El sábado 27 de mayo (13 a 14.30 horas) y el sábado 10 de junio (12 a 14 horas) estaré en la caseta 266 (Deusto/Planeta) de la Feria del Libro de Madrid firmando ejemplares de #AprendiendoDeLosMejores y #TuFuturoEsHoy

lunes, 23 de febrero de 2009

El dolor enseña

Cada día lo tengo más claro: el dolor enseña, forma y nos hace más humanos. El dolor bien digerido nos ayuda a relativizar y a dar importancia a lo que realmente lo tiene (pocas cosas, apuntaríamos). Pascal decía que «la desgracia descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir». Parece que las crisis actúan a modo de «despertador vital»; algo así como lo que decía C. S. Lewis: «El dolor es el megáfono que utiliza Dios para despertar a un mundo de sordos».

En la mayor parte de las ocasiones el hombre cambia sólo cuando todo tiembla alrededor. Así de triste, pero realidad. En cierta ocasión me decía Enrique Rojas del que hablamos ayer: «Parece una paradoja pero la frustración y el sufrimiento son necesarios para la modulación de la personalidad. Es la piedra de toque de la madurez. En el triunfo uno se emborracha de sí mismo. Es necesaria la frustración para entender qué significa el arte de vivir».

En el libro «Desde la adversidad», su autor, Santiago Álvarez de Mon, se acerca a la experiencia de distintas personalidades como el tenor José Carreras, el ciclista Neil Amstrong, el actor Christopher Reeve, el escritor checo, Vaclav Havel; el fundador de Intel, Andrew Grove; el superviviente de la cordillera de Los Andes, Gustavo Zerbino; o el consejero delegado de Sanitas, John de Zulueta, entre otros, en su relación con las circunstancias adversas (todas muy complicadas) a las que tuvieron que hacer frente y cómo las manejaron con éxito. Para este experto «la adversidad nos saca del tedio, del confort y de la rutina, nos espabila con sus preguntas y exigencias, y nos urge a responder con celeridad y firmeza. También nos protege de la vanidad y la autocomplacencia, impidiendo que nos deslicemos por la fina resbaladiza pendiente del aburguesamiento».

La vida a menudo nos manda señales que nos dan indicaciones por dónde debemos caminar pero no les prestamos atención y posteriormente se presentan de manera más cruda para despertarnos de verdad.