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martes, 14 de abril de 2009

Gigantismo empresarial

Hace unos días (10/04/09) hablé de la “sordera empresarial” (también la ceguera es otra patología típica) como uno de las patologías organizativas que se dan con más frecuencia se dan en el mundo de las empresas.

En los últimos días me han preguntado a raíz de nuestro libro “Patologías en las organizaciones”, cuáles eran las enfermedades que se están manifestando de manera más acusada en estos tiempos de crisis. Son muchas pero una que ha quedado especialmente al descubierto: gigantismo empresarial.

En cuanto al gigantismo, desde el punto de vista médico es una “secreción excesiva de la hormona del crecimiento que provoca exceso de crecimiento de los huesos largos y estatura muy elevada”. Desde el punto de vista organizativo el diagnóstico se podría definir del siguiente modo: “Afán desmedido de tamaño (generalmente vía fusiones, adquisiciones o integraciones) sin responder a ninguna lógica sólo con el objetivo de ser el más grande (por volumen de activos, de empleados, de oficinas...) olvidando que muchas veces el small is beautiful”.

Ha ocurrido –y seguirá ocurriendo– en muchos sectores (el último de ellos el inmobiliario) de la economía. Crecimientos desorbitados que acaban dando lugar a que las burbujas exploten.

¿Cuáles son los síntomas? Apuntamos algunos:

– Crecimiento desmedido: en apertura de oficinas, posicionamiento en países, lanzamiento de productos, líneas de negocio...
– Incremento considerable de los gastos en la empresa y de las inversiones.
– Disminución de la atención al cliente (trato poco personalizado): con el crecimiento se prefiere el margen al volumen: “el gran peligro de las organizaciones cuando se hacen grandes es perder el corazón” (primera mujer ingeniero agrónomo en España).
– Aumento desorbitado de los gastos de personal sobre el total de gastos.
– Incremento excesivo de los costes fijos.
– Caída de los ratios de rentabilidad (ROE y ROA).

¿Cuáles son las causas? Señalamos varias:

– El accionariado recae en una única persona que piensa más en su “persona” que en la del “grupo”: afán de notoriedad.
– Personal directivo con escasez de valores: crecer por crecer.
– Personal inseguro y falto de autoestima que intenta suplir sus carencias “internas” con logros “externos”.
– Falta de diversificación: siempre hay que comer de varias manos. Ningún plan es eterno.

¿Cuál es el tratamiento a seguir? Damos algunas recomendaciones:

– Meditar y consensuar el crecimiento: ¿tiene sentido? Lo peor es la falta de sentido común.
– Lo importante no es la “velocidad” sino la “dirección”: “No llega antes el que va más rápido sino el que sabe a dónde va”. Algunos van corriendo a todos los lados para al final llegar a ningún sitio.
Nolentibus datur: el poder ha de ser entregado a quien no está obsesionado por él. Quien más necesita aparentar es, paradójicamente, el más inseguro.
– Prudencia: es preferible consolidar antes de emprender nuevas aventuras.
– Evitar las corazonadas y las intuiciones: con rigor uno también se equivoca, pero menos.

9 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Fantástico Post Francisco. Siempre me ha llamado la atención como muchas empresas crecen y crecen para luego autodestruirse. Y me sorprende más todavía cómo directivos y accionistas que se supone deberían saber todo lo que acertadamente apuntas, no tienen en cuenta ni los ciclos económicos, ni los riesgos de crecer rápidamente sin haber consolidado cada paso.
La vanidad, la ostentación y la avaricia contributen poderosamente a crear estas situaciones.

Un abrazo

FAH dijo...

@fernando lópez fernández. yo creo que has dado en la clave: vanidad, ostentación, avaricia... thank you. abrazo.

Nacho Muñoz dijo...

Se intenta crecer para vivir del éxito mientras realmente se crece para morir -sin querer- de éxito.

Gracias por este post, es muy interesante.

FAH dijo...

@nacho muñoz. gracias por pasarte y participar como siempre. me alegro que te haya gustado. un abrazo.

José Miguel Bolívar dijo...

Un gran post. Parece que cada vez suenan con más fuerza las voces que afirman que más grande no significa siempre mejor. Es verdad que el tamaño permite economías del escala y eso es positivo para la competitividad. Pero llegando a un punto, la estructura para gestionar "el monstruo" entra en una dinámica de rendimientos decrecientes. ¿Demasiado ego y demasiado poco sentido común?
JM

FAH dijo...

@José Miguel Bolívar. Lo del ego es terrible y lo del sentido común también. Vivimos en un mundo de apariencias e imagen... y al final el ego no es más que una muestra de inseguridad; un vía de saciar satisfacciones "internas" con cosas "externas"... El poder, se ha dicho muchas veces, debe estar en manos de quien menos lo necesita... De otro modo se pueden conducir organizaciones al despeñadero... Un abrazo.

Pedja dijo...

Buen post Paco, una vez más. De todos modos, tengo la impresión de que a toro pasado es fácil explicar las cosas y eso es muy típico de los economistas. Quiero decir que si a Amancio Ortega le hubiéramos explicado el gigantismo empresarial en su pequeña tienda de La Coruña, quizás no hubiera sido el ejemplo y modelo empresarial en el que se ha convertido. Si a Steve Jobs le hubiéramos explicado que la gran mayoría de las empresas desaparecen no hubiera fundado Apple.

Pienso que la justa ambición es necesaria y que en el mundo empresarial se está para ser eficaz, productivo y para competir por lo que la actitud de querer crecer siempre no es reprobable. Lo que no se debe hacer es a toda costa pero si estás en el sector privado has de competir y luchar y tratar de ser mejor que el otro.

Todo esto lo dice un funcionario que no tiene ni idea del mundo de la empresa y generalizando por lo que probablemente será una chorrada lo que estoy diciendo. En fin, Paco que muchas gracias por hacerme reflexionar, un abrazo.

FAH dijo...

@Pedja. Acabo de estar hace un rato con tu hermano en la presentación de "Culturas Innovadoras". Creo que lo que dices es muy acertado, totalmente... el crecimiento es la medida de lo sano de una empresa... Una empresa que no crece, hay que empezar a ponerla en peligro. La cuestión no es el "qué" sino el "cómo"... Crecer por crecer no tiene sentido... Crecer según un plan, un timing, una lógica, sí... Además, los riesgos de crecimiento son también elevados... pero eso para otro post. Un abrazo.

German dijo...

Excelente artículo

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