miércoles, 4 de febrero de 2009

Estabilidad emocional: el caso Lolo Sainz y Rafa Nadal

Hoy he podido estar y conversar un largo rato con Lolo Sainz (Tetuán–Marruecos, 1940), ex entrenador del Real Madrid y de la selección española de baloncesto, además del Jouventut de Badalona.

Ambos colaboramos en el Blog «Aprende del Deporte» creado por Eugenio de Andrés (Socio Director de Tatum) y Eduardo Schell (Redactor de Marca), autores del libro «Basuketuboru» donde se desgranan los factores clave del éxito de la selección española de baloncesto campeona del mundo en Japón en 2006.

Me decía Lolo Sainz que una de las lecciones que le ha enseñado el baloncesto y que hoy intenta aplicar en su vida diaria es el agradecimiento, o lo que es lo mismo, la gratitud hacia todos aquellos que están alrededor suyo –fundamentalmente la familia y amigos– y que hacen una labor callada, discreta, poco vistosa pero tremendamente importante y que a menudo pasa desapercibida. Lolo Sainz ha citado a su mujer y a sus hijos que según sus palabras «se han sacrificado tanto como yo. La vida de un entrenador del deporte profesional no es nada fácil».

A raíz de este comentario, le he dicho a Lolo que a mí me parecía que ésa era una de las claves del éxito de Rafa Nadal y del que prácticamente nadie habla. Que Rafa tiene talento es indudable; que es un luchador nato, también; que jamás pierde la concentración, igual. Pero hay más factores, y uno de los más importantes, desde mi punto de vista, es el entorno; un entorno que proporciona sobre todo estabilidad emocional; un entorno en el que todos –madre, padre, hermana, tío...– tienen claro quién es el protagonista y reman en la misma dirección con el único objetivo de que Rafa tenga la tranquilidad necesaria y la concentración precisa para hacer bien su trabajo sin despistarse con nada y seguir sumando títulos y reconocimientos.

Hay dos palabras que vienen a la cabeza para definir ese entorno y que están interconectadas: generosidad y afecto. Generosidad para ponerlo todo a disposición del tenista a cambio de sacrificar muchas cosas personales. La vida de todos los miembros de la familia –viajes, vacaciones, etc.– gira en torno a la agenda profesional de Rafa. Por otro lado, cuando hay afecto, la generosidad es totalmente incondicional, sin ningún reproche y no se llevan contabilidades para ajustar cuentas cuando convenga. Se hacen las cosas porque se sienten y ya está. ¿Creen Vds. que la madre Nadal lleva apuntado el número de camisas que le ha planchado o la cantidad de veces que le ha ordenado el cuarto (Rafa es muy desordenado)? ¿Creen que su padre tiene puesto por escrito el número de kilómetros que ha hecho para que su hijo pudiese disputar partidos? ¿Creen que su tío está a la espera de decirle en qué ocasiones ha dejado de irse de vacaciones por estar al pie del cañón? El afecto no se puede parametrizar. Se da y siente, nada más. Además, cuando existe afecto uno disfruta haciendo las cosas como si fueran para uno mismo.

No es fácil, sin embargo, encontrar un entorno de este tipo. Rafa ha tenido la enorme fortuna de encontrarlo en lo más grande que uno puede tener, su familia, cosa que no siempre ocurre. Por tanto, felicidades Rafa por tus triunfos; y felicidades familia de Rafa Nadal por contribuir igualmente a esos triunfos que todos aplaudimos.