El sábado 27 de mayo (13 a 14.30 horas) y el sábado 10 de junio (12 a 14 horas) estaré en la caseta 266 (Deusto/Planeta) de la Feria del Libro de Madrid firmando ejemplares de #AprendiendoDeLosMejores y #TuFuturoEsHoy

domingo, 5 de abril de 2009

La revolución interior

Hace un par de días, el martes 31 de marzo, escribí un post con el título: “El arte de amargarse la vida”. El objetivo del mismo era mostrar como nuestros “pensamientos” determinan nuestros “sentimientos” que a su vez se traducen en determinadas “conductas”.

Alguna vez hemos citado aquí a Henri Poincare quien decía: “El pensamiento no es más que un claro en medio de la noche... pero ese claro lo es todo”. Nuestro más fiel compañero o nuestro más incómodo aliado. Al final, como hemos apuntado también otras veces, “el hombre es el mayor enemigo de él mismo”.

Robert Thurman en “La revolución interior” (Urano, 2000) dice:

“Las circunstancias no deberían influir en nuestra paz mental. En realidad son la irritación y ansiedad internas las que nos pueden hacer percibir el entorno como opresivo. Cuando nos sentimos interiormente bien, en calma y alegres, incluso una situación difícil se nos antoja manejable; si decidimos actuar al respecto, seremos más eficaces haciéndola con calma.

La frustración interna es la que crea, directa o indirectamente, los enemigos. Cuando nos sentimos inclinados al odio y a la rabia, proyectamos a nuestro alrededor un campo de paranoia en el que todos pueden resultar rivales potenciales. Sentimos deseos de eliminarlos y damos por sentado que ellos sienten lo mismo hacia nosotros.

En cambio, cuando nos mantenemos tranquilos no proyectamos enemistad hacia los demás, podemos observarles con mayor objetividad y, en caso de que surjan problemas, actuar con diligencia para resolverlos. Para alcanzar la libertad y la felicidad es necesario que consideremos el odio como nuestro único enemigo e iniciemos la campaña para su conquista.

En este itinerario hacia el amor habrá que hacer escala en el puerto de la tolerancia inquebrantable y tomar la firme resolución de impedir que la rabia nos domine sea cual sea la situación. Hay desarrollar una visión penetrante de los procesos internos que provocan la ofensa y aprender a responder con libertad en vez de reaccionar mecánicamente. No se trata de no actuar, sino de que la acción nazca de la sabiduría de la compasión, en lugar de ser una reacción destructiva y alocada para tapar cosas que nos duele reconocer”.

¿Cuál es la solución?

Rodearse de gente optimista, fomentar la generosidad, poner en práctica el humor, dar afecto, cuestionar paradigmas (y desaprenderlos)... en definitiva, ejecutar todos aquellos hábitos que desarrollan un “intorno” fuerte de tal modo que nos permita hacer frente a la complejidad del “entorno”. Como decía un bloguero el otro día, el comportamiento del martillo no es sino un ejemplo de inseguridad producto de una falta de autoestima (la esencia de la felicidad) grande que a menudo ve amenazas donde no las hay.