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lunes, 11 de mayo de 2009

¿Cuál es el principal defecto del directivo español?

Como en otras ocasiones he hecho, recojo aquí la siguiente pregunta que les hice en mi libro “Who´s Who en el management español” a algunos de los principales especialistas en gobierno de las organizaciones: ¿Cuál es el principal defecto del directivo español? Aquí van las respuestas:

José Aguilar López. Socio–Director de MindValue: “Disponibilidad mal entendida. El empeño generoso por alcanzar los objetivos propuestos va acompañado en ocasiones por el desorden en los horarios, plazos y procesos. También la precipitación y una excesiva confianza en las soluciones intuitivas y en las corazonadas. Esto genera una dinámica que afecta a nuestros círculos próximos: colaboradores, proveedores, clientes… y a la familia”.

Mario Alonso Puig. Top Ten Management Spain: “Ejercer como jefe y no como líder. Muchos directivos han ejercitado durante muchos años labores muy técnicas y ahora al ascender en su carrera profesional, se ven llamados en su nueva labor a dirigir equipos humanos y a inspirar a las personas que forman parte de ellos para que expresen lo mejor que hay en su interior. En esta nueva labor es frecuente que puedan sentirse confusos y desorientados al no haber entrenado y, en consecuencia, desarrollado habilidades claves para ejercer un claro liderazgo”.

Santiago Álvarez de Mon. Profesor IESE Business School: “La primacía de horas de presencia en la oficina sobre la calidad. Además, la impuntualidad; el tiempo es respeto a la otra persona y se convocan reuniones y nadie llega a la hora”.

Eduardo Bueno Campos. Catedrático Economía Empresa UAM: “Escasa cultura en I + D o científica, así como poca experiencia y desarrollo de capacidades para la innovación”.

José Manuel Casado. Socio de Human Performance de Accenture: “Tendencia a creer que las cosas son sólo como él las ve y pensar que los demás están equivocados. En este sentido, lo que los expertos llaman el filtro, las gafas o, como dicen los anglosajones, el frame of reference, es decir, la forma de percibir la realidad, es demasiado rígida y densa”.

Juan Carlos Cubeiro. Director de Eurotalent: “La improvisación. Ser un buen directivo no surge por generación espontánea. Hay que dedicarle tiempo y esfuerzo, y nuestros compatriotas directivos no se preparan adecuadamente, salvo excepciones”.

Nuria Chinchilla. Profesora IESE Business School: “La improvisación, la falta de previsión y de planificación de las cargas de trabajo y cuellos de botella, así como del desarrollo de las habilidades de los empleados. Poco tiempo dedicado a pensar las decisiones y a anticipar sus consecuencias”.

Javier Fernández Aguado. Presidente de MindValue: “Imprevisión. Como contrapeso de esa agilidad, en ocasiones, nuestros directivos no siempre se informan de forma suficiente. Poco a poco, en buena medida gracias a la formación –cada vez mejor y más extendida en el mundo directivo– va disminuyendo esa carencia”.

Salvador García. Profesor de la Universidad de Barcelona: “Muy trabajador”.

Luis Huete. Profesor IESE Business School: “La escasa inversión que hace en su propio desarrollo personal”.

Alfonso Jiménez. Socio PeopleMatters: “La gestión de personas y equipos”.

José María Ortiz. Universidad Francisco de Vitoria: “La falta de empatía, cuando quiere aparentar. De vez en cuando, a nuestros directivos les da por imitar comportamientos que quizás sean adecuados para otras culturas, y se empeñan en poner de manifiesto unas aristas demasiado cercanas a la falta de educación, a las que ni estamos acostumbrados ni tenemos por qué acostumbrarnos. Cuando un directivo español, no se sabe muy bien por qué, decide mostrarse con dureza, casi siempre resulta extremada y grotesca”.

Álex Rovira. Co-autor de "La buena suerte": “La reactividad y la falta de previsión. Aunque por fortuna se está produciendo también un cambio de hábitos y actitudes debido, probablemente, al incremento de la buena formación de los directivos de nuestro país”.

Fernando Trías de Bes. Profesor de ESADE Business School: “Probablemente la falta de planificación. Esto es inherente al carácter español: somos grandes “improvisadores” pero malos “planificadores”. El carácter español es de chispa, no de método. Este carácter se traslada también al estilo de gestión español”.