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domingo, 29 de marzo de 2009

El arte de vencer se aprende en las derrotas

«El arte de vencer se aprende en las derrotas». Mágnifíca frase del militar y político Simón Bolívar (1783–1830). En otras ocasiones hemos citado aquí también un axioma de referencia: «De derrota en derrota hasta la victoria final». Y no podemos olvidar tampoco al Mariscal Turenne: «Es preciso haber sido derrotado dos o tres veces antes de ser alguien».

Muchas veces las diferencias entre unas personas y otras no se explican por tener más conocimientos o contar con mejores habilidades sino simplemente por haber pegado más tiros que el resto. El refranero suele decir que «sabe más el diablo por viejo que por diablo»; es decir, que la experiencia –entendida como sumatorio de fracasos y errores y no como la mera acumulación de años– es la que al final te permite que cada vez que uno dispara ajustar el tiro con mayor precisión.

«El fracaso muchas veces es un regalo», me decía en una ocasión Pilar Jericó. Lo secundo. La vida es una cuestión de horas y vivencias. Por este motivo, siempre he dicho que soy muy partidario de que la gente empiece a trabajar joven. Amancio Ortega (Inditex) o Francisco Martín (MRW), son dos ejemplos de personajes sin estudios que han llegado a lo más alto pero con la particularidad de que con 13 y 11 años respectivamente ya empezaron a colaborar en el negocio familiar.

Cuando digo empezar a trabajar joven, me refiero a hacer pequeñas cositas, que poco a poco van forjando la personalidad y predisponen a las dificultades y problemas, a saber tratar con la gente, comunicar, trabajar en equipo, negociar... y otras muchas habilidades tan imprescindibles para hacer las cosas bien.

Me despido con otra frase que he citado más de una vez y que conviene no olvidar: «Hay que fallar cien golpes en la herradura para acertar una vez en el clavo». Quien quiera dar el pelotazo de la noche a la mañana –a lo mejor la vida le sonríe– tiene buenas probabilidades de estrellarse.