El sábado 27 de mayo (13 a 14.30 horas) y el sábado 10 de junio (12 a 14 horas) estaré en la caseta 266 (Deusto/Planeta) de la Feria del Libro de Madrid firmando ejemplares de #AprendiendoDeLosMejores y #TuFuturoEsHoy

martes, 7 de abril de 2009

Trabajo objetivo vs. trabajo subjetivo

Los que dedicamos al mundo del management hay una pregunta que muchos directivos nos hacen de manera recurrente: ¿Cuáles son las claves de la motivación? Sabemos que liderar es influir para que la gente quiera y haga lo que tiene que hacer. La palabra clave es “querer”, y en eso consiste la motivación.

¿Qué hacer entonces? Las palancas a tocar son varias.

Primero. Motivación “extrínseca”: es lo que mueve a una persona en función de lo que obtiene del exterior, habitualmente el dinero. A menudo los ejecutivos nos preguntan: ¿Es importante el dinero? Sí, claro, hay que pagar hipoteca, seguro, ocio, etc.. Ghandi decía: “A un pobre no le hables nada más que de pan”. Si uno no tiene nada que llevarse a la boca, hablar de “salario emocional” suena a tomadura de pelo. Por tanto, la primera muestra de reconocimiento a una persona es lo que se le paga, y para ello es muy importante que el salario esté en mercado (equidad externa) y no existan agravios dentro de la organización (equidad interna). No obstante, el dinero es un factor “higiénico”, es decir, por debajo de un nivel causa “insatisfacción” pero a partir de cierto nivel –con independencia de que todos queremos ganar más– no produce “satisfacción”. O dicho de otro modo, funciona más como elemento “desmotivador” que “motivador”. Por ello, es lo primero que hay que dejar resuelto en una empresa, aunque en todo caso es insuficiente y se necesitan de otros factores para que la gente esté satisfecha.

Segundo. Motivación “intrínseca”: es lo que mueve a una persona en función de lo que obtiene del propia trabajo que realiza: aprendizaje, disfrute, reconocimiento, desarrollo y carrera profesional, etc. Es más motivador que el dinero pero también se agota a medio y largo plazo.

Tercero. Motivación “trascendente”: es lo que mueve a una persona en función de lo que supone su actividad en terceras personas. Hace referencia al “sentido” del trabajo. Es lo que más satisfacción produce, lo que más motiva y lo que más retiene.

Me quiero detener en esta tercera pata: en la motivación “trascendente”. Si bien es cierto que hay trabajos que a priori pueden tener una mayor motivación “trascendente” –médicos, atención tercera edad, trabajadores de ONGs en el tercer mundo,..– me gustaría resaltar que cualquier trabajo puede tener un gran sentido y convertirse en un auténtico arte si la persona sabe verlo así y el líder es capaz transmitirlo como tal.

Los griegos hablaban de que una cosa es el trabajo “objetivo” (lo que hay que hacer) y otra distinta el trabajo “subjetivo” (como lo vive cada uno). A lo largo de mi experiencia he podido comprobar en muchas ocasiones como personas que realizaban un trabajo que resultaba a primera vista arduo y rutinario se convertía en sus manos en una obra artística.

¿No es fantástico cuando uno llega a un hotel y la recepcionista le da los buenos días y le recibe con una sonrisa encantadora deseándole que pase un buen día? ¿No es fantástico cuando se entra en un restaurante y a uno le atienden bien? ¿No es fantástico cuando una telefonea a un call center y la chica responde de manera educada, amable y despejando dudas? Recepcionista, camarero, telefonista... pueden parecer a primera vista trabajos sencillos. No es así. Bien hechos son un arte.

Ignacio Álvarez de Mon en “De ti depende” escribe:

“Conocí a un barrendero londinense que trabajaba en el barrio en que yo vivía y que siempre estaba contento. Daba igual que lloviera o hiciera un sol reluciente, él siempre ofrecía su mejor sonrisa, amplia, profunda, tranquila, relajada y sincera. Desde luego, aquel hombre no fingía ni disimulaba, era feliz. Un día me animé a preguntarle directamente: ¿qué hace que se le vea siempre tan sonriente y tan aparentemente contento? El barrendero me explicó que le encantaba su trabajo y que además del resto de vida no se podía quejar. Entonces le volví a preguntar, intentando ocultar lo más posible mi sensación de asombro ante la respuesta anterior: ¿qué es lo que más le gusta de su trabajo? Por unos momentos, se quedó callado y pensativo, y después de esbozar una tenue sonrisa me dijo: saber que mi trabajo consiste en tener estas maravillosas calles limpias y relucientes para que todos ustedes las puedan disfrutar”.

Recuerdo que José Medina, Presidente de Ray & Berndston, me decía en cierta ocasión: “Los grandes líderes dan un gran sentido al trabajo de las personas; saben transmitir que lo que tú haces es muy importante”. Cada día lo tengo más claro, cualquier trabajo puede convertirse en un arte. Todos conocemos la historia de tres picapedreros trabajaban en igual actividad. Preguntados, el primero aseguró que picaba piedra; el segundo respondió que estaba sacando adelante la familia; el tercero, plenamente convencido, afirmó que estaba construyendo la catedral de Santiago.

Para los que nos fijamos en el cine como fuente de inspiración hay tres películas que muestran esta realidad de manera meridiana:

1. “El Buscavidas” (1961): Eddie “Fast” Felson –más conocido como “Relámpago” y encarnado por Paul Newman– al hablar de su pasión por el billar dice (minutos 76-78):

Todo se puede hacer a lo grande, con estilo perfecto. Incluso poner ladrillos puede tener arte y estilo si el albañil se esfuerza en hacer de ella una obra maestra (…). El taco forma parte de mí, es positivo, tiene nervios… un pedazo de madera adquiere nervios; incluso el sonido de las bolas; no tienes que mirar, lo sabes, acabas de hacer una pegada formidable.

2. “Una proposición indecente” (1993): David (Woody Harrelson), abandonado por su mujer Diana (Demi Moore) que cae en las garras del multimillonario John Gage (Robert Reford), dedice emprender una nueva vida y ponerse dar clase. En una de las sesiones les dice a sus alumnos:

Kant dijo que incluso un ladrillo puede llegar a ser algo. Un ladrillo quiere ser algo. Tiene aspiraciones. Incluso un ladrillo normal y corriente puede llegar a ser algo más de lo que es. Quiere ser algo mejor de lo que es.

3. “Mary Poppins” (1964): una película sin dudas para ver unas cuantas veces. La llegada de Mary Poppins (Julie Andrews) a la casa de los niños –hasta entonces todas las institutrices no hacían sin aburrir a los chicos– revolucionará la forma que éstos tienen de contemplar la vida. En una de las escenas Mary Poppins les dice:

Todo trabajo tiene algo divertido –advierte Mary Poppins al pequeño Michael– y si encontráis ese algo, en un instante se convierte en un juego.

En algunas ocasiones se ha definido al líder como un "seductor", y me parece muy apropiado; alguien que es capaz de convertir la rutina en una auténtica aventura; alguien que es capaz de convertir lo “ordinario” en “extraordinario”. Si usted está en un puesto de gestión dedice tiempo a su gente, reconózcales su trabajo –el valor del elogio es incalculable– y jamás subestime ninguna profesión porque cualquier trabajo bien hecho es un arte.