho: «Cada día nos cuesta más caro vivir peor». ¿Podemos asegurar que aunque muramos más tarde vivimos menos?

Vivimos menos intensamente, y cuando existe intensidad, es una intensidad mentirosa; la intensidad del fin de semana: ir corriendo a todos los lados. La vida pegada a lo natural es mejor. Nos enseñan pocas cosas buenas, pero hay una que nos falta a todos: Sencillez. Sin ella lo que hacemos es pertrecharnos de cosas inútiles que arrastramos y que luego defendemos con violencia. Al lado de un olmo y un lago con poco que comer pero suficiente se está mucho mejor que en Nueva York o en Madrid perdiendo el día por aparcar. Nos hemos comprado un medio de vida absolutamente absurdo. Lo grande está en lo pequeño y lo pequeño está en lo grande.

Su poema «La contradicción», incluido en el libro «Mi noche abierta» (2003) (en este blog lo reproducimos con fecha 19/05/07) es un reflejo de la realidad paradójica en que vivimos. ¿La vida es una gran mentira muy bien vendida?

Sí. Suelo decir que la vida es una farsa que termina en fraude; por eso yo no he tenido hijos. Con 9 años me ponía en la plaza de mi barrio en Barcelona, veía a los hombres mayores con el pitillo, la boina y el sol en la cara, y empecé a pensar: no me gusta como termina esta película de la vida. Y entonces decidí no tener hijos, a pesar de lo mucho que me gustan. Tampoco pido que nadie siga mi consejo. Además, no quiero parecer un pesimista militante, pero la vida es un regalo envenenado porque termina mal; y con suerte, con muchísima suerte, termina con el afecto de unos hijos y amigos que te acompañan. Tampoco nos han contado para qué. Soy un pesimista vitalista. Hago mil cosas (compongo, pinto, canto...) pero si lo sé no nazco, a pesar de los buenos ratos que he pasado. No encuentro explicación a esta vida.

Vd. es un defensor del ser humano como individuo único e irrepetible que no se deja adocenar por la masa. ¿Merece la pena ser uno mismo sabiendo el coste emocional que ello representa?

El coste emocional es grandísimo y el precio es la soledad. Bajo mi punto de vista, el que profundiza y es capaz de quedarse al margen de los grupos está condenado a varias cosas: primero, a ser señalado; segundo, a tener muy poca conversación con otros; y tercero, a preguntarse si está haciendo bien. Es como hacer submarinismo. Si bajas a 2 metros de profundidad hay muchas personas buceando; si bajas a 50 metros, por allí hay menos gente. Si encima te atreves a poner eso como una convicción activa en práctica, entonces la situación es más delicada. El que mantiene un discurso singular está condenado a la soledad.

En tono irónico decía Groucho Marx: «La felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna...». Vd. ha escrito: «Estamos en la sociedad de comprar lo que no necesita y de necesitar lo que no se compra». ¿El dinero es la raíz de la práctica totalidad de los males sociales?

Alguien dijo que el mundo empezó a pudrirse cuando dijo: «Esto es mío». También Groucho Marx decía: «El secreto del éxito está en la honestidad. Si logras evitarla... está hecho». El dinero es la libertad de los cobardes y un arma de destrucción masiva. El dinero está matando la capacidad de riesgo y atrevimiento de casi todos. El hecho de que el dinero sea una espada de Damocles que gravita sobre nuestras nucas lo convierte en un arma de destrucción masiva, porque está aniquilando los impulsos naturales que no se pueden llevar a cabo como consecuencia de la amenaza de la hipoteca, de la deuda o de cualquier otro aspecto. La democracia es la dictadura del dinero.

Habitualmente se dice que la gente no es tonta, aunque en ocasiones da la sensación de que es fácilmente maleable. En su experiencia, ¿somos muy listos o muy tontos?
No me referiría a la gente, porque «la gente somos todos». Mi amigo Luis Cobos dice que la gente no existe, porque vas a un restaurante y en una mesa se dice: «La gente es muy mal educada... (pero no son ellos)»; en otra mesa: «Es que la gente chilla mucho... (pero no son ellos)»; en la mesa de al lado: «Es que la gente es muy grosera... (pero no son ellos)».... con lo cual, al final, la gente no existe. Creo que la evolución ha dado tiempo para poco. Somos un paso muy precoz de la vida unicelular y no se sabe qué. Si nos ceñimos al chimpancé, al antropoide o a lo que queramos, llevamos 6.000 años de escritura y 1,5 millones de años de «homo erectus». De esto podemos deducir que el instinto y el primate pueden más que la cultura. Por tanto, el conductismo que se puede hacer de las masas es sencillo, porque el instinto prima más que la razón. Hay unos resortes muy concretos que bien pulsados dan lugar a actos irreflexivos, y los que lo saben, los usan.

Vd. ha dicho: «Hay que saber reunirse con uno mismo. A veces me cito conmigo mismo... y no voy». ¿Por qué nos da tanto miedo la soledad?
Porque nos han enseñado a hacerlo todo a la vez, en grupo y con ruido. Esta sociedad le tiene miedo a tres cosas fundamentales: la quietud, la soledad y el silencio. Sólo se puede tener una mediana noción de lo que pasa por dentro en esas condiciones. Estando sólo, quieto y en silencio. Esto nos llevaría a un pensamiento de Ortega y Gasset que dice: «Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa. Por eso, nos pasa lo que nos pasa». El miedo del hombre a estar sólo le quita, por un lado, una porción de soledad, pero al mismo tiempo también, una porción de identidad.

Cuentan que en cierta ocasión se encuentran dos amigos y le dice uno al otro: «¡Qué alegría verte! He oído hablar tan bien de ti que creía que estabas muerto». ¿Cómo ha gestionado la envidia Pedro Ruiz a lo largo de su carrera?

La envidia es el reconocimiento del propio fracaso. El zapatero que está contento haciendo lo que hace con sus zapatos, no le importa que un violinista gane más. ¿Cómo te defiendes de ella? Haciendo más cosas y no fijándote demasiado. La envidia sana no existe, sólo el afán de emulación.

3 comentarios:

Pedja dijo...

Gran entrevista y gran post. Planteas muchos temas interesantes que se pueden reconducir a uno solo, la vida es demasiado valiosa y breve como para desperdiciarla no siendo uno mismo, no dedicándose a algo realmente interesante y teniendo miedos. El problema es que eso supone una cierta soledad, es el pecio a pagar, muy interesante, nos vemos en muy breve tiempo comiendo arroz, un abrazo.

pilar mandl dijo...

Olé!!!! esto se llama una entrevista bien hecha, con las preguntas adecuadas y las respuestas bien pensadas. ¡Muy interesante!
Sigo pensando de todos modos que hay una contradicción entre ese pesimismo a ultranza y sin embargo hacer tantas cosas "sociales", ahora me estaba acordando de Salinger o Ciorán...
No sé, de todos modos alguien dijo: "Me contradigo sí, contengo multitudes" o esta de Ciorán en Breviario de podredumbre: "Mis verdades son los sofismas de mi entusiasmo o de mi tristeza".
¡Muchas gracias!

FAH dijo...

@Pedja. Gracias por tus palabras. Lo más importante de todo lo que comentas es lo de arroz...:)... Ya sabes que "con pan las penas son menos penas". Abrazo hacia London.

@Pilarmandl. Me alegro que te haya gustado. De vez en cuando colgaré alguna de las entrevistas que hago en Executive Excellece. Gracias por tus frases, son fantásticas. El tema de las contradicciones, me encanta y aquí en el blog le hemos dedicado bastantes posts.

Buen fin de semana a los dos.

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