Galardonado con el «Premio Coach de Honor 2017» de APROCORM que se entregará el 16 de junio en la Gala de su X Aniversario en Murcia

viernes, 20 de febrero de 2009

Un mundo de intangibles

Según Juan Carlos Cubeiro «a lo largo de tres cuartas partes del siglo pasado, el valor de una compañía era en más de un 90% resultado de sus activos físicos. La contabilidad tradicional era un mapa que explicaba con cierto detalle el territorio. Las circunstancias actuales son radicalmente diferentes: el valor medio de las empresas es, en más de un 85%, intangible: lealtad y satisfacción de los clientes, eficiencia e innovación de los procesos, talento individual y colectivo».

Norman Smallwood, profesor de la Universidad de Michigan y cofundador junto a Dave Ulrich de RBL (Results-Based Leadership) puntualiza la trascendencia del carácter intangible de las organizaciones: «Es interesante comprobar cuánto tiempo, energía y dinero se invierte en gestionar y medir tangibles que sólo representan el 50% del valor. En general, dedicamos entre un 80% y un 90% de nuestros esfuerzos a la gestión de estos tangibles (finanzas, contabilidad, estructura, etc.) y muy poco a los intangibles (línea de producción, marca, calidad de liderazgo, cultura, etc.)».

Un estudio de Accenture con ejecutivos reveló que el 95% percibe los intangibles como una fuente importante de valor para el accionista, pero menos del 20% contaba con un proceso específico para gestionarlos.

Algunos de los intangibles que han sido señalados como críticos siguiendo al Danish Ministry of Science and Technology and Innovation (2003) son: a) atraer y retener trabajadores y desarrollar sus competencias; b) desarrollar los procesos de la compañía; c) combinar conocimientos y competencias de la compañía; d) aumentar la visibilidad en el mercado; e) desarrollar la orientación al cliente; f) desarrollar o mejorar el acceso a fuentes externas de conocimiento; h) aumentar la capacidad de innovación de la empresa.

Los mercados de valores y los analistas financieros son muy conscientes de esta nueva realidad en la que estamos inmersos. Habituados a moverse entre balances y cuentas de resultados, cada vez se sienten más desorientados ante la creciente importancia de los intangibles no recogida su valoración por la contabilidad tradicional.

El diferencial entre el Valor Contable (Book Equity) y el Valor de Mercado (Market Equity) de las empresas cotizadas se ha ensanchado notablemente durante las últimas décadas. Para Eduardo Bueno, catedrático de la UAM, «el valor posible del capital intangible o capital intelectual puede estar recogido y evaluado por la diferencia entre el valor de mercado de la compañía y el valor contable de sus activos productivos». Según el profesor Baruch Lev (1996), de la New York University, en la actualidad existe un inquietante diferencial entre patrimonio «contable» y el patrimonio «bursátil» o de mercado. Según sus investigaciones, prácticamente un 40% del valor de las empresas no aparece reflejado en sus estados financieros. Así se desprende de un estudio realizado con una muestra de 300 de las más importantes empresas del mundo.

En España, Recio (2005), en un estudio con un muestreo de 70 empresas (incluidas las del Ibex-35) cuyo valor de capitalización bursátil representaba, a diciembre de 2003, el 71% de la Bolsa española, concluye que los bienes intangibles explican entre el 26% y el 58% de la cifra de capitalización.

Lev (1997) advierte que esto no solo supone una «revolución» en el proceso de generación de valor, sino igualmente una pérdida de importancia de las variables financieras tradicionales: «En décadas recientes la utilidad de los informes financieros ha caído. Eso es una pérdida de relevancia. Todos en esta economía deberían estar preocupados. Estados financieros sólidos son los que guían al capital a las inversiones más prometedoras. Pero información correcta o desfasada puede llevar a una ineficiente asignación de recursos. Esto lleva a que los volátiles mercados e inversores demanden una mayor rentabilidad por la prima de riesgo que soportan ante la mayor incertidumbre».

Según Recio (2005) «alrededor del 43% de la inversión intangible española no es reconocida como tal por la Contabilidad Nacional, sino como consumo intermedio. El cambio de estatus contable haría crecer al PIB en 2,9 puntos». Cañibano, García-Ayuso y Sánchez (1999) concluyen: «La incapacidad del modelo contable actual para reflejar correctamente el impacto de los intangibles en la situación presente y futura de la empresa, implica que los estados contables son incapaces de reflejar la imagen fiel (verdadera y justa) de la posición financiera de la empresa. Por tanto, la información contable no es relevante ni comparable y, con toda probabilidad, no permite a sus usuarios estimar el valor de la compañía de cara a adoptar decisiones eficientes de asignación de recursos. Sin duda, los activos intangibles se encuentran entre los determinantes fundamentales del valor de las empresas (…). Sin embargo, no parece existir acuerdo en aspectos tales como su naturaleza económica, su definición y clasificación, la forma en que afectan al valor de la empresa o los criterios que deberían adoptarse para su reconocimiento, medición y amortización».

El impacto de estas variables en la gestión empresarial no es indiferente. Según Johanson y otros (2001), «la gestión de los intangibles de forma continua y sistemática es lo que, a medio y largo plazo, explica el mejor rendimiento de las empresas». Los estudios referidos a las empresas con mayor tradición en la gestión de los intangibles (hasta 15 años en empresas suecas), permiten concluir que las que consiguen mayores beneficios son aquellas que sistemáticamente han gestionado sus intangibles.

Queda claro, como apuntan Cañibano, García-Ayuso y Sánchez (1999) que «actualmente, más que nunca, las empresas necesitan distribuir cantidades crecientes de recursos en I + D y en otras actividades innovadoras e invertir en recursos humanos con el fin de conseguir alcanzar niveles superiores de conocimientos y mejoras tecnológicas que les permitan explotar las ventajas competitivas. Por ello, no es sorprendente que en las economías desarrolladas los intangibles se hayan convertido en el centro de atención de inversores, prestamistas directivos, políticos e investigadores».

Ahí queda. La gestión, medición y valoración de intangibles es uno de los grandes retos a los que se enfrentan las organizaciones, uno de los aspectos que mejor definen la complejidad actual y una de las claves para generar ventajas competitivas sostenibles.