martes, 24 de marzo de 2009

La amistad en tiempos difíciles

En varias ocasiones hemos hablado aquí sobre la amistad (ver "Sucedáneos de amistad" y "¡Qué difícil es la amistad") y de las dificultades que entraña una sólida amistad entre personas. Merece la pena leer una historia que vi en el libro “Cuentos que mi jefe nunca me contó” (LID, 2006), de Juan Mateo. Dice así:

"Se comenta que hace mucho tiempo un campesino, su caballo y su perro caminaban lentamente por una calle polvorienta. Después de un largo recorrido el hombre se “dio cuenta” de que los tres habían muerto en accidente.

Todos sentían la fatiga por la extensa travesía realizada cuesta arriba, y estaban sedientos. Quiso el destino que en una curva muy iluminada encontraran un portón de mármol que permitía ver una fuente de donde brotaba agua fresca y cristalina.

El caminante se dirigió al guardia que cuidaba la entrada y con su garganta secan dijo:

¡Qué hermoso lugar! ¿A dónde hemos llegado, amigo?

Esto es el cielo, respondió el portero.

¡Qué suerte! –exclamó el visitante–. Tenemos mucha sed, ¿podemos pasar?

Usted puede entrar y beber a su gusto, indicó el cuidador señalando a la fuente.

También mi caballo y mi perro necesitan agua urgente, agregó el labriego.

Lo lamento mucho. Aquí no se permite la entrada de animales, concluyó el guardián.

El hombre se sintió muy desafortunado. Realmente tenía mucha sed. Sin embargo, alcanzó “darse cuenta” que no podía abandonar a sus amigos. Era incapaz de salvarse solo, dejando a sus acompañantes sin ayuda. Decidió no beber y seguir la marcha junto a sus compañeros.

Con la sensación dolorosa que le proporcionaba su sed y la enorme fatiga, llegaron al rato a un nuevo sitio. Aquí la puerta estaba semiabierta y permitía ver un sendero bordeado de flores y buena sombra. Un hombre se encontraba recostado, como dormitando, son un sombrero inclinado sobre los ojos.

Buen día, saludó el caminante. Estamos con mucha sed; mi caballo, mi perro y yo hemos hecho una larga travesía.

Buenos días, devolvió el saludo solícito el hombre sacándose el sombrero. Hay una fuente en aquellas piedras, el agua es excelente y pueden beber a voluntad.

Los tres saciaron sus necesidades y al retirarse el hombre agradeció:

Muchas gracias. ¡Qué bien nos sentimos, parece nuestra casa!

Por favor, vengan cuando quieran.

A propósito, ¿cuál es el nombre de este lugar?

Cielo.

¿Cielo? Pero si el guarda del portón de mármol me dijo lo mismo.

No amigo, aquello es el infierno.

Sin embargo, esta información falsa debe estar creando serios problemas de comunicación entre los visitantes, terribles confusiones.

Todo lo contrario, le explicó el hombre. El infierno nos hace un gran favor. Allá quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus amigos por salvarse."